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Ecuador: ¿hay futuro detrás de la crisis?

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Es conocido que las crisis sacan lo peor y lo mejor de cada persona. Una máxima que rige tanto en el campo individual como social. Durante el siglo veinte las guerras que devastaron Europa también gatillaron el proceso que la llevó a ser el próspero bloque comercial que engloba a las naciones más desarrolladas del mundo.

Existen múltiples ejemplos de cómo las crisis personales, de muchos individuos, han sido precisamente la semilla de la superación, la innovación y del cambio. Tal y como muchos autores lo señalan, en textos de autoayuda algo edulcorados, los fracasos son necesarios y solo hacen parte del camino hacia el éxito.

Pero para intentar sacar lo mejor de cada persona y de la sociedad ecuatoriana, se debe primero entender de cuál fracaso y de cuál crisis se trata, y  entonces abordar sin miedos ni complejos la naturaleza de la misma.

Se debe comprender la historia sin perder la memoria, para descubrir el común denominador que habita en el interior de todas las crisis. Porque, al parecer, sin entender contra qué se lucha  y cuál es el enemigo, no hay oportunidad de trazar una estrategia efectiva.

La inequidad, la pobreza, la estigmatización, desconfianza y las continuas crisis de liderazgos que pasamos año tras año, y década tras década, y que persisten con bonanza y sin bonanza son solo las consecuencias. Y entrampados, se llama causas a las consecuencias cuando, en realidad, la causa parece más simple y más fácil de identificar. Y que una vez identificada obliga a todos a actuar. No se niega la multi-causalidad de las crisis, pero los procesos de síntesis son necesarios para abrir una puerta a la comprensión. Se empieza por algo porque siempre hay una causa más significativa.

Si se acordara, por ejemplo, que la causa es la falta de identidad y empatía social, producto de la profunda desconfianza que reina y ha reinado entre todos los estratos y segmentos  sociales desde la fundación del Estado ecuatoriano, se pudiera quizás pensar que la respuesta que se necesita está en tejer nuevas relaciones basadas en la solidaridad. Algo que ninguna política social ni norma puede obligar a los hombres o mujeres a sentir por el otro. Se entendería que la solidaridad no se logra con imposición de leyes ni con la desgastada lucha de clases, sino con profundo reconocimiento de la humanidad que habita en todos.

Si las noticias e imágenes del reciente motín carcelario no hablan de una gran guerra, de una gran tragedia y no tocaron fibras y removieron la esencia de seres dignos que habita en todos, es que se vive con los ojos cerrados. Si las noticias de la violación sistemática a niñas en Puerto Quito no hablan de la urgencia de protegerlas de forma más efectiva para darles el país que merecen, se tiene tapados los oídos frente al ruido ensordecedor de la injusticia que retumba en el tímpano de la ética individual y colectiva. Si seguir en la pelea de quien ganó las elecciones y por qué, cuando las urgencias devoran al Ecuador -en lugar de aprovechar la oportunidad para erigirse en un gran líder y en un gran elector para guiar al país hacia el futuro- es que falta la visión que acompaña a los grandes momentos de la historia.

Las crisis siempre ponen a prueba y avisan que el momento ha llegado. Ese momento ha tocado a muchos en la historia de la humanidad para evitar seguir siendo cómplices de la normalización de la barbarie que ocurre en silencio, en nuestras mentes y corazones, y que invade luego todos los estamentos de la sociedad. Este momento llama a un cambio radical.

El país está sumido en una crisis económica profunda, en una crisis institucional y  política, sumada a la descomposición del tejido social, con  enfrentamientos, sectarismo y radicalización de posturas que surgen en todo momento de la vida pública o privada. Existe la opción de aprovechar la crisis para dar un giro y hacer historia. Como decía Winston Churchill:  “nunca hay que desperdiciar una buena crisis.”

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria. 

2 Comments

  1. Simplemente maravillosas,profundas y oportunas reflexiones. Y que dicen quienes quedan para la segunda vuelta.
    Es que no saben leer h estar a la altura de las circunstancias históricas.

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