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Elecciones: un salto sin paracaídas

en Columnistas/Influencers4P por

La búsqueda incesante del peligro hace parte de las situaciones límite que con frecuencia encontramos en la naturaleza humana, no solo en las actitudes individuales sino también en los comportamientos sociales. Pero ¿qué empuja al ser humano a buscar el peligro?

En 2016 el estadounidense Luke Aikins saltó a la fama al convertirse en la primera persona en saltar sin paracaídas desde una altura de 7.620 metros y aterrizar sano y salvo en una red de seguridad de 30 por 30 metros. Para entonces este experimentado paracaidista, había ensayado más de 18.000 saltos, por lo que logró caer en el centro de la red de protección calculada para recibirlo. Y salir ileso. El hecho fue de tal significancia que su caída libre fue transmitida en vivo por televisión, donde alcanzó una velocidad de 193 km/h.

Este hecho que sorprende pone en evidencia la gran capacidad del ser humano de ir contra su propia razón e instinto y buscar el peligro en un gesto de desafío hacia la vida. Y más recientemente de Ecuador de ir contra su estado de derecho, sus libertades y de atentar contra su capacidad de crecer y desarrollarse en democracia.

El hecho que hoy estemos discutiendo si la candidatura de Andrés Arauz, puede ser una alternativa para el país, no es más que la prolongación de ese irracional impulso de buscar el peligro y convivir con él. Que si va primero en las encuestas, que si tiene suficiente ventaja sobre el segundo, que si le alcanza con sus nuevas alianzas con personajes nefastos de la política nacional, son ya detalles de marketing político de su campaña. El hecho real y simple es que un país, que acaba de pasar una debacle democrática y social hace apenas cuatro años, no puede de forma racional justificar volver a escoger esa opción.

La pregunta que respondería, de manera simple pero contundente, es que estamos pagando el precio de la inequidad, de la falta de educación y el vacío de liderazgo de las opciones políticas alineadas con la democracia y las libertades. Eso sin duda. Pero no solo es eso. Pareciera  además que el desencanto que produce la crisis económica y social de la mano de la pandemia invita de forma irremediable al peligro, y, en un gesto de autoengaño, empuja a dar un salto al vacío. Un síntoma de desilusión tan profundo con la realidad política que perdemos de vista el largo plazo, vaciamos la memoria y escogemos creer en la magia de los ofrecimientos sin sustento. Ese es el país que hemos creado a pulso.

La desconexión y ruptura del tejido social de la mano de más de una década de enfrentar al pobre contra el rico, al joven contra el viejo, al negro contra el blanco, al que piensa diferente contra uno. Ese caldo de cultivo sazonado con toda suerte de frustraciones y resentimientos aflora sin remedio en estas elecciones. Pero no ha sido gratis, eso es lo que los actores políticos han permitido que germine estos cuatro años y hechos de la vista gorda haciendo sumas y restas, han mirado hacia un lado y no han luchado por restablecer la democracia en el país. Sin ninguna capacidad de consenso ni ganas de ceder, aparecen sus egos retratados en la papeleta electoral con diez y seis opciones sin haber trabajado ni un solo día por reconstruir un sistema político, un sistema de partidos con credibilidad y una estrategia por reeducar al votante para escoger en función de alternativas políticas serias. Por distintas que sean su base ideológica.

Hoy estamos viendo el resultado de no sentarse a la mesa, de no querer ceder para construir juntos un país tolerante y justo, donde se pueda luchar contra la delincuencia organizada y la corrupción que se ha tomado ya otros países, y evitar en el futuro más asesinatos como el de Efrain Ruales o las amenazas a Dayanna Monroy.

Este domingo, 6.466.855 de hombres y 6.632.295 mujeres debemos a toda costa evitar dar ese salto al vacío. A iniciar ese viaje sin regreso. Porque a diferencia de Luke Aikins no tenemos ninguna red de seguridad esperándonos. Será un aterrizaje con lo único que para una caída inminente: un golpe fatal.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria. 

5 Comments

  1. Muy buen análisis. Debemos evitar dar ese salto al vacío, votando responsablemente por el candidato más opcionado que pueda impedir el regreso del nefasto y corrupto correísmo, por interpuesta persona de un títere inepto. Coincido en que es lamentable que en el Ecuador seamos incapaces de de dialogar para limar asperezas, de unir fuerzas para construir un proyecto común, y, ante una papeleta electoral tan dispersa, el peligro del triunfo del populismo irresponsable es serio. Ojalá la gente recapacite, y nos lancemos al vacío, y sin paracaídas, como usted tan acertadamente lo reseña en su artículo.

  2. Es verdaderamente triste e indignate saber que hay gente asi.

    El hecho de tener a gente que se deja comprar por unos $1000 es claramente un ejemplo de pura codicia solo para creerse luego que son la divina pomada cuando la soberbia de aquellos dejan mucho que desear. Hay un dicho que dijo el rey Solomón alguna vez «Donde hay soberbia hay ignorancia, mas donde hay humildad, habrá sabiduría».

  3. Arauz es un tipo dogmático, servil, corrupto y sinvergüenza, atributos que le han llevado a ser el candidato del correísmo.

    Pero él no va a hundir al nuestro país. Examinemos las razones:

    Primero, el Ecuador ya está hundido, por donde se lo mire. El desempleo es astronómico; el gobierno ni siquiera publica las cifras. El crimen sube a niveles incontenibles. La policía, en lugar de combatir la delincuencia, se dedica a hostigar a conductores, clausurar papelerías y robar mercadería a los comerciantes informales. Las escuelas han estado cerradas durante un año, causando una catástrofe educativa y psicológica. Y a nadie le importa.

    Segundo, en el supuesto no consentido de que Arauz gane las elecciones (ya sea en primera o en segunda vuelta), al día siguiente… todos quienes tenemos dólares retiraremos hasta el último centavo de los bancos para impedir que los correístas se apoderen de nuestro dinero. Los efectos de ese retiro masivo serán devastadores. ¿Quiénes serán los verdaderos culpables?

    Tercero, todo el mundo está en similares condiciones. Protestas violentas; gobiernos que se desploman; golpes de estado. Todo puede pasar.

  4. Vender el país al autoritarismo de los sociolistos del siglo XXI, vender el estado a un grupo de oligarcas políticos por un puesto en el estado, una obra pública o 1000 dólares. La gente que está dispuesta a hacer semejante salto tiene una diferencia con ese sujeto, no tienen ni idea del riesgo, tampoco son gente que tengan interés en ese riesgo por lo que simplemente lo tapan con el dedo para decirse a sí mismos que no va a suceder nada. Tal vez en realidad piensan que nunca van a caer y mientras sigan en el aire más y más se van a convencer de que nada va a pasar.

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