Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El ministro Zevallos no podía ser la excepción

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La renuncia del ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, es uno de los últimos capítulos del gobierno de Lenín Moreno. Capítulo irremediablemente aciago. Zevallos se fue del gobierno, y del país, sin entender por qué fue arrastrado en redes sociales. No comprendió que, al margen de sus errores, su caso hace parte -y quizá condensa- tres de las características de Moreno en sus cuatro años: falta de norte, penuria política y pésima comunicación. Con esos ingredientes, no hay cómo sorprenderse de que se hable de vacío de poder o de un gobierno que se fue sin avisar. Hoy la gestión de Moreno, con menos del 5% de popularidad, es vista como un manojo de miserias políticas. No de otra forma se puede calificar lo que pasa en las cárceles o el desatino de vacunar a algunos de sus amigos.

Moreno se irá como llegó: como un equívoco histórico. Un político enigmático que se ha movido con naturalidad impertérrita en terrenos absolutamente contradictorios. Fue amigo de Correa y fan suyo, como su contradictor y enemigo. Se separó de él, pero mantuvo gente suya, e incluso políticas absurdas en los campos económico e internacional, durante parte de su gobierno.

¿Moreno fue rehén de las circunstancias políticas o un presidente que usó el cargo para pagar favores políticos y personales inconfesables? ¿Por qué, por ejemplo, llevó a la segunda magistratura a alguien tan indeseable como María Alejandra Vicuña? ¿Por qué entregó, y hasta hoy lo hace, parte del poder a Santiago Cuesta? ¿Por qué se alió con el socialcristianismo, aunque ese partido le dio menos apoyo legislativo que CREO, sin cuyos votos no hubiera podido firmar el acuerdo con el FMI que ha dado viabilidad financiera al país?

De él se dijo que era sagaz y que desde su silla mueve sus fichas como avezado jugador de ajedrez. No obstante, su gobierno no tuvo ningún derrotero. Debía ser un gobierno de transición y desde el comienzo anunciar que no tendría ninguna expectativa política para el 2021. No lo hizo. Tras su logro de romper con el correísmo, desperdició todo el capital político. Moreno hizo promesas, como la lucha contra la corrupción, que nunca cumplió. Ambiguo, doble lenguaje, doble gobierno: uno con María Paula Romo; otro, en la sombra, con Santiago Cuesta. Moreno no sacó partido a su debilidad política: sobrevivió porque pocos en el país (salvo Leonidas Iza y Jaime Vargas) quisieron acompañar al correísmo en sus tentativas golpistas.

Enigmático, sin norte, sin una estrategia política (a menos que la ambivalencia y la indefinición cumplan esa función), Moreno nunca supo qué comunicar. Todavía se recuerda cómo sus estrategas, convencidos de que él no debía hablar de política, lo pusieron a decir cualquier cosa los lunes en mensajes surrealistas. Moreno nunca explicó la herencia correísta.

Explicarla, no evocarla. Desentrañarla, descomponerla, mostrar sus efectos, medir sus costos. Moreno no fue el pedagogo que el país necesitaba para conocer la hondura de la crisis dejada por Correa, el volumen de la deuda externa, la necesidad imperiosa e irrevocable de llegar a acuerdos sobre lo fundamental para encarar cuatro pandemias: la fiscal, la sanitaria, la institucional y la moral.

En forma inexplicable, Moreno y sus estrategas se dedicaron a promocionar planes sociales (que debían asumir los ministerios involucrados) para enaltecer su imagen y la de su esposa. ¿Resultado?: un país sin norte, sin gestión gubernamental (con contadas excepciones) y sin liderazgo. ¿Cómo, en esa circunstancia, podía ser exitosa la comunicación del gobierno? Su fracaso es incontestable hasta hoy.

Juan Carlos Zevallos no podía ser la excepción. Su gestión contra el coronavirus fue polémica; agravada por una realidad: no hay vacunas. Y la noticia de las que llegaron se estrelló contra dos realidades. Su número fue ridículamente pequeño comparado con el anhelo colectivo de ser vacunado, y las dosis fueron aplicadas con lista de recomendados. Si Zevallos no hizo esas listas, como dijo, tampoco las desaprobó. Y en esas listas se nota la mano del Ejecutivo. Para pagar favores o comprar buena opinión ahora que se acerca el momento de dejar el poder. Solo Lenín Moreno sabe.

Foto: El Universo.

9 Comments

  1. Lo aplaudieron a rabiar, dijeron que era un político astuto y prodigioso que había logrado sepultar la pesadilla del correísmo; a muchos apenas les faltó abogar por proponer la edificación de monumentos a tanta “inteligencia” y “capacidad estratégica” de Moreno y sus adláteres. Se obnubilaron en las apariencias y logros epidérmicos y se alegraron por las negociaciones y participaciones que alcanzaron para disfrutar de lo que recuperaron aunque era notorio que los correístas se agazaparon y siguieron encaramados en el Estado, aunque en las funciones secundarias, pero manteniendo latentes las opciones del retorno que era, como decían sin empacho, cuestión de tiempo. Ahora volvemos a la realidad que no quisieron ver y, parece corearse junto a esa mafia fétida, grosera y vulgar, que este es el “peor gobierno de la historia”. Una pena que la miopía y el afán por los negocios, nos tenga atrapados por las organizaciones criminales y sus expresiones políticas.

    • Usted pasa por alto algunos detalles. Que Correa esté sentenciado y prófugo. Que Glas esté preso. Que hay otros delincuentes huidos. Etc. Que Moreno, tras haberse separado de Correa, no haya dado la talla, es un tema. Pero que no haya sido funcional del todo a la tarea de títere que tenía Correa prevista para él, es otro tema. Detalles don Rubén.

  2. Cualquier persona llámese : doctor , médico, economista,experto en lo que sea y acepta un cargo público de relevancia no va a decir que no es pólitico, entonces que es: UN FARSANTE ? Estamos cansados de estas tristes historias.El Dr Zevallos,como decimos en el argot popular,
    nos vió «las huevas».

  3. Dr. Hernández: su artículo refleja una desastrosa realidad en la que que vivísimos lacayos como el inefable Santiago Cuesta, la delincuente Vicuña y muchos otros en el gobierno de Moreno socaparon para simplemente sacar tajada de su posición y se aprovecharon de la aparente bobería, ingenuidad del Lcdo. Cuántico. Pero no señor, los ciudadanos de bien estamos seguros de que Moreno es mucho más que el tonto útil que aparenta ser, es simplemente otro ser maligno que termino de hundir al país, y que su distanciamiento del más corrupto de los presidentes que ha tenido el Ecuador en toda su vida republicana, no es sino una cortina de humo para tapar el atraco del cual Moreno también se alzó con miles de millones de dólares que debe tener a buen recaudo en algún paraíso fiscal. Su familia ya no esta en el país, ya se fugaron y muy pronto va a ocurrir lo mismo con el cuántico Moreno, el cual después de Correa es una de las peores desgracias que le pudo haber haber pasado a nuestro pobre Ecuador.

  4. Frase célebre: «Si ustedes se hacen los tontos yo me hago el pendejo». Y así seremos felices, ¿no es cierto? Lo que no se sabe es sí seríamos todos.

  5. Señor Hernández, pienso que se queda corto en este análisis, Moreno y su presidencia da para hablar largo especialmente en lo ético.

  6. Excelente!! análisis Doctor Hernández.

    Pero, en VERDAD, Usted cree que, se deslindó de su gran amigo prófugo de Bélgica el Tirano GADAFI??…., yo pienso que no!!, ellos siguen, a escondidas… son grandes socios.

    Moreno, supino farsante, merece, pero en este momento, su nominación por lo menos a un Nobel, el de la Paz, ya que, el Nobel de Física, le queda corto; o tal vez, el Nobel de Economía, junto con su pana…, y de corazón se lo merecen!.

    Y a los famosos presidenciables, todos los premios, PULITZER, MIGUEL DE CERVANTES, PLANETA, MEDALLA FIELDS, PRíNCIPE DE ASTURIAS, …

    Lástima de país, seguiremos, en el S U B D E S A RR O LL O…, Ecuador un estado fallido.

  7. Juan Carlos Zeballos se hizo cargo del Ministerio de Salud en el momento de la peor crisis sanitaria del Ecuador. Un ministerio sin recursos, desprestigiado, destrozado institucionalmente, entrampado en el papeleo, plagado de corrupción, lleno de correístas.

    Le tocó asumir la responsabilidad ajena del desastre de Guayaquil. Luego, pese a todas las limitaciones, logró establecer una respuesta más efectiva en el resto del país. Junto con el vicepresidente Otto Sonnelholzner consiguió recursos internacionales, depuró los hospitales, coordinó con los gobiernos locales. Durante su gestión, los hospitales del Ecuador NUNCA se desbordaron.

    Pero no logró hacer cambios importantes al sistema de salud pública del país. En un año, el Ecuador continuó sin tener datos confiables de COVID. No fue posible conseguir suficientes pruebas, ni hacer «contact tracing». Por lo tanto, el Ecuador permanece a ciegas acerca de la evolución de la pandemia.

    Zeballos es médico y académico. No es político, ni líder social, ni gerente. No tiene dotes de comunicador. No responde a un partido político ni a grupos de interés. Entró al ministerio sin tener un equipo de gente con el cual trabajar. Llegó solo, y se fue solo.

    Hasta donde se sabe, la gestión de Zeballos ha sido limpia. No ha habido reparto de hospitales, ni sobreprecios en las compras públicas. Pero se le recordará por haber vacunado a su mamá.

    Pobre país.

    • Zevallos vacuno a su mama, a otros amigos y más allegados. ¿Es eso ético de un disque profesional de la salud cuando el mismo muy bien conoce de los peligros que corren los médicos y enfermeros que están en primera línea poniendo el pecho a las balas? No señor, Zevallos también actuó mal cuando no tenía por que hacerlo si aparentemente estaba haciendo bien las cosas, y cuando una persona hace cosas chuecas todo lo bueno lo borra con el codo y merece repudio y castigo. Es lo mismo que implanto el inefable Correa: ….los ladrones pueden robar hasta $600 y no tiene por qué ser castigados….. Nada mas falso que esto y señor para su conocimiento, un robo es un robo así sea una aguja.

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