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Castillo recuerda al ruralismo de Zapata y Villa

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Los resultados electorales dejan al Perú y a la región ante un gran enigma: ¿si se confirma el triunfo de Pedro Castillo, asumirá la senda anti democrática de los países adscritos al llamado socialismo del siglo 21? ¿Qué cambios animará en Perú? 4P. conversó con Eduardo Ponce Vivanco, diplomático y articulista peruano, quien fue embajador en el Ecuador. 

En Perú quedaron como finalistas una opción política que se identifica con las propuestas antidemocráticas del socialismo del siglo 21 y otra que es vista como autoritaria y corrupta. ¿Cómo se llegó a esto?
Esa es una pregunta muy difícil de responder. Pero todo se origina con la forma en que concluyó el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, que parecía que iba a ser un presidente espectacular y funcionó pésimo. Le tocó un Congreso con una inmensa mayoría Fujimorista que no hizo otra cosa que bloquearlo y luego cayó en una trampa que terminó en su destitución. Su primer error fue cambiar el orden de los vicepresidentes: quien iba a ser su primera vicepresidenta era Mercedes Arauz y como segundo iba Martín Vizcarra. Pero Kuczynski cambió el orden y con inmensa mala suerte, para él y para el país, Vizcarra heredó el poder.
Él hizo un gobierno de Maquiavelo provinciano e instaló en el poder una red de personas que explican el desastre en el que ha estado inmerso el Perú en este quinquenio. En esas circunstancias ha aparecido este, entre comillas, pobre Pedro Castillo; un maestro de escuela de Chota que es de un sector campesino de Cajamarca, vecino al Ecuador. Castillo saltó a la fama liderando una huelga del magisterio que fue terrible en el 2017 y eso lo catapultó como figura. Ahí llega Vladimir Cerrón, un comunista convencido y lo puso como alfil en su partido, Perú Libre, por ser ingenuo y aparentemente manejable.

¿Por qué Castillo quedó finalista y luego creció tanto en la segunda vuelta?
Esa pregunta no tiene respuesta porque es de carácter religioso: es un misterio. Como había tantos candidatos a él le tocó un poquito y ese poquito, por desgracia, lo puso compitiendo con Keiko Fujimori que tiene en su contra un voto duro muy grande. De todos los que podían competir con Castillo, Fujimori era la que más problemas tenía para vencerlo. Ahora bien, a pesar de sus defectos y el rechazo que genera, Keiko Fujimori representa la prevalencia de la Constitución actual que tantos buenos frutos ha dado al país. Mientras tanto, Castillo lo primero que haría es encontrar la fórmula para ir a una Constituyente al estilo chavista porque aquí quienes han apostado el oro y el moro son Cuba, Venezuela y todo el eje del Alba.
Esto es un remezón muy fuerte porque en el voto a favor de Castillo hay un elemento de protesta de las clases menos favorecidas, sobre todo en la zona rural que es muy grande pero que se empequeñece ante la enormidad de Lima.

Este resultado, según muchos críticos, es la demostración de que el modelo económico no era tan bueno como dicen.
Esa es la idea que muchos tienen, pero está muy distanciada de la realidad. La verdad es que el modelo económico funcionó muy bien. La Constitución del Perú tiene defectos políticos. Es ahí donde hay muchos problemas que resolver, pero en el ámbito económico no. El capítulo económico es el que ha permitido el desarrollo espectacular que el Perú ha tenido a partir de su vigencia.

En caso de que finalmente Castillo gane, ¿cuál es la amenaza que hace pesar sobre el sistema democrático peruano?
La respuesta honesta es que no lo sabemos. Me parece que Castillo se está dando cuenta de que se está pretendiendo algo que va mucho más allá de sus posibilidades. Una de sus mayores debilidades es tener a un señor dueño de su partido, que maneja buena parte de su bancada parlamentaria. Consecuentemente, él tiene que hacerse de una fuerza personal que solamente puede darse por una selección inteligente de personas para su posible gobierno. En parte esto ya ha ocurrido: ha escogido, como asesor y posible ministro de Finanzas, a un economista de izquierda muy solvente y civilizado que es Pedro Francke, quien ha salido con un discurso tranquilizador. Lo mismo ocurre con otro economista serio y responsable de izquierda, Óscar Dancourt, que podría ir al Banco Central, si es que no se conserva al actual presidente del Banco Central, Julio Velarde, que es excelente y es una garantía de solvencia y solidez macroeconómica.

¿Es muy difícil prever si Castillo se va independizar de Cerrón?
A estas alturas es muy difícil. Además, en esto cuenta la esgrima parlamentaria: si Castillo tiene el poder Ejecutivo y Cerrón maneja su bancada, irremediablemente habrá un contrapunteo en el que uno de los dos saldrá imponiéndose sobre el otro.

¿Que el Perú siga teniendo un sistema democrático depende de que Castillo sea capaz de independizarse de Cerrón?
En buena medida sí. El signo más claro en ese sentido va a ser la posición respecto de la Constitución. Entre toda esta tenue racionalización del programa de Castillo, en lo que no hay un cambio es en la pretensión de llamar a una constituyente. Aquí lo que está de por medio es la sospecha, muy fundada, de que en la nueva constitución se pretende establecer una reelección ad infinitum.

¿Es muy difícil que se llegue a una constituyente dada la correlación de fuerzas en el Congreso?
Ahora no va a ocurrir pero Castillo quiere que eso ocurra. Muchas de las cosas que planteaba en campaña se han ido difuminando, pero ésta no. Y en esto sí hay total coincidencia con Cerrón y todas las voces de la izquierda. La Constitución vigente de 1993 no fue una Constitución de Fujimori. Fue una Constitución que surgió de una reunión de la OEA, en Bahamas, donde se hizo un enorme esfuerzo en el que estuvo metido Javier Pérez de Cuéllar, Hernando de Soto y otras personalidades para sacar al Perú de las secuelas del autogolpe de Fujimori de abril de 1992.

¿Cómo son las relaciones entre Castillo y Cerrón? Quizá ahí hay claves para descifrar el futuro.
No sé cómo serán esas relaciones a nivel personal, pero en lo político aparecen como tensas, porque Castillo tiene que demostrar que no es un esqueleto de titiriteros. Ya ha dicho en más de una oportunidad que el Presidente será él y que Cerrón no será ni siquiera portero en ninguna dependencia pública.

¿Se podría pensar que esas son buenas noticias para la democracia peruana?
Eso aún no se puede responder. Lo que sí creo que va a perdurar es esta especie de división del país entre los que han apostado por Castillo, que son los de la zona rural, y los que apostaron por Fujimori, que mayoritariamente están en las ciudades. Me da la impresión de que esto se parece mucho a lo que ocurrió en México en los siglos pasados: ese ruralismo por el que aparecieron Emiliano Zapata o Pancho Villa, que no eran precisamente unos filósofos. Creo que, a su manera, Castillo está en unos de esos roles políticos en los que jamás esperaban estar.

Castillo y Perú Libre son asociados con el terrorismo. ¿Cómo es posible que ese tema no haya pesado más en las elecciones?
Porque no creo que esa es una asociación que sea estrictamente correcta. Castillo se identifica muy fuerte y vocingleramente con lo que aquí se llaman las rondas campesinas o de autodefensas. Estas rondas tuvieron un papel importante en la lucha o defensa contra Sendero Luminoso. Entonces no creo que por ahí haya mucho pan que rebanar. Lo que sí es perfectamente entendible es la relación que puede tener, y que de hecho ya está ocurriendo, entre Castillo y Evo Morales, Nicolás Maduro, Rafael Correa y todos los miembros de ese club.

Esta entrevista se publicó ayer, 14 de junio, en el boletín dominical de 4P. Si desea recibirlo, suscríbase por favor gratuitamente aquí: GPS4P.

Foto: Perú21

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