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¿Vamos por el pacto fiscal que urge?

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Desde 2007 hasta 2019 los déficits fiscales fueron recurrentes en alrededor de $5.000 millones cada año. Estos se financiaron con enerosas deudas, con la China y la emisión de más de $17.000 millones de bonos basura con elevadas tasas de interés. Era evidente que las cuentas públicas eran insostenibles, y el pago de los intereses y amortizaciones de tales bonos era inviable.

La pandemia profundizó la crisis fiscal en 2020 elevando el déficit del Gobierno Central a los $7.500 millones. Consecuencia de la reducción de los ingresos tributarios por el decrecimiento de la economía, la disminución de los ingresos petroleros y, a pesar de la  reducción de los gastos corrientes y de la inversión pública. A su vez, la pandemia facilitó la reestructuración de los bonos basura y el acuerdo con el FMI. Este organismo, el Banco Mundial, el BID y la CAF,  financiaron con sus préstamos el mencionado déficit.

En 2021, aún con cierta recuperación de los ingresos tributarios debido a una mejor actividad económica, mejores ingresos petroleros, una reducción aún mayor de los gastos corrientes, el ahorro en más de $1.000 millones en los intereses de los bonos basura y mínimos gastos de inversión, el déficit del presupuesto se ubicará en alrededor de $5.000 millones. Este déficit se podría financiar con nuevos créditos del FMI y otros organismos multilaterales, si el acuerdo con el FMI continúa. No obstante, se requerirán otros créditos para pagar las amortizaciones externas. Habrá que renovar las amortizaciones internas, mantener deudas del presupuesto por unos $3.000 millones, CETES por cerca de $3.000 millones, deudas del IVA a los GADs y otras entidades por $1.200 millones, no pagar la liquidez utilizada de las empresas petroleras, mantener atrasos en las transferencias a los GADs y el IESS y un largo etcétera. Sobrevivir 2021 ya es una tarea titánica.

En el año 2022 los avatares continuarán. Los ingresos tributarios y petroleros no cubrirán los gastos en sueldos, bienes y servicios reducidos, transferencias a las seguridades sociales y a los GADs, bonos de los pobres, intereses de la deuda, y los casi inexistentes gastos de inversión. Desde otra perspectiva, los ingresos no alcanzarán para cubrir los gastos de salud, educación, FF AA, Policía, seguridades sociales, bonos de los pobres, GADs, e intereses de la deuda pública. Desde las dos visiones, faltará no menos de $4.000 millones o el déficit esperado. Además, habrá que pagar las amortizaciones, CETES y una larga lista de deudas y otros pasivos.

De lo expuesto se infiere que los dólares no alcanzan ni para cubrir las actuales asignaciones presupuestarias. Para mantenerlas en ese nivel se requieren ingresos tributarios adicionales de al menos $2.000 millones que, a su vez, reducirían el déficit a unos $2.000 millones, para cuyo financiamiento habrá de contratarse nuevos préstamos. Por tanto, no existe ningún espacio para aumentos en los gastos de educación, salud, atenciones a los pobres, seguridad pública y otras demandas. La inversión pública estará proscrita.

Es poco probable que en una reforma tributaria se obtengan $2.000 millones adicionales, ante una sociedad en extremo sensible a los impuestos y una débil economía. Por tanto, el déficit continuará elevado, más aún, con las presiones por incrementos del gasto social e inversión. Está por definirse cuán flexibles serán el FMI y otros multilaterales para continuar financiando déficits elevados sin el esfuerzo nacional para reducirlos. Es posible que exista la tentación de volver a emitir bonos basura. Se avizoran años de inestabilidad fiscal.

Imaginemos al escenario descrito, agregar el aumento del gasto en remuneraciones del magisterio nacional por más de $2.200 millones, producto de la irresponsable aprobación de última hora de la Ley de Educación Intercultural. Además, el incremento del gasto en el IESS y el crecimiento anual del gasto en remuneraciones al establecer el básico del magisterio equivalente a 2.5 veces el Salario Mínimo Vital. Los efectos fiscales de tal ley anulan completamente los ahorros en el gasto de intereses de la reestructuración de los bonos basura.  Por el contrario, amplían perversamente el déficit público.

Son negros los nubarrones fiscales en los próximos años. La inestabilidad y tensiones fiscales serán permanentes. Persistirán elevados riesgos para la economía y el sistema monetario, si son contaminados por los desajustes fiscales. Como la sostenibilidad fiscal estará en ciernes, se reducirán la posibilidades de atraer inversiones, crear empleos y reducir la pobreza. Estará siempre latente, como en el pasado, la incapacidad del Ecuador para pagar a partir de 2026 el servicio de la deuda de los bonos basura reestructurados.

De lo expuesto se infiere la urgencia de un pacto fiscal que viabilice la sostenibilidad fiscal en los próximos años. Imperativa para generar la credibilidad y confianza, indispensables para conformar un entorno macroeconómico favorable a la inversión y al crecimiento de la economía, condiciones sin las cuales será imposible crear empleos, reducir la pobreza y atender las infinitas demandas sociales.

En décadas, la mayor crisis económica, fiscal y social, que agobia al Ecuador, demanda de un pacto nacional que promueva la sostenibilidad de las cuentas públicas, la cual entraña absoluto rigor en la administración de la escasez. El próximo gobierno está llamado a impulsarlo, mediante una pedagogía adecuada para transmitir la realidad fiscal del país. Las élites políticas, económicas, sociales y otras representativas de las sociedad, tienen la obligación de entenderlo y promoverlo, y el pueblo en general apreciarlo como condición para la forja de su prosperidad.

Jaime Carrera es economista.

4 Comments

  1. Me pregunto si el presidente Lasso conoce el detalle de lo descrito, pues se lo nota muy tranquilo. Espero que esa tranquilidad se base en la confianza de que se enfrentará con éxito los colosales retos que tiene el país y no la impavidez de quien no sabe lo que le espera.

  2. Como simple ciudadano, que trabajo , que aspiro honestamente a tener mis ingresos, me crispa la sangre el pensar que en una administración pública quebrada y condenanda a un torbellino de endeudamiento, surjan como la espuma los mismos parásitos de siempre y que aspiren -a pesar de tener posibilidades de pagar combustibles al precio que se debe -que el subsidio lo siga sosteniendo el estado y que ya pretenden parar otra vez al país, argumentando que sus deseos es bajar los precios de los Combustibles al costo de casi menos que un litro de agua Mineral.
    Como ciudadano, exijo que el estado encause ese dinero de los subsidios que se daban a los combustibles a quienes realmente lo necesitan… educación, salud y seguridad
    Ya basta de perder en un enorme saco roto el dinero para combustibles aún más dándolo a carros exonerados, transportistas que tienen un millón para una y más unidades o para socapar su fuga Allende las fronteras incluso para el proceso de la síntesis de drogas….
    Solo solicitamos que TODOS contribuyan pagando lo que se consume y lo que cuesta, que no sea el estado el que auspicie a grupos que si pueden pagar y que siguen acostumbrados al regalo y la dádiva.
    Solo así, Sin el dispendio en esos subsidios, los ciudadanos podremos reclamar con energía si luego de eso, los recursos no se utilizan transparentemente en Salud, Educación , seguridad y en el Auxilio de los pobres y discapacitados!!!!!

  3. El Ecuador afronta desde hace semanas una lucha por captar el poder en la nueva asamblea. Y lo hace en un contexto que nos deja poco margen para el optimismo: tenemos un liderazgo ineficiente, y más atento a sus intereses que a los dramas económicos y sociales que tienen los ecuatorianos.Mientras suben los contagios y muertes , avanza también, una incomprensión poíltica que puede acercarnos aún más a una ebullición social de indignación. Lo que importa: salir del pantano económico y social que nos hunde desde hace años y nos empuja al precipicio con la pandemia.Creímos que bastaba con dolarizarnos, sin ordenar las cuentas públicas,seriamos el pais de las maravillas sin encarar las reformas necesarias. Esa ilusión nos esta llevando a la implosión del país. Debemos poner trabas a figuras que prometan soluciones sencillas a nuestros problemas complejos. En lugar de vacunarnos incertidumbres deben inocular un proyecto común de nación.

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