Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Ortega se parece más a Somoza que a Sandino

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El tirano Daniel Ortega en Nicaragua quiere perpetuarse en el poder, pero sabe que en las elecciones de noviembre tiene muy pocas o ninguna posibilidad de ganar. Por eso, ha encarcelado a todos los opositores que aparecen como posibles candidatos presidenciales, acusándolos de ser agentes de los EEUU. Sobre este tema, 4P. conversó con el periodista Carlos Fernando Chamorro*.

Daniel Ortega ha ordenado encarcelar a todos los políticos que potencialmente pueden ganar las elecciones en noviembre. ¿Ortega es tan débil que necesita sacarse del camino a estos potenciales rivales o tiene tanta fuerza que puede hacerlo?
Las dos cosas. Eliminar la competencia política anticipadamente es una necesidad que tiene porque no puede ganar la elección desde que en 2018 masacró a la gente que salió a las calles a protestar. Hubo más de trescientas muertes que están en la impunidad, miles de presos políticos, miles de exiliados. Esa profunda crisis lo dejó solo en el poder, atrincherado con la Policía, los paramilitares y con el apoyo de su base política que hoy es una minoría. Del otro lado hay una mayoría política sin partido que está lista para ir a la elección, y no solo ganar a Ortega sino barrerlo si se le permite inscribir un partido y tener un candidato único. Ya sabíamos que las elecciones no serían ni justas ni transparentes, pero ahora él ha decidido que no serán siquiera competitivas. Para eso sí tiene la fuerza porque tiene el control total de los aparatos del Estado y utiliza la Policía y leyes represivas. En Nicaragua hay un Estado policial desde septiembre de 2018 cuando inició la operación limpieza y las masacres. Desde entonces, no hay libertad de expresión, no hay libertad de movilización y todo eso gracias a que Ortega controla el poder electoral, la Fiscalía, la Policía, la Corte Suprema de Justicia, todos los poderes del Estado.

¿Qué reciben a cambio todas esas fuerzas que apoyan a Ortega?
Eso está relacionado con el ejercicio autoritario y dictatorial del poder. Esta minoría política tiene beneficios económicos y participación en el régimen. Por el otro lado, han construido una narrativa posterior a la matanza y la masacre, según la cual el gobierno fue víctima de una tentativa de golpe de Estado. Vivimos una locura orweliana: en Nicaragua pedir elecciones libres es atentar contra el Estado. Los partidarios de Ortega están alineados en el culto a su personalidad. Esta es una dictadura familiar que durante diez años ofreció ventajas, asistencialismo, clientelismo a su base política que se ha reducido considerablemente. Ortega no tiene siquiera mayoría entre los empleados públicos. En todo caso, es la minoría política más sólida, consolidada e ideologizada del país, pero que no visualizan una salida política.

¿Cómo se explica esta obstinación para aferrarse al poder; por quedarse en el gobierno? ¿Es por miedo a ser fiscalizado luego de dejarlo?
Para entender eso hay un tema que es central: cuando Ortega regresó al poder en 2007, después de haber perdido en 1990, 1996 y 2001, lo hizo con la determinación de no salir del poder y heredarlo a su esposa Rosario Murillo que ya estaba en 2016 en la línea de sucesión: ella es la vicepresidenta de la República. Este proyecto dinástico de preservar el poder colapsó con las protestas de abril cuando se abrió una nueva crisis para el régimen que es la de la Justicia: hay una demanda nacional de libertad, de justicia y de no impunidad. Eso no es negociable. Ortega, Murillo y la cúpula que participó en la matanza y también en la corrupción no tiene otra salida que seguir hacia delante, por lo menos así lo ven ellos. El problema es que eso no representa ninguna salida ni económica ni social. Nicaragua está en su cuarto año consecutivo de recesión económica y el gobierno no tiene una salida, únicamente actúa pensando en el corto plazo. Ortega puede reelegirse sin competencia política, pero no tiene viabilidad a mediano plazo.

¿Crees que la oposición podrá hacer algo en noviembre si todos sus líderes están presos? ¿Cómo pinta el escenario electoral?
El escenario de noviembre es completamente incierto y por ahora está bajo el control de Ortega. Es decir, en noviembre tendremos votaciones pero no una elección competitiva: hay nueve partidos colaboracionistas que van a ir a las elecciones con el Frente Sandinista y hay tan solo un partido de centro derecha que se llama Ciudadanos por la Libertad, que se había convertido en la plataforma en la cual todos los líderes de la oposición estaban compitiendo para convertirse en el candidato único. Pues bien, ahora cinco de esos precandidatos están presos. Ese partido enfrenta hoy el dilema de participar o no. Ellos dicen que van a participar con el candidato que quede; es decir con el que Ortega no elimine. Esa es una enorme responsabilidad de la que ellos tendrán que hacerse cargo porque no cualquiera puede ir a una elección bajo un estado policial, sin observación internacional y sin ninguna garantía. Ellos dicen que habrá una montaña de votos para derrotar el fraude pero eso más bien podría conducir a dar legitimidad a este fraude. Eso se decidirá en las próximas semanas cuando se inscriban definitivamente.

Lo que diga la comunidad internacional no parece importar mucho a Ortega. ¿Hay algún margen de maniobra de aquí hasta noviembre?
Desde el gobierno de Biden se está hablando de una acción multilateral combinada de la comunidad internacional. En la OEA hubo 26 votos para condenar a Ortega, lo cual es notable. Pero para suspender a Ortega de la Carta Democrática se necesitan 24 votos y eso no es fácil conseguir. El gran debate que se plantea hoy en la comunidad internacional es si hay la capacidad de ejercer máxima presión ahora o si van a esperar al 7 de noviembre cuando se reelija Ortega. En todo caso, la solución depende de la oposición en Nicaragua, de que esa mayoría política mantenga la lucha cívica y política. El gobierno puede prolongar su agonía. Yo uso esa palabra porque esta es una dictadura que está en una fase terminal y que no tiene salida.

Ortega dice ser la personificación de la revolución sandinista pero ahora parece que se ha convertido en aquello contra lo que luchó. ¿Se puede comparar a Ortega con Somoza?
La revolución sandinista terminó en el año 1990 cuando el gobierno sandinista perdió en una elección, casualmente con mi madre, Violeta Barrios de Chamorro que representaba la oposición en un ambiente de guerra. Pero el pueblo votó y dijo se terminó la revolución, y se inició una transición democrática. Eso duró 16 años. Ortega no representa a la revolución de 1979 en la caída de Somoza. Ortega es un político que representa la determinación de no dejar el poder y que se atornilla en él como un caudillo autoritario. Hizo una alianza con los grandes empresarios que le permitió gobernar sin democracia y sin transparencia y luego colapsó porque la gente salió a protestar.

¿La gente ve el parecido de Ortega con Somoza?
Cuando la gente salió a las calles a protestar y fue masacrada es cuando se empieza a decir Ortega y Somoza son la misma cosa. Para la mayoría del pueblo, Ortega no es el líder de la revolución sandinista. Es, de alguna manera, la réplica del otro dictador. Además, repite aspectos de la dictadura de Somoza como la construcción de una dictadura familiar. El régimen somocista fue una dinastía que heredó el poder de padre a dos hijos. Ortega ha intentado heredar el poder a la esposa y de hecho gobierna con ella. Ortega y Murillo representan la regresión autoritaria de una democracia que se vivió en estos 16 años con sus luces y sus sombras. Es una regresión a lo peor de la historia de Nicaragua: Ortega tiene mucho más en común con Somoza que con el general Sandino.

Foto: VOA

(*) Carlos Fernando Chamorro ganó este año el premio de periodismo Ortega y Gasset como reconocimiento a su carrera. Es hijo de la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro y dos de sus hermanos, Cristiana y Pedro Joaquín, están presos porque el régimen de Daniel Ortega considera que son potenciales candidatos para las elecciones de noviembre.

Esta entrevista se publicó ayer, 4 de julio, en el boletín dominical de 4P. Si desea recibirlo, suscríbase por favor gratuitamente aquí: GPS4P.

1 Comment

  1. Como ya opiné en un artículo anterior, Ortega es tan criminal y genocida que la única salida posible para Nicaragua es mediante la fuerza, lamentablemente no hay otra opción.

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