Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Acuerdo Lasso-Pérez: el éxito depende del CNE

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El viernes pasado ocurrieron cosas importantes para la democracia en el país. En su reunión en Quito, Guillermo Lasso y Yaku Pérez llegaron a un acuerdo político para efectuar un recuento de votos, cuya legalidad y carácter vinculante (debe haber certezas para los candidatos y para el electorado) corre por cuenta del CNE.

No hay duda de que esta cita fue altamente positiva para los dos presidenciables que se disputan el segundo puesto y también para la democracia del país. Verlos reunidos en un momento tan álgido y en paz; ver a sus seguidores mezclando sus banderas en las afueras del CNE sin la menor señal de agresividad; ver al CNE y a los observadores internacionales asistir como testigos de una negociación que pudiera definir la elección presidencial, no solo envió mensajes al país. También al exterior. Pérez y Lasso marcaron puntos ante los electores; el país ante la opinión internacional.

En horas, muchos relatos y campañas sucias quedaron desarticulados. El primero, fue la propia versión de Pachakutik, cuyos dirigentes, sueltos de huesos, convirtieron la inconsistencia de algunas actas en operativo generalizado de fraude. El CNE, al dar las garantías solicitadas por Yaku Pérez, se stá jugando por la total transparencia del proceso electoral. Lo hace basado, según el consejero Luis Verdesoto, en la convicción íntima de que no hubo fraude. Pérez pidió recuentos en 16 provincias: le concedieron. Tenía dudas sobre la elección en Guayaquil: pues recuento en todo Guayaquil y toda Guayas.
El acuerdo fue diseñado de manera a que los principales interesados y sus seguidores, tengan la certeza -y con ellos el país- de que el proceso electoral fue limpio. Sin embargo, hay mecanismos, como la formas de escoger el 50% de actas que deben ser recontadas, que, al parecer, no quedaron claros. Tampoco quedó claro que si hay acuerdo y si hay voluntad expresa del CNE de operativizarlo, ningún candidato debe recurrir a la calle para tratar de presionar resultados favorables en ningún sentido. Es absurdo pretender que las urnas digan otra cosa que aquello que consignaron los electores el domingo pasado. Y que será revisado.

Un acuerdo político, como el que se dio entre Lasso y Pérez, frente a la opinión nacional y los observadores internacionales, necesita un fuerte liderazgo por parte del Consejo Nacional Electoral. No puede haber ambigüedad de parte de sus miembros como el demostrado por Diana Atamaint en un tuit viabilizando una propuesta de Yaku Pérez sin haber consultado a los demás miembros del CNE.

Esa actitud (que ella misma censuró al retirar su tuit) generó desconfianza en la candidatura de Lasso. A su vez, el candidato de CREO cometió un error de comunicación política al opinar sobre las nueve provincias que Pérez agregó a las 7 iniciales y en las cuales ganó. Que a Lasso no le parezca juicioso ese pedido, es su derecho. Pero consignarlo en una carta al CNE produjo la impresión desgraciada de que quería revisar el acuerdo. Esta tarde rectificó. Pérez por su lado, no ha tomado distancia del llamado de la Ecuarunari a movilizaciones ante el supuesto “resquebrajamiento del acuerdo político electoral, anunciado por Guillermo Lasso”.

No hay tal. Y si lo hubiera, hay mecanismos en el acuerdo, hay responsables legales, hay veedores que deben hacer su trabajo. No cabe meter al país en marchas, movilizaciones y vigilias pretendiendo crear presiones callejeras y barullos ante las delegaciones provinciales. Yaku Pérez ni nadie puede pretender que la presión callejera reemplace los mecanismos democráticos y electorales previstos en la ley para el recuento de votos. Eso es lo serio. Los berrinches o acciones paralelas, además de complicar este proceso, puede sumar violencia, desestabilización y pérdida de tiempo.

El CNE debe consultar pero decidir. El CNE es la autoridad máxima y tiene un acuerdo marco que debe operativizar; no es el brazo ejecutor de la voluntad de los candidatos. El CNE no es un invitado: debe anunciar el conteo de la primera vuelta, marcar el ritmo de este recuento, anunciar los mecanismos, zanjar las condiciones y presentar un cronograma pues, lamentablemente para aquellos que quieren hacer show, hay una fecha tope que no puede ser superada: el 11 de abril. Si ese día los electores se dan cita en las urnas, el país debe conocer con suficiente antelación al segundo finalista (sea quien sea), ese candidato tiene que tener tiempo para hacer la campaña y el CNE también necesita hacer las papeletas. No hay cómo estirar los tiempos como si se tratase de un chicle.

Se trata de atender a los candidatos y de cuidar la democracia: esa es la tarea indelegable del CNE en este momento. Tiene que ejercer imparcialidad y autoridad. De lo contrario, habrá caos.

Foto: CNE.

3 Comments

  1. Así es , el CNE debe actuar con máxima responsabilidad , algo que lamentablemente no ha ocurrido en el país con este importante Organismo en los últimos años , y garantizar elecciones transparentes y la plena vigencia de la Democracia . Y a los candidatos Pérez y Lasso : si ya llegaron a un acuerdo importante , que fue avalado por el CNE y observadores Internacionales y mucho mas importante por todo el país , no emitan declaraciones o envíen documentos , que pueden arruinar todo lo hasta aquí alcanzado .

  2. En comentario anterior se adjuntó un archivo equivocado llamado El Origen. Me gustaría remitir la versión correcta. ¿A qué correo puedo hacerlo? Muchas gracias. Saludos

  3. El origen

    Por Heytel Moreno Terán

    No me refiero a la novela de Dan Brown, tampoco a la película de DiCaprio, ni al origen del universo y menos al origen de la humanidad. Me refiero a esa capacidad de retroceder en el tiempo para encontrar la verdad que ocasionalmente buscamos para entender determinadas situaciones. Me refiero a la primera premisa que, en palabras de Thomas Hobbes, debe servirnos para llegar a una conclusión racional que nos permita tener la sensación de obrar con un permanente baño de verdad. Para llegar a una conclusión verdadera, las premisas que la precedieron deben tener una importante dosis de verdad. Si una de las premisas es falsa, la conclusión no es falsa, es simplemente absurda.

    Dejando de lado al candidato que desde el día de las elecciones aseguró su boleto a segunda vuelta electoral, la ciudadanía se plantea interrogantes respecto al candidato que debe acompañarlo en las elecciones venideras. Otra inquietud, y quizás más importante de cara a la elección que definirá al primer mandatario del país, es saber cuál de los candidatos fue el más beneficiado con el denominado “voto útil”. De los candidatos que pelearon su entrada a segunda vuelta, uno de ellos llegó con un “voto duro” que es el voto fiel de sus seguidores; mientras el otro, no llegó con votantes convencidos, sino por quienes le dieron el voto por la presión que ejerció el “voto útil” como resultado de una audaz estrategia de campaña, en que encuestadoras tuvieron un rol sustancial.

    Es entendible que se sientan engañados aquellos ciudadanos que le dieron su voto útil a este último candidato. De haber sabido la verdad sobre su ubicación, muy probablemente le daban el voto útil a otra lista. Siendo objetivos, el candidato que una semana después de las elecciones peleaba el pase a segunda vuelta, realmente debió estar en quinto o cuarto lugar con su voto duro. Hoy vemos que jamás tuvo mayor intención de voto, pero de alguna forma logró que encuestadoras digan que estaba en primer o segundo lugar. Gracias al voto útil hoy no está retirado de la política y nos está contando una historia de triunfo; victoria que realmente resulta del voto en contra de alguien, cuya mayoría es la que se impuso en las urnas. Hecho último que no difiere de lo que sucede en el mundo entero, ya que en las democracias actuales es más fácil unir a personas en contra de alguien que a favor de la tesis de un candidato.

    Si no analizamos el contexto propio de una campaña política, podemos sentirnos engañados y/o manipulados. Incluso nos parecería que es cuestión de pagar a encuestadoras y a personajes conocidos para que digan que el candidato gana en primera vuelta, con la finalidad de envolver a la ciudadanía para que lo catapulten de un cuarto o quinto lugar al segundo puesto, pero es más complejo de lo que parece. Realmente es un tema de estrategia, de pura y dura estrategia, en el que se calcula las consecuencias de acciones y omisiones propias y de terceros. Los recientes resultados electorales, no deberían limitarse a una simple sensación de mentira o engaño.

    No me cabe duda alguna de que planificaron y redactaron la estrategia. Esto no es algo que simplemente se le ocurre a alguien y lo guarda en su mente, debe escribirse. La estrategia es esa hoja de ruta a la que deben someterse y que, desde que inicia hasta que termina la campaña, proyecta cada una de las acciones del candidato. En grandes ligas, la meta es imponer al futuro gobernante, sea por las nobles razones que tenga el candidato o por los métodos de su consultor político. Y, como todo debe ser medido, es necesario que se establezca las normas de esa medición. Por lo tanto, si algo sabía ese candidato con su equipo de campaña, era la necesidad que tenía de crear un espejismo como virtual ganador de las elecciones para inducir a la ciudadanía a que voten por él, lo que no explotaron otros candidatos.

    Podrían decir que el candidato se olvidó que la meta común era vencer al narcoestado y que, si se trataba de “hacer patria”, todos -incluido él- debíamos impulsar el voto útil a favor de quien realmente lo necesitaba, pero eligió presentar un farol buscando beneficiarse de ese voto para entrar en la pelea. Sin embargo, debemos reconocer que hay mucha habilidad, destreza y audacia en la estrategia ejecutada. Esa es la fuente de lo que hoy vemos, es el verdadero origen que debemos entender por encima de cualquier sentimiento. Nos guste o no, la política se resume en el uso de astucia y engaños para alcanzar objetivos. Otra cosa muy distinta es que una misma acción parecerá brillante o aterradora según la reputación de quien la realiza.

    El candidato beneficiado con el voto útil deberá continuar con una mochila muy pesada sobre su espalda. No será fácil avanzar políticamente con un porcentaje tan bajo de voto duro. Sería saludable que reconozca su estrategia y no pretenda asumir que todos sus votos son de votantes convencidos, y que a partir de ello nos una alrededor de una causa común, que no es otra que el Ecuador que queremos.

    Finalmente, con humildad o no, su éxito o fracaso será el de todos. En cualquier caso, no hay que perder el norte y recordar que es mejor ganar corazones que ciudades; y, nunca olvidar que “el resumen de todas las máximas y reglas morales, puede reducirse a una sola: la verdad”. En fin, mientras unos buscamos el origen de las cosas para tratar de entender ciertas acciones, otros buscan gobernar, aunque tengan que aplicar la premisa de El Príncipe de Maquiavelo que les enseña que el fin justifica los medios.

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