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Lula libre, ¿Lula presidente?

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Un juez del máximo tribunal de Brasil ha decidido el día de ayer anular todas las condenas en contra del ex presidente del país más grande de América del Sur.

Lo que indica el juez Luiz Edson Fachin en su fallo es que la Corte de la ciudad de Curitiba, que sentenció a Lula en dos ocasiones por corrupción y lavado de dinero, no tenía la jurisdicción para enjuiciarlo, y remitirá los casos a un Tribunal Federal.

Según estas sentencias previas, Lula habría recibido sobornos “indirectos” por parte de empresas (entre ellas Odebrecht) que querían asegurarse los contratos públicos con la petrolera Petrobras. La operación era la siguiente: las compañías adquirían inmuebles, los remodelaban a gusto del exmandatario, quien las usaba ejerciendo de dueño, sin embargo éstas nunca constaron a su nombre pues no se producía en su favor la transferencia de dominio. La primera propiedad utilizada por Lula bajo este esquema era un lujoso departamento en una playa al sur de Sao Paolo y el otro una finca en el interior de ese mismo Estado.

Y si bien el lío procesal detonado no implica que Lula haya sido declarado inocente o que hayan cometido un error al condenarle, en la práctica podría resultar que esta decisión garantiza su impunidad, pues ya estarían prescritas las acciones necesarias para iniciar nuevamente el proceso.

Por tanto, no es que Lula no cometió los delitos, sino que los jueces se arrogaron una competencia que no tenían y eso causó una nulidad procesal por la cual, aunque hallado culpable, no tienen ningún efecto esas sentencias que le daban en suma más de 20 años de prisión.

Esta falla en el sistema de justicia devuelve al expresidente sus derechos políticos y tendría posibilidad de intentar nuevamente ganar las elecciones en 2022.

La pregunta es: ¿cómo el pueblo brasilero podría volver a votar por alguien que se confirmó era el líder de una banda criminal que durante sus años de presidencia se dedicó a la extorsión? ¿Cómo podría seguir siendo popular el líder de una operación de corrupción internacional tan extendida que provocó 1450 órdenes de allanamiento, 132 órdenes de prisión preventiva y 163 de arresto temporal?

La respuesta está en el hecho de que la ilegalidad está tan generalizada en ese país, la falta de ética tan enraizada que la población omite el comportamiento debido del candidato al momento de escoger su favorito. Son los ciudadanos los que deberían castigar en las urnas, si no lo logran los tribunales, a delincuentes que les utilizan, toman los bienes generales para su propio provecho, malgastan los escasos recursos públicos en un país con tanta necesidad…

Con este caso se demuestra que no es la justicia la herramienta para controlar un problema cuando está generalizado. Se trata de evitar la corrupción, no de castigarla pues resulta ineficiente e ineficaz.

Un gobierno jamás tendrá interés en vigilarse a sí mismo. El círculo se rompe cuando los ciudadanos reclaman el cumplimiento de las reglas, del juego limpio, del respeto.

Bárbara Terán es abogada y catedrática universitaria. 

1 Comment

  1. Toda Latinoamérica no tiene salvación, ya parece que vivimos en el Titanic. Solo hay que ver cómo se felicita y se promueve delincuentes en Ecuador, Argentina, Bolivia y Brasil mientras se golpea gobiernos legítimos como en Chile. Solo hay que ver cómo un país próspero por 40 años como Chile es golpeado y vendido a las organizaciones sociales que con cara dura dicen que es un «claro ejemplo de fracaso, injusticia y desigualdad» mientras que Bolivia se vende como un ejemplo de éxito siendo un país pobre y corrupto. Lula ha de volver a luchar por la presidencia en 2022 y si no gana al menos va a tener tremenda popularidad.

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