Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Otra oportunidad para imaginar el país

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Varios factores se puede acordar, fueron determinantes para el triunfo de Guillermo Lasso el pasado 11 de abril. Pero de ellos el que más resuena al mirar el reto que tiene por delante el próximo gobierno, es la necesidad de un encuentro nacional, de un gran acuerdo. Más allá del eslogan de campaña de la segunda vuelta “Encontrémonos”, con mucho olfato detrás de él, se percibió claramente que el país ha llegado a un agotamiento general del discurso divisionista, de exclusión y de odio con el cual lo alimentaron por más de una década y que hoy se espera llegue a su fin.

La tesis maquiavélica del “divide y vencerás” o de la tan explotada lucha de clases marxista no alimentan a nadie. No producen nuevos empleos, no crean confianza para invertir pero, sobre todo, no generan la solidaridad  social necesaria para que las políticas redistributivas surtan efecto. Nos rompen y fraccionan y solo logran alimentar la imaginación de unos cuantos idealistas despistados que aun piensan, sin ninguna evidencia empírica, que el socialismo autoritario y populista puede traer prosperidad a los pueblos.

El hartazgo de ese discurso divisionista se suma a la necesidad real de tender puentes entre sectores de la sociedad para progresar en armonía. De mirar hacia el futuro y reconocer un mismo propósito para el país y de avanzar juntos hacia él. La dura crisis que se vive, acrecentada por la pandemia, solo desnudó las graves falencias como Estado y como sociedad. Y la necesidad urgente de corregir el rumbo económico.

Pero la responsabilidad de todas las élites de cara al futuro es mayúsculo.  Pues el respeto al  derecho de propiedad y la seguridad jurídica en un Estado de Derecho son la otra cara de la moneda donde se encuentran incuestionables políticas sociales y ambientales que construyan escenarios viables para mejorar la educación, la salud y  el empleo que se requieren para imaginar un futuro.

La sociedad civil, los indígenas, los comerciantes, los empresarios, y varios sectores más, así lo entendieron y se han expresado en las urnas. Ha quedado claro qué se espera de la clase política, especialmente de la Asamblea Nacional, donde urge se forje un sistema de negociación transparente que ponga de manifiesto los intereses nacionales sin cálculos políticos ni mañoserías y que responda realmente a los intereses del pueblo ecuatoriano, que han quedado claros en esta segunda vuelta.

Como ha quedado claro que nadie quitará a los ecuatorianos su democracia, imperfecta sí, pero la única que tiene desde hace más de cuarenta años. Y que es la hora de madurarla al punto que permita imaginar un Estado viable, una sociedad que progresa en armonía y desterrar para siempre la sombra del autoritarismo y de la corrupción con la que hemos venido luchando estos últimos años.

Todo esto sumado a la agenda económica de reactivación que requiere de condiciones previas para ser eficaz, como la simple confianza en el futuro. Sin esto ningún comerciante adquiere mercadería para vender, menos un empresario se endeuda para poner un negocio o cualquier emprendimiento, ni una señora contrata ayuda doméstica. Esa confianza esta basada en la capacidad de predecir un escenario favorable, pero no para estafar al otro, robar al otro o aplastar o someter al otro, como han hecho creer en últimos años el discurso de odio y división: para generar empleo y condiciones favorables para todos progresar.

Se ha logrado recién el primer paso para poder imaginar un país nuevo que no se construirá de la noche a la mañana; que no será fácil pero que será posible si todos los que desean un mejor futuro logran ser persistentes en el propósito. Si se ponen los ojos en exigir esos acuerdos y una vez logrados, pedir cuentas de su ejecución. Al gobierno, a la Asamblea Nacional y a los operadores de justicia que tienen también el reto de vencer la impunidad implantada en el sistema.

Es otra oportunidad, como cuando alguien, desesperado y sin fe en el futuro, va a saltar al vacío y alguien lo persuade de seguir confiando y ponerse a trabajar.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria.

1 Comment

  1. «La tesis maquiavélica del “divide y vencerás” o de la tan explotada lucha de clases marxista no alimentan a nadie.»

    Sí alimentan, pero a un grupito nada más. De la división sale triunfante y campante este grupito con unos pocos seguidores, en tanto ensanchan de billetes los bolsillos de los estrategas.

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