Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Qué lección dejan las elecciones en Perú?

en Columnistas/Influencers4P/Info por

Entre los años 2000 y 2019 (antes de la llegada de la pandemia) la economía del Perú creció a una tasa promedio anual de 4,8%, casi dos veces mayor que la que alcanzó América Latina en conjunto: 2,5%. Gracias al dinamismo de su economía, en el mismo período Perú consiguió prácticamente duplicar su PIB per cápita (en dólares constantes), lo que significa que, al menos en promedio, en 2019 cada peruano era dos veces más rico que al inicio del siglo. Por otro lado, la inflación promedio entre ambos años fue de apenas 2,7% anual, lo que permitió que los ingresos de los trabajadores mantuvieran su poder adquisitivo. Además, el sol peruano se mostró mucho más estable que las demás monedas de la región, incluso en medio de shocks externos como la caída en el precio de los commodities; esa estabilidad generó confianza en los agentes económicos y permitió que el sistema financiero peruano captara depósitos y entregara créditos sobre todo en moneda local. Otro factor que contribuyó a las altas tasas de crecimiento fue el orden en las finanzas públicas (entre 2000 y 2019 el déficit promedio del Gobierno General del Perú fue de apenas 0,4% del PIB, cuatro veces menor que el del Ecuador), que permitió mantener el índice de riesgo país entre los más bajos de los mercados emergentes y, de esa manera, conseguir buenas condiciones de financiamiento y atraer inversión extranjera en cantidades significativas.

Gracias a las altas tasas de crecimiento económico y a la baja inflación, entre 2004 y 2019 la tasa de pobreza en Perú cayó, según el Banco Mundial, de 58,7% a 20,2% de la población. En el mismo período el Índice de Gini, que mide la desigualdad al interior de un país, también mostró una mejora, pero más modesta: de 0,499 a 0,415. Ahora que, por los resultados electorales, muchos querrán desmerecer los logros del modelo económico peruano, es importante tener en cuenta todos estos datos.

Pero evidentemente no todo son éxitos en Perú, que ha sido uno de los países más golpeados por la pandemia. El número de muertos por Covid-19 supera los 185.000 y en 2020 la economía se desplomó 11%, ocasionando un severo deterioro en los indicadores socioeconómicos: la pobreza se elevó en diez puntos porcentuales (hasta niveles similares a los de 2010), es decir, 3,2 millones de personas pasaron a ser pobres; a la vez, el empleo formal se redujo en más de una quinta parte, con lo cual el año pasado apenas el 32% de los trabajadores de las zonas urbanas tenían un empleo en el sector formal.

En ese contexto Perú llegó a un proceso electoral en el que 18 candidatos buscaron la Presidencia de ese país. A la segunda vuelta pasaron dos candidatos populistas que no alcanzaron el 20% de los votos válidos: uno de izquierda (Pedro Castillo) y una de derecha (Keiko Fujimori). Al momento de escribir esta columna el aparente ganador es Castillo, cuyo programa económico tiene como primer punto sustituir el modelo que ha estado vigente en Perú al menos en las últimas dos décadas y que ha generado innegables avances. ¿Qué es lo que propone a cambio? Una invasiva presencia del Estado, no solo como regulador (rol absolutamente necesario), sino también como interventor, planificador e incluso empresario; un gasto público, sólo en educación y salud, equivalente al 20% del PIB (a lo que se deberá sumar los demás gastos del Estado); la nacionalización en la explotación de recursos estratégicos, entre otras propuestas que, como evidencian varias experiencias internacionales, conducen al despeñadero.

¿Qué llevó a los peruanos a elegir un presidente cuya propuesta económica puede echar abajo, en poco tiempo, todos los avances alcanzados en los últimos años? Tal vez una parte de la explicación esté en la atávica desigualdad que sufre toda la región. De ser así, la pregunta más importante es: ¿cuál es el modelo económico que, a la par que fomente el crecimiento y la generación de riqueza a través de la iniciativa privada, permita que toda la población perciba sus beneficios? Claramente Perú, y también Chile, lograron enormes avances socioeconómicos en los últimos años. Pero, a la luz de los resultados en sus respectivas elecciones, en ambos países hay un porcentaje importante de la población descontenta con esos modelos que privilegiaron sobre todo el (indispensable) crecimiento de la economía. Apostar por un Estado que lo controle todo y asfixie la iniciativa privada (y, tarde o temprano, termine coartando las libertades) solo puede derivar en desgracias. ¿Y entonces? ¿Cuál es la vía para que América Latina deje de ser terreno abonado para aventuras populistas? Una que, a la vez que fomente el crecimiento económico, promueva la inclusión social y una mejor distribución de la riqueza. Suena bien, pero encontrar ese difícil equilibrio con Estados profundamente corruptos y grupos de presión (élites, sindicatos, partidos políticos) muy poco dispuestos a ceder espacios es todo un desafío. No solo para los gobiernos, sino principalmente para las sociedades.

José Hidalgo Pallares es economista.

9 Comments

  1. Excelente análisis, el problema en nuestro país es precisamente la cleptocracia, ya que quienes nos han gobernado los últimos 40 años, siempre lo han hecho para beneficio de sus dirigentes (politiqueros)

  2. Economista que se precie, (y mas si es un master o doctor PhD.), usara la palabreja «commodities» en lugar del pedestre y ramplón termino: «materias primas» (¿?)
    ¿Y aura que hacemos?. Reeducarles pues…

  3. La lección es muy simple.
    Si la política destruye la economía, encierra la gente en sus casas y prohíbe trabajar a gran parte del sector formal por ya casi un año y medio sube la pobreza, el desempleo y la delincuencia. A la vez disminuyen los ingresos tributarios y aportes al seguro social. Todo eso hace que gana el caos y el populismo.
    Muy fácil todo eso y ninguna sorpresa.

  4. Viví en Lima casi 5 años. Yo veo una clara desconexión entre los indicadores macro económicos y la economía de la gente común y corriente. ¿De qué sirven todas esas tasas e índices si la mayoría de la gente no puede progresar a pesar de su esfuerzo y trabajo? Hubo un tiempo que pensé que quienes vivían en Chile, Perú e incluso Colombia eran más afortunados que nosotros pero hace pocos años llegué a la conclusión de que desde el punto de vista de la mayoría de la gente, no hay diferencias significativas. Si bien la corrupción es una de los grandes causales creo que es legítimo cuestionarse si el modelo económico no es también una de las causas de la obscena inequidad que infesta a la región.

  5. Los índices de crecimiento, inversión, riesgo país, etc. no indican necesariamente que la población en general mejore su situación socioeconómica. He visitado Perú varias veces en los últimos 20 años y he notado la insatisfacción de personas con las que conversé: trabajo precario, mal pagado, sin beneficios de ley, con horas extras impagas. Esto es común en el vecino país (y también aquí en Ecuador). Lamentablemente las élites en la gran mayoría de los casos sólo miran sus beneficios y esto genera el resentimiento que lleva a votar por demagogos. Si la mayor parte de peruanos hubiese obtenido una mejoría real de su nivel de vida, no votaría por demagogos como Castillo, Chávez, Morales o Correa. Es una lección para nuestro país.

  6. Tranquilos hermanos del Perú, ahora acudan para su afiliación al partido comunista, y obtenga el carnet del pueblo, después vayan en fila y ordenadamente a recibir la bolsa de la dignidad, que contiene algo de frejol, fideos y sal, si no se afilio, no pierda el tiempo que para usted, burgués vende patria , simpatizante del imperio Yanqui, es mejor que no lo intente.

  7. Excelente artículo. A diferencia de otros escritores de este diario (que se dedican más a fomentar el odio por un séctor que no comparte con sus ideas), su lectura de la economía es objetiva, técnica y sobre todo, es notable la preocupación que usted demuestra en la busqueda de una economía política sostenible, que no niegue el crecimiento económico, pero que tampoco desatienda el desarrollo humano. Además, conocemos muy bien que a mayor inversión en educación, mayores oportunidades para la competencia internacional. Dejemos al mercado que haga lo suyo, pero atendamos las desigualdades históricas que atentan contra la democracia y que cierran puertas al crecimiento económico. Felicito nuevamente. El talento de personas jovenes será el que nos lleve a un país mejor.

  8. El mismo patron se repite por siglos desde Mexico hasta la Patagonia, mucha riqueza concentrada en pocas manos y ciudades, desatencion, en muchos casos brutal al sector rural menos favorecido, sistemas judicales vicados, falta de oportunidades, quien gana mas dinero no retorna sus ganancias para generar mas oportunidades, corrupcion desde las mas altas esferas gubernamentales hasta el polica de la esquina, poblacion mas pobre sin accesos a servicios basicos dignos y eficientes y no es porque no se tenga recuersos, es porque no les da la gana, la codicia, avaricia, egoismo, recismo de los que mas tienen es implacable, mientras mas tienen , mas quieren, el capitalismo sin justicia social es un mounstro voraz, sea de izquierda o derecha, no es ideologia, es LA CONDICION HUMANA.

Responder a FABIAN RIOFRIO CORRAL Cancelar respuesta

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

×
Ir Arriba