Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Quién acabará la guerra?

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En el país hay cansancio, hay hartazgo de la polarización. Ese mensaje, nada unívoco, se puede leer en ese 47% de electores que no votaron en la primera vuelta por Andrés Arauz y Guillermo Lasso. No obstante, el total del electorado estará confrontado este domingo, como en 2013 y sobre todo en 2017, entre esos dos polos en que se debate el país desde hace 14 años: seguir con el correísmo o voltear la página.

No es, como se sabe, una opción entre matices: Ecuador está instalado en una fractura política motivada por un modelo estatista y autoritario que lo ha mantenido semiparalizado y es el escollo principal para encarar -además de la pandemia sanitaria- las agendas represadas: pobreza, crisis fiscal, desempleo, crisis moral, inseguridad, narcotráfico… Es claro que superar esa fractura es el mayor reto del próximo gobierno. Salir de la polarización necesita parar la guerra intestina y crear un clima de entendimiento y colaboración alrededor de prioridades mínimas para todos. Entre ellas, hambre cero, vacunación masiva, protección de los más afectados por las crisis sanitaria y económica y reactivación del empleo.

Pero para salir de la polarización se requiere voluntad de unir el país, de pasar la página, de procesar el cansancio y el hartazgo que ha generado. Salir de la polarización es hacerse cargo de esos jóvenes que sienten que el país, como está, es sinónimo de frustración, no de futuro. Este capítulo tan esencial no aparece en la disyuntiva que tiene el país el domingo caracterizada sobre todo por el modelo político y económico. Pero está en el centro de las condiciones de gobernabilidad que tendrá -o no tendrá- el próximo mandatario.

Una cosa es querer pasar la página y otra, radicalmente diferente, seguir escribiendo en ella. Lasso está obligada a cerrar la era del correísmo. Es obvio, en su caso, que busque sumar a todos aquellos (un 65%) que no votaron por el correísmo en la primera vuelta. Lasso tiene que gobernar, si gana, con el centro y, por supuesto, ser el gobierno de transición que Lenín Moreno no asumió plenamente en su mandato.

Andrés Arauz, en cambio, tiene que seguir escribiendo en la página que Correa concibe destinada por la historia a su favor. Al fin y al cabo Arauz es invento suyo. Es un producto de la fractura. Es la fractura. Arauz sabe, como su creador, que una de las leyes del populismo es dividir el mundo en buenos y malos. Ellos y los otros. Rafael Correa lo hizo y lo dijo sin mayor creatividad pero de muchas formas: el pueblo y los pelucones; los ricos y los pobres; los patriotas y los antipatriotas; los revolucionarios y los reaccionarios; aquellos que están trepados en la locomotora de la historia y los que le dan la espalda.

El autoritarismo no funciona sin enemigos; reales, fabricados o imaginarios. Eso explica por qué Correa convirtió al Ecuador en un ring. Cada semana, cada sabatina aparecían nuevos actores que él trepaba a la tarima, los convertía en verdaderos puching ball: los enemigos de la Revolución Ciudadana. Y por supuesto que él salía triunfante ante el aplauso cautivo de cheerleaders invitados a celebrar las proezas de su líder. Correa se dedicó durante una década a producir antagonistas y antagonismos. En su lógica no hay alternativa: solo con ellos puede articular el autoritarismo, cimentar su identidad, declarar su superioridad, exhibir su supremacía, mostrarse vencedor y obtener la legitimidad que precisa para negar al otro. Aplastarlo. Perseguirlo. O desaparecerlo.

Arauz no cerrará la herida que Correa se dedicó a profundizar, en forma sistemática, durante diez años y que aviva sin descanso desde Bélgica. Por lealtad, por ADN, por vocación y por convicción, el candidato correísta seguirá con la guerra insulsa pero costosa y dolorosa para el país, porque es la única forma en que el correísmo entiende la política. Y porque es el único mecanismo, para él, de cumplir la tarea que le impuso su tutor: ganar como sea para blanquear su hoja de vida y poder satisfacer el segundo objetivo que, al parecer, impulsa al caudillo a levantarse de su lecho cada día: volver para vengarse.

El correísmo ni está exhausto ni está harto de la polarización que tiene semiparalizado al país y en guerra a sus ciudadanos: de eso vive.

Foto: La República. 

4 Comments

  1. Dr. Hernández, muy buen artículo sobre lo que le espera al país en uno u otro caso luego de terminadas las elecciones. Coincido plenamente sobre el hecho claro de que Arauz no es sino un pelele puesto por Correa como candidato para tratar de que llegue a la presidencia y así poder obligarle a borrar de un plumazo todas las acusaciones graves que pesan en su contra y en contra de aquella mafia que el lidero: Patiño, los hermanos Alvarado, Ribadeneira, Glas, Mera, etc. y por supuesto aquellos malos empresarios que por dinero se transformaron en delincuentes que se unieron a aquella gavilla de ladrones y criminales.
    ¿Con Lasso que nos espera? La verdad es todavía algo incierto a pesar de las promesas de que cuando llegue al poder todo cambiara por bien. No hay que olvidar que Lasso también se rodea de ciertos personajes nefastos de gobiernos anteriores, pero la realidad es que si los ponemos en una balanza definitivamente debemos votar por Lasso. Caer en la tentación de creer en el dicho popular de que más vale malo conocido que bueno por conocer, no es la solución para definir nuestro voto. No, definitivamente no. Correa es un ser maligno, un engendro de satanás al igual que Chávez, Maduro, Ortega, los Kirchner, Lula, etc. que lo único que tienen en esos cerebros putrefactos es hacer el mal a todo mundo. ¿Solo analicemos como esta Argentina? ¿Como esta Venezuela? ¿Como esta Nicaragua? ¿Como esta Cuba? Si todo estuviera bien en esos países no tendríamos los millones de seres humanos que ahora se ve deambulando de país en país, de tumbo en tumbo buscando un futuro mejor para ellos y sus familias. No, no nos corramos ese riesgo de que más tarde tengamos que caminar miles y miles de kilómetros en busca de un lugar donde nos podamos afincar y sobrevivir. Los ecuatorianos no nos merecemos ese futuro.

  2. Contradecirnos e incomodarnos debe ser una forma de exponer con más luz nuestros criterios al frente de los temas . De pronto el señor Lasso no ha venido coogobernando con Lenin , no sería también continuar con la misma política ???. El asunto es que quien quiera que salga electo tiene que sujetar al país en una propuesta de tal seriedad que las medidas de ajuste sean equilibradas , es decir, para todos los sectores y actores. No es posible que tengamos , por ejemplo , uniformados a los que se les desaparezcan avionetas y costales con material aurífero, sin que nadie , iclúyase el periodismo de investigación, se me ocurre Fernando Villavicencio, diga algo tranquilizante al país. De pronto , tenemos corrupcion en nuestras propias casas , estos ,nosotros , cuánta calidad moral tenemos para celebrar juicios de valor ???? . Un misterio por excrutar. Mi gratitud para Ud. José por sus opiniones.

  3. Correa – Arauz igual a mayor violencia , división y persecución en el Ecuador ; lo vamos a permitir????????? Este Domingo tenemos la oportunidad de acabar con estos males , o definitivamente hundir al país en la vorágine de la confrontación , que pondrá en peligro incluso nuestra democracia . Votemos conscientemente : LASSO PRESIDENTE .

  4. El hartazgo está dado por la insistencia obcecada del correísmo por regresar valiéndose de todos los medios a su alcance. Es en verdad un peligro para el País, porque Arauz viene a instalarse para completar lo que Correa dejó sin terminar. Sabemos que Arauz estuvo durante diez años como burropié del enfermo y esta vez haría lo mismo que Correa le pedía hacer, con mano ajena. Si ocurriera esa desgracia, el País resultaría exterminado. Si por su propia y exclusiva necedad, quieren llevar al Ecuador hacia el sistema comunista, en poco tiempo, el sector productivo quedaría devastado como en Venezuela y ellos, los de la delincuencia organizada, una vez descartado el actual sistema monetario, acopiarían el nuevo botín. Los cien mil millones de dólares que Ecuador mantiene en inversiones, moneda circulante y ahorro bancario. No es entonces una polarización de tendencias extremas. Es la decencia en el manejo de un País, que crea inmediatas señales de confianza, frente a propuestas escandalosas y cínicas de una mafia que quiere volver, para apropiarse de lo que quedó después de la ruina económica que el apátrida dejó, como resultado de una gestión fallida y dañina.

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