El nuevo capitalismo: más verde y más social

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El anuncio que hicieron los siete países más ricos del mundo el pasado sábado en la Reunión de Ministros de Finanzas del G7 en Londres, constituye un acuerdo histórico: se proponen enfrentar la evasión de impuestos corporativos y asegurarse así que los gigantes tecnológicos, que obtienen utilidades globales, paguen “los impuestos correctos en el lugar correcto”.

De esta forma, la reforma al sistema tributario pretende adecuarse a la era digital global donde las fronteras físicas desaparecen. De manera especial busca asegurarse de que se tribute de manera justa, de modo que los grandes conglomerados tecnológicos y otros paguen lo que corresponde.

Esta propuesta que llevaba algún tiempo discutiéndose, proporciona un gran impulso para alcanzar una tasa impositiva global del 15% y poner fin a la carrera a la baja en impuestos corporativos garantizando mayores niveles de equidad para la clase media como para la clase trabajadora. Si bien este acuerdo histórico se propone con una intencionalidad social, no está exento de un interés nacionalista de Estados Unidos y otros países por recuperar las inversiones que han escapado a sistemas tributarios más laxos o más concesivos y con ello recuperar el crecimiento interno y el liderazgo económico perdido.

Pero no solo los impuestos globales sorprenden y surgen como correctivos al sistema. Se suma la propuesta hecha por el presidente Biden, en abril pasado, para reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero hacia el 2030. Esto duplica los compromisos previos de Estados Unidos realizados bajo el Acuerdo de París 2015 y se añade al anuncio de invertir dos trillones de dólares para mitigar el cambio climático transformando la infraestructura americana en un modelo de generación energética limpia, lo que ayudará a alcanzar la meta de cero emisiones netas hacia el 2050. Siendo este el esfuerzo federal más grande realizado por un país en la lucha por reducir las emisiones a la atmósfera y que suma a los esfuerzos de otros países, especialmente de Europa.

Mientras los países desarrollados apuestan a la agenda climática y a la equidad en los impuestos globales como base de la estrategia de recuperación económica global post pandemia con un sistema más verde y más social, ¿qué sucede en Latinoamérica?

Pues la región no alcanza a organizar su respuesta. La región siendo una de las más golpeadas por la pandemia, vive una crisis económica profunda que se conjuga con una creciente crisis de gobernabilidad y de institucionalidad en varios países, lo cual amenaza la paz en la región. Mientras esto sucede, no se logra articular un cambio de dirección, pues la salida requiere un nuevo rumbo con más oportunidades de crecimiento y de equidad, escuchando a varios sectores, especialmente a jóvenes en varios países que piden nuevas reglas de juego. Reglas en las cuales se incluya al planeta, buscando un nuevo paradigma como el que se discute hoy en la arena global.

Latinoamérica tiene abundantes recursos naturales y la posibilidad de organizar su capacidad productiva, en especial sus commodities tradicionales y materias primas para conectarlos con la nueva demanda global. Una que no quiere ni deforestación ni bajos salarios. Pero para ello requiere un nivel de consensos mínimos que le permitan a sus estados operar eficientemente y a la sociedad convivir y producir en paz. Nada de eso ocurre al momento. La polarización se toma la región y queda cada vez más en evidencia que su problema no es económico; esa solo es la consecuencia de la profunda crisis política.

Si la región puede caminar hacia la recuperación, deberá primero establecer nuevos acuerdos sociales de transparencia y gobernanza. Sin ello no solo que no saldrá de la crisis, sino que verá marcharse el tren retrasando su ingreso al nuevo capitalismo verde  y social que se inaugura.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria.

4 Comments

  1. Los panelitos solares que ocupan demasiado espacio teniendo una baja densidad energética o los molinillos de viento que sufren del mismo problema y todavía sin tomar en cuenta los problemas de almacenamiento de energía no son ni de cerca la solución. Tampoco lo son las centrales hidroeléctricas que como se vio con la Coca Codo pueden generar graves riesgos geográficos sin mencionar de nuevo todo el espacio que se requiere. Por ahora lo mejor son las centrales nucleares como se ve en Francia quienes tienen estadísticas ejemplares de emisiones y generan energía barata. Las centrales generan suficiente energía para suplir toda la demanda, no se requiere mucha preocupación por el almacenamiento y no ocupan tanto espacio. Una inversión responsable y técnica puede prevenir cualquier problema que estás generen. Si uno piensa que una central nuclear es Chernóbil pues está equivocado. Las centrales nucleares serían lo mejor hasta que se desarrollen mejores tecnologías de almacenamiento y captación de energía. Creo que los que confían en los paneles solares en este momento son muy ingenuos.

  2. La declaración del G7 suena bien. Suena tan bien… que Amazon, Facebook y Google salieron inmediatamente a aplaudir!

    Pensándolo mejor… obvio que van a estar contentos, si dicho acuerdo NO incluye a China, India, Rusia, Brasil, Indonesia, y otros 200 países. Obviamente, no incluye a ninguno de los paraísos fiscales. Y en el remoto escenario de el acuerdo realmente sea aplicado, seguramente implicaría BAJAR las tasas impositivas en Estados Unidos y Europa!!!

    Por otro lado, el Green New Deal de Biden está prácticamente muerto en el Congreso de Estados Unidos.

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