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Elecciones: la gobernanza está en juego

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Uno de los retos más grandes que tiene el próximo gobierno, -que se espera sea uno que entienda la plena vigencia de las garantías en un Estado de Derecho-, es la construcción de la gobernanza.

Esa palabra a menudo no se entiende bien y su resonancia se ha incrementado en las últimas décadas a la luz de las discusiones sobre sostenibilidad y desarrollo. Hay que matizarla frente a la gobernabilidad política, también importante, que hace más referencia a la capacidad de un Gobierno de ejecutar sus planes y que muchos refieren a la capacidad de gobernar. O a la relación entre el ejercicio del poder, la solución de demandas sociales y la capacidad de los gobiernos de atenderlas. La gobernanza sin embargo,  es una condición previa en permanente construcción que supera al acto de gobierno.

La gobernanza se relaciona con la eficacia del Estado y es medida por varias instituciones, entre ellas el Banco Mundial. Éste ha construido un índice que mide las calidades de los servicios públicos, de los empleados estatales, de la formulación de políticas y de la aplicación de estas políticas, así como la credibilidad del compromiso del Gobierno nacional para elevar estas calidades o mantenerlas altas. Se expresan en indicadores como la rendición de cuentas, la estabilidad política, la calidad regulatoria, el imperio de la ley y la lucha contra la corrupción. Las cuales directamente dibujan la calidad de la democracia que tiene un Estado.

¿Pero qué dicen estos indicadores y porque se necesita medirlos? Anuncian que tan competente es un Estado para solucionar los problemas básicos de sus ciudadanos y mide la calidad de las interacciones que tiene con ellos. En otras palabras, mide su transparencia y eficacia lo que se traduce, a su vez, en una medida del éxito o fracaso de sus instituciones.  Y se requiere medirla puesto que es necesario para cualquier gobierno democrático saber que su gestión tiene una ruta marcada de la cual no puede desviarse si quiere construir bienestar y desarrollo para su población.

Es precisamente esta falta de institucionalidad y transparencia, con las que se han conducido las instituciones del Estado y sus funcionarios, que han desencadenado una masiva desconfianza en el sistema de gobierno. Esto ha dado paso a muchas críticas en la última década. La gestión del Estado en la búsqueda de la elevación de los niveles de bienestar no puede disociarse de la obligación de transparentar sus gestiones en la construcción de un Estado transparente. Ni ignorar la retroalimentación que un gobierno representativo y participativo está obligado a recibir de sus electores en la democracia moderna.

Cerca como está el país de la elección presidencial, es preciso entender la obligación del nuevo gobierno para mejorar los niveles de gobernanza del Estado. Siendo transparente en todas sus gestiones e instaurando mecanismos de reporte y medición de sus gestiones. Estas acciones cubren por igual, la gestión de vacunas como cualquier concesión o una adjudicación de contratos del Estado. Cualquier acción sobre la cual existe un legítimo interés por conocer por parte de la ciudadanía.

Se trata de erradicar la mala práctica de la opacidad. De instaurar gobiernos abiertos y participativos erradicando el conocido cliché “si quieren gobernar que ganen elecciones”, al que acostumbró a la opinión un sector político ante cualquier demanda de rendición de cuentas o ante sugerencias legítimas desde sectores de la sociedad que reclamaban correctivos. Hoy los gobiernos tienen la obligación de transparentar sus gestiones, de escuchar a la sociedad y de rendir cuentas. Esa es la práctica democrática a la que hay que acostumbrarse.

El Ecuador se encuentra frente a una disyuntiva de modelos que rebasa lo puramente económico y que se vincula directamente a la transparencia y a la calidad de democracia que requiere un país para avanzar. Votemos responsablemente.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria. 

1 Comment

  1. Por Favor comuniquense con el periodista Lojano Ramiro Cueva de ECOTELTV, para que conoscan de una carta que una Asambleista Electa le dirige a Correa con el reparto del aparato burocratico en esta provincia, dando por sentado que son los triunfadores en la segunda vuelta, en dicho reparto se incluye a personajes oscuros y rechazados por la ciudadania como Jose Bolivar Castillo Chato, y otros tantos, que llenan de verguenza a los lojanos

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