Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La campaña pone la verdad en cuarentena

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Si algo queda claro de esta época es que las campañas políticas ponen a prueba la capacidad de los ciudadanos de extraer la verdad de los contextos discursivos de sus elaborados libretos. En especial cuando se trata de ciudadanos comunes y sin filiación. Lo que supone esfuerzos adicionales para entender objetivamente qué hay detrás de cada candidato. ¿Qué proponen?,  ¿qué dicen y qué no dicen?; y, ¿con qué se queda uno al final? Y ver si luego de las explicaciones  alcanza a los votantes para tomar una decisión.

En esta campaña electoral en el Ecuador nada ha resultado más maltratado que la verdad como concepto.  Se ha visto la negación del pasado y del presente, desviando la atención hacia el futuro con frases y cachiporra en mano para alentar a las masas. Se ha hecho una finta al mejor estilo futbolístico a las responsabildades políticas e ideológicas por la implantación de un modelo que ha fracasado en varios países y tiene al país en una severa crisis, agravada por la pandemia. Sin embargo, la negación y el consecuente desvío de atención a menudo surte efecto momentáneo y logra distraer de los verdaderos problemas. Esa es la apuesta. Ahí van los mil dólares. Pero no siempre la finta dura lo suficiente o el desvío de atención alcanza para cautivar a todos los votantes.

Eso parece haber sucedido en esta segunda vuelta electoral. Parece haberse recompuesto esa delgada línea roja que separa la verdad de la propaganda.  Propaganda que acostumbró al país a dar por  verdad una idea repetida varias veces, y peor aún, a la falta de pudor con que esta se repetía.

Hoy la sociedad se enfrenta a un dilema de selección complejo. Volver a otorgar a los hechos el valor racional y probatorio que tienen, o seguir cerrando los ojos y permanecer entre el limbo de los signos y significaciones del discurso, aceptando lo que convenga creer, o resulte más cómodo al autoengaño.

Varios casos estos días destacan la capacidad probatoria de los hechos.   Las declaraciones del candidato Arauz frente a documentos sobre su vinculación al Banco Central hasta el año pasado, lo que deja sin piso su leitmotiv de ser enemigo del “peor gobierno de la historia”.  O el del Alcalde de Quito, de “no meter las manos al fuego por nadie” ni por su hijo quien hacía y deshacía en el Municipio, -cuya evidencia ha circulado ampliamente- y hoy se encuentra prófugo.

¿Se puede negar la evidencia tantas veces, que ésta desaparezca? No. Se puede minimizar su significado y contenido y tratar de culpar a sus rivales por ello. Pero aún así, no desaparece. Será cuestión de tiempo.

Esto, a pesar de que la postmodernidad brinda como nunca, la capacidad de fabricar verdades y convertirlas en un juego de poder basado en la perspectiva de las cosas. La verdad y el poder son inseparables y quedan ligados circularmente a quien los produce y mantiene. Y a los efectos de ese poder que induce la verdad y la acompaña al menos por un tiempo.

Pero es posible romper la maldición. Se requiere hacer preguntas incómodas. Y en el caso de las elecciones, preguntas incómodas a los dos candidatos por igual. El factor determinante será la duda, pues optaremos por creer a quien aminore su nivel. No a quien nos brinde la certeza, puesto que ésta es casi imposible de alcanzar en un sistema político donde se tuesta granizo.

Además nadie puede predecir el futuro. Como el futuro de la dolarización, por ejemplo. Pero se puede ver la lógica  y los hechos que manejan los candidatos al respecto. Como la “cuarentena de dólares”, que propone Arauz  entre otras medidas que tomaría y que pone en riesgo la misma dolarización.

Guiarnos por la duda, es lo único que podemos hacer cuando no hay certeza. Nadie puede aspirar a ella por ahora. La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad, como decía Sir Francis Bacon. Hoy solo nos queda dudar de quienes hablan de cuarentena, pero no solo de dólares si no de la cuarentena a la que someterán a la verdad si es que llegan al poder.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria.

1 Comment

  1. Ecuador en su peor momento.
    Los ecuatorianos estamos cansados del sistema político, dominado por el Partido de Correa. Sin una sociedad civil organizada y una oposición unida, será más difícil reemplazar a un partido que ha fallado en escuchar a los ciudadanos.En Ecuador se desarrollan dos escenas distintas al mismo tiempo. En las calles hay una sociedad ya cansada de la desigualdad, la corrupción y, ahora, amenazada por el peor momento de la pandemia. En los pasillos del poder, el centro de la preocupación es otro: el coronavirus pierde relevancia y las intrigas políticas y las disputas al interior del Palacio, adquieren protagonismo.
    El sistema hospitalario está colapsado, hay pocas vacunas y se vive una escasez de equipamiento de protección, medicinas e insumos. Cuando en marzo del año pasado la pandemia comenzó afectar a la región, el gobierno impuso medidas estrictas que funcionaron. Ese tiempo debió usarse para preparase mejor para el futuro: equipar hospitales y diseñar un plan para comparar vacunas e insumos médicos. Pero no sucedió.
    Al centro de la novela ecuatoriana hay una figura demasiado familiar para los ecuatorianos, el expresidente Correa acusado de corrupción y quien no ha dejado de dominar la política nacional tras bambalinas.
    Ecuador es un país gobernado por un partido casi único, plagado de escándalos de corrupción, con una oposición casi inexistente y una ciudadanía abandonada.
    Es el momento que digamos !basta! a tanto atropello y eligamos con la razón y la verdad y no dejarnos enganar con el cuento que nos van a regalar dinero que luego tendremos que pagar con lágrimas,sudor y sangre.

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