Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿A dónde vas Ecuador?

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Cuando finalizó el 2020, muchos respiraron aliviados con la esperanza de que la venida de un nuevo año traería el término de muchos males. La pandemia golpeó a todo el mundo y sus estragos han sido tan fuertes, a todo nivel, que la venida de un nuevo año fue vista, por momentos, como la posibilidad de nuevos comienzos y soluciones.

En el ámbito político, las elecciones se avizoraban como una oportunidad para enterrar, de una vez, prácticas de violencia, corrupción y atropello. Se pensó que, más allá de las tensiones propias de una contienda electoral, el proceso transcurriría tranquilo y finalizaría sin mucho contratiempo. Sin embargo, la inconformidad y el fantasma del fraude han manchado las elecciones y los actores políticos rezagados anuncian, desde ya, su negativa a unirse y contribuir a mantener la democracia. No se sabe si se estarán dando cuenta de que, de esa forma, dan un golpe mortal a la posibilidad de llegar a un acuerdo de gobernabilidad que permita a parar este país herido de corrupción y desafuero. Estarán primeritos, eso sí, en la fila para pedir apoyo a su gestión en la Asamblea, cuando están demostrando su incapacidad absoluta a mirar por fuera de sus propios intereses.

En términos de salud, se pensó que el 2021 permitiría tener las ansiadas vacunas a tiempo y que los primeros beneficiados serían aquellos que vienen exponiendo sus vidas para salvar a los demás: los funcionarios de salud de primera línea. ¡Cuán equivocados! Ha primado el privilegio de unos pocos por sobre la necesidad colectiva; es decir, sucedió lo de siempre: aquellos que se creen indispensables y mejores que el resto, han sido los primeros en beneficiarse pasando por encima de todos los demás.

Como si fuera poco, a poco más de un mes de la segunda vuelta, la polarización se ha apoderado de la ciudadanía. A tal punto que se debate a muerte en las redes sociales con manifestaciones y comentarios cada vez más violentos, haciendo gala de su poca intención de escuchar, reflexionar, y conversar. La palabra diálogo, que tanto preconizaron líderes de opinión de distintas tendencias, es ridiculizado por ellos mismos y es casi una mala palabra. Así, ¿cómo lograr acuerdos mínimos sin despojarse de los prejuicios? Las redes sociales están contaminadas y hay en ellas pontífices, santos, santas y seres perfectos a quienes nada calza: se han vuelto  exquisitos en sus exigencias en todo nivel, ¡ay de aquel que se atreva a sugerir siquiera un poco de conversación racional! El éxito de sus activismo está siendo valorado no por la profundidad de sus contenidos sino por el número de likes que reciben. Al fin y al cabo parece que lo cool es ser tendencia -¿no?-, aunque el país se hunda.

Otra historia constituye los hechos ocurridos en las cárceles. Aportan con más desconcierto y, nuevamente, en las redes sociales se ve la banalización del debate en torno a la masacre vivida. Ha desaparecido la reflexión obligada que debería hacerse en torno a que, más allá de lo sanguinario de los ajusticiamientos en los centros de detención, es obvio que el Estado está fallando al no tener una política carcelaria responsable que, al tiempo que busca el cumplimiento de penas, también debe buscar la rehabilitación. En esa línea, ni el hacinamiento ni la corrupción institucional ayudan a cumplir esos objetivos y agudiza, más bien, los problemas convirtiendo esos lugares en oficinas privadas del crimen organizado. Ese es el debate que debe estar en la sociedad, no la viralización morbosa de los videos de los hechos.

Van sólo dos meses del 2021 y parecen 60 días bajo el agua. Es un hecho que algo se está haciendo mal como sociedad, como Estado, como políticos. Todos tenemos responsabilidad. Conviene hacerse cargo de lo que se está gestando, pues parece que la ley de la selva está imperando.

Ecuador está a puertas de elegir su destino. Su situación pide de los ciudadanos ya no solo responsabilidad al momento de elegir sino también madurez en la opinión, generosidad con el que piensa distinto, apertura para escuchar. Si se sigue esperando que el twitter arroje el personaje perfecto, la situación ideal y que cumplan los sueños virtuales, se perderá la oportunidad de salvar al país. Asumir un nueva actitud es de valientes y, si no se hace, se corre el peligro de perder al Ecuador para siempre.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA. 

5 Comments

  1. El futuro del Ecuador está condenado a soportar el peso de la inmadurez colectiva, que deja de lado temas realmente importantes como la estabilidad económica, el reconocimiento social y cultural, y, sobretodo una escala de valores que está rezagada en el primer peldaño, a punto de caer, de desaparecer.
    El futuro del Ecuador está condenado al incremento de la inseguridad, donde las mafias encuentran el asidero perfecto para continuar en sus desmanes, a vista y paciencia de autoridades improvisadas que sólo responden a cuotas políticas.
    Está condenado a permanecer en ese letargo incomprensible, que motiva la tibia esperanza de que algo vendrá, mientras los causantes de la miseria humana tienen los equipajes llenos de errores, listos a salir sin mirar la destrucción que dejan por sus incompetencias.
    Un futuro opaco, trizado que requiere y depende de un cambio rápido y comprometido para limpiar la opacidad y para unir los destrozos.

  2. Lo más desesperante es la pereza intelectual de las élites, que se contentan con repetir que la dolarización nos salvará….

    ¿Nos salvará de qué?

    Se resisten a ver la catástrofe nacional.

  3. Ecuador ya está perdido. La creación asquerosa de Correa, corrupción por doquier, la continuación de Moreno, un verdadero tonto útil e inepto, totalmente intrascendente, y pandemia han configurado el macabro tiempo que vivimos

    • Primera vez que leo un comentario objetivo, es tiempo de decir en voz alta, los políticos están inanimados en un letargo sin acción, violencia, falta de ética, corrupción a gran escala, una justicia que no funciona, medios de comunicación que miran hacia otro lado y desinforman, el país se cae a pedazos y nadie hace nada.

  4. Ecuador es la próxima Argentina, Bolivia o incluso Venezuela pues se siente orgullosa de que algún indicador social o económico le salió bien por poco tiempo, califican a la decadencia como éxito y a la miseria como esperanza. Mientras, critican y mandan a destruir países como Chile que fueron increíbles por casi 40 años en casi todo, a eso le llaman fracaso y un sistema injusto. Realmente esto solo es el resultado de ser como somos, nunca va a cambiar. Latinoamérica es una región muy hermosa pero maldita, como la viuda negra. Esta es una dinámica del novio abusador, seguimos soportando pensando que va a cambiar. Si no vamos a mejorar, al menos que esto no termine siendo la nueva Yugoslavia.

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