¿Está el Ecuador listo para el cambio?

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Uno de los procesos más complejos de la sociedad contemporánea es reconocer sus retos y predecir sus cambios. Mucho se ha hablado de la rapidez de los cambios en la sociedad del Siglo 21 y cómo se ha acelerado la velocidad de respuesta de todos los actores de la sociedad ante una serie de fenómenos. Desde la contestación de un mensaje de texto hasta la generación de una política pública la tecnología ha influido en la comunicación, en la toma decisiones políticas y en una mayor expectativa en la velocidad de respuesta.

Esto se aprecia desde el tiempo que toma responder mensajes hasta en la construcción de un diálogo social. La percepción sobre los tiempos han cambiado. Básicamente se han acortado. Hoy se vive en una sociedad que no tiene tiempo que perder.

Desde el cambio climático y la urgente respuesta global, hasta las  crecientes demandas sociales que no se procesan si no en días y horas. Las respuestas ahora tienen que ser igual que los mensajes: urgentes. La urgencia y el apuro son los signos de los tiempos, pero no son los únicos.  Hay más.

De la mano de la “gig economy” se acostumbra hoy a tener respuestas a las demandas individuales de consumo, y pegados a un Smartphone se ve el mundo mediante su lente. Los estudios hablan de la creciente penetración de teléfonos inteligentes y de un promedio alto de horas diarias, que es significativamente mayor en los jóvenes. La emergencia del “social media” está cambiando la comunicación no solo social sino política. El producto interno bruto crece a la par de la inequidad y emergen los billonarios. Las ciudades sufren gentrificación mientras enfrentan la migración masiva. Muchos cambios.

Frente a todo esto, ¿cómo se está cambiando la cultura? ¿A dónde conducen estos cambios y cómo se enfrentan los confictos que de ella deviene?  ¿Cómo hacer para maximizar los beneficios sociales de un proceso cultural irreversible, en momentos en los que el país más necesita cambiar?

Esto es necesario decodificar más que nunca frente a la propuesta de recuentro y de recuperación económica que requiere el país, pues ya no se puede ignorar el sustrato cultural que lleva implícito todo cambio. Toda propuesta de cambio implica también un cambio cultural, con sus factores internos y externos que enfrentar.

Entender los procesos transformacionales y evolutivos de la sociedad ecuatoriana debe llevar necesariamente a romper los dogmas confrontativos de una sociedad atada al pasado, que exacerba códigos de exclusión binarios de la mano de la ideología. Que ha sobrepreciado la respuesta violenta pues no ha aprendido a dialogar y aprender a ceder por partes iguales. Se ha vendido erróneamente que los ganadores siempre son los que imponen, y no los que maximizan los  beneficios para todas las partes involucradas. El paro, la resistencia, la lucha y una serie de evocativos están presentes en el discurso de quien se precia buen político. Pero hoy la multidimensionalidad de las crisis, pandemia, ambiente, clima, economía y una serie de demandas crecientes están demostrando que la sociedad está saturada de crisis, de respuestas violentas, de resistencias a sentarse a dialogar con todos. Y necesita un cambio cultural urgente para seguir adelante.

Ningún cambio de largo aliento se dará sin cambiar la cultura. En especial la cultura violenta y disruptiva de los líderes que no construyen democracia y que si bien buscan reivindicaciones justas, a menudo equivocan su camino.  Se mira con preocupación cómo importantes líderes siguen sin reconocer la necesidad de adaptación a una nueva cultura de diálogo que demanda la sociedad contemporánea y de acuerdos que requiere cada segmento de la sociedad para salir de la crisis y lograr progreso e inclusión.

El Ecuador quiere cambios y mayor velocidad de respuesta de toda la sociedad. El país no tiene tiempo que perder y sus líderes deben también entender la urgencia de los cambios que se demandan cómo aprender a dialogar. ¿Está el Ecuador listo para el cambio?

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria. 

2 Comments

  1. Doctora Alban, comparto la mayor parte de su artículo, pero tal vez deberíamos considerar algunas realidades de nuestro país:

    LAMENTABLEMENTE, LA HISTORIA NOS DEMUESTRA QUE NOS GUSTAN LIDERAZGOS FUERTES: Admitámoslo, culturalmente somos mal llevados. Desde el comienzo de nuestra historia como República, el líder absoluto duraba un promedio de 10 años, con Constitución incluida. Incluso hubo gobiernos que duraban meses. Velasco Ibarra cambio un poco eso, al durar su influencia más tiempo, pero, de las 5 veces que llego a la presidencia, solo termino una. A partir de los ochenta hasta el 2000, el gran líder fue Febres Cordero, luego Nebot. Estos últimos 14 años, fue Correa. En cada uno de estos periodos, se arreglaba algo, pero lo demás se iba al demonio.

    NO NOS GUSTAN LAS MATEMATICAS Y NOS CREEMOS MERECEDORES DE TODOS LOS DERECHOS POSIBLES: Nos guste o no, toda actividad humana, tiene que ver con la economía, en mayor o menor medida. Los servicios que presta el estado no son gratis, alguien los paga. Sin embargo, creemos que el Estado tiene que proveernos de todos los servicios posibles, gratis, a tiempo, y, lo mejor. El claro ejemplo de esto, es lo que pasa actualmente con las vacunas: la mayor parte de ecuatorianos idiotas, sueñan con la Pfizer.

    ¿LA SOLUCION REALMENTE ES APRENDER A DIALOGAR? Sería ideal que todas las denominadas elites del país: empresarios, sindicatos, indígenas, etc., aprendieran a dialogar. Pero, ¿realmente cree que IZA y sus compinches de la CONAIE quieren dialogar? ¿Cree que Nebot va a pensar por una vez en el país y va a ceder? ¿Cree que los sindicalistas que han vivido toda su vida de la teta del sindicalismo, van a permitir un cambio? ¿Cree que los Correistas, desean dialogar sin exigir perdón ni aceptar las responsabilidades de sus atracos? ¿Cree que los líderes empresariales, al final del día, entienden el concepto de ganar-ganar? Todas las personas que sabemos algo de política, tenemos claro que no. Por lo tanto, la solución real, lamentablemente pasa por lo que quiera o pueda hacer nuestro líder actual, el presidente Lasso.

    POCAS IDEAS PRACTICAS, BUENA COMUNICACIÓN, Y, SEGURAMENTE UNA CONSULTA: Dicho esto, necesitamos que el Señor presidente, se sienta seguro con el programa de vacunación en marcha, ponga a una persona a cargo, y, se dedique por fin a los 5 o 10 proyectos reales, que el considere que debe llegar a cabo. Una vez que los tenga claros, se nos debe comunicar claramente las cifras económicas que le llevaron a plantear sus propuestas. Ejemplo: El IESS ya no sirve, hemos probado que el Estado lo administre, y, nunca ha funcionado, entonces, si el considera que se debe separar la salud de las pensiones, y, las pensiones deben tener un esquema parecido, pero no igual, al chileno, debe convencer de esto, no a todos los ecuatorianos, sino a ese 30% de personas que forman parte de la economía formal, y, nos guste o no, mantienen al resto, es decir su voto duro. En medio de esta crisis económica y social, es imperativo, que Lasso, se apalanque en este grupo, ya que es el único que tiene claro que se necesita un cambio, y, de el han salido todos los liderazgos, que alguna vez botaron presidentes, pero que, con la fuerza y mañas de Correa, no se atrevieron a hacerlo, ya que no tuvieron quién los cobijará (¿Dónde estaba Nebot?). Pero, como todos los grupos mencionados en el punto anterior, se opondrán con uñas y dientes, definitivamente, la solución será una consulta popular, tal vez con trampa: La Constitución actual habla de las consultas previas a los posibles y directos perjudicados, entonces, por ejemplo, que tal si solo se pregunta a los empleados y empleadores que aportan al IESS actualmente, sobre el futuro de la institución, al fin y al cabo, los que no aportan, ¿por qué tendrían que opinar?

    NUEVA CONSTITUCION O VOLVER A LA CONSTITUCIÓN DEL 98: La constitución actual fue hecha a la medida de Correa, incluso, su patética redacción, se corresponde con el grupo humano que apoyo a Correa. Sin negar algunos avances, tener un mínimo de 220 derechos y cero responsabilidades, no constituye un documento que permita generar ni seguridad jurídica ni un ambiente de tranquilidad. Además, la mayor parte de esta constitución se corresponde con el plan de gobierno de Correa. Comparto el criterio, que, dada la crisis actual, no hay tiempo para una constituyente. Por lo tanto, volver a la Constitución del 98 con unos retoques dirigidos, es una buena idea.

    Como personas, que podemos aportar, aunque sea con una opinión, tenemos que darnos cuenta, que el idealismo es genial, pero nuestras características culturales no ayudan. Debemos ser prácticos y precisos. La idea de que en la educación esta el cambio futuro, tampoco es cierta: Argentina nos demuestra que una buena educación no implica necesariamente un cambio cultural.

  2. Es que ese cambio cultural toca realizarlo desde las comunidades, eso es urgente. Al político no le interesa el cambio cultural ya que no tendría beneficios y la sociedad le pediría cuentas.
    Talvez la universidad podría ayudar pero concienciándose que su trabajo no es solo llenar de conocimientos a sus alumnos

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