Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿La democracia comienza a funcionar?

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El ambiente post elecciones del 7 febrero está enrarecido. En teoría lo que debía haber pasado es que, a estas alturas, los finalistas se encontraran afinando su campaña para la segunda vuelta y preparando sus estrategias para ir con todo  a disputar la Presidencia el 11 de abril. La realidad es otra. Por azar o por un juego del destino, el empate técnico del segundo lugar ha hecho que se generen dudas acerca de la limpieza del proceso electoral y ha puesto al país entero en ascuas.

Manejar un empate técnico es complicado y siempre constituye el peor escenario porque los contendores políticos se rehúsan a aceptar diferencias que, usualmente, son de fracciones, más aún cuando los resultados oficiales son distintos. Y eso justamente es lo que sucedió.

Discutir la conveniencia o no de que la autoridad electoral difunda los resultados de un conteo rápido ya no viene al caso: es periódico de ayer. En todo caso, lo acontecido en los días posteriores tiene una gran trascendencia porque ha marcado hitos políticos impensados, hace poco más de diez años y, a pesar de que han mantenido ansiosa a la ciudadanía, también van dando luces de esperanza sobre la posibilidad de pactos importantes, de esos que se dan cuando las democracias empiezan a madurar.

La disconformidad de uno de los empatados pareció poner, por un momento, en riesgo la paz y la estabilidad del país por las amenazas de movilizaciones. Pero esa visión fue debilitándose de a poco. Aquí jugó, con gran importancia, la misma ciudadanía que, activada alrededor del mensaje de conciliación, unidad y diálogo, logró presionar de forma efectiva en la voluntad del más beligerante.

Era un hecho que el país no aguantaba otro octubre, pero también es un hecho que el país necesita instituciones que respondan desde la legalidad y con total responsabilidad.

Es verdad que han surgido muchas dudas generadas acerca de la veracidad del conteo de votos y eso ha producido preocupación nacional; más aún cuando se ha llegado a sugerir un reconteo de toda la votación, a pesar de que la norma no lo permite. Pero hay que reconocer que, ante la agitación nacional, las dudas y la conmoción, el CNE resucitó de sus cenizas y actuó con propiedad, instalando un diálogo político entre las partes y además con veeduría internacional calificada.

El encuentro entre los opcionados para el segundo puesto, y con la ciudadanía entera de testigo, ha sido un hecho inédito. No solamente porque la tecnología permitió seguir en tiempo real lo que sucedía sino porque, sin querer, se terminó propiciando un debate de ideas y posiciones que superó, y de largo, los debates organizados con anterioridad en plena campaña.

Sin querer queriendo, los ecuatorianos lograron apreciar la estatura política de los involucrados en su real dimensión: al natural. Quedaron en evidencia fortalezas, virtudes, debilidades y también posiciones recalcitrantes. Hay que decir que ese espacio fue una gran oportunidad para todos de repensar el voto para la segunda vuelta. Por eso, el 12 de febrero triunfó el país. Porque al final se ha logrado un acuerdo político, gracias a la visión democrática de los contrincantes que han llegado a una solución consensuada, con la autoridad de testigo y una veeduría acompañando.

Resta esperar que el proceso siga su curso sin mayores contratiempos. En la otra orilla, el enemigo de todos está descompuesto porque la unidad y el diálogo político no estaban en sus planes. Su castillo de naipes empieza a caer.

Lo importante de toda esta experiencia es que sirve de base para gestar a futuro un gran pacto ético-político entre los diversos actores. Que quien no pase a segunda vuelta se comprometa a trabajar en coalición para lograr un pacto de gobernabilidad.

Si esto es así, quizás estemos a puertas de transitar hacia una mejor y más eficiente forma de gobernabilidad y de que, finalmente, en el Ecuador la democracia empiece a funcionar.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA. 

1 Comment

  1. La oposición de Ecuador lucha por su futuro.El ascenso meteórico de Lenin Moreno y su posterior declive han dejado a los ecuatorianos en una encrucijada. Lo que está en juego es el futuro de un país democrático que alguna vez fue próspero, gracias al boom petrolero, pero donde ahora imperan la pobreza y la desidia de la clase politica que en vez de sumar por acuerdos sensatos dividen al pueblo con propuestas inverosímiles.En las actuales circunstancias calza como anillo al dedo la célebre frase de Winston Churchill:» os ofrezco sangre,sudor y lágrimas» ( blood, toil, tears and sweat) , es decir, nada conseguimos fácil sino con sacrificio y persistencia.

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