El agujero negro del sistema carcelario

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Lo que está ocurriendo en las cárceles del Ecuador coloca en el más severo cuestionamiento al sistema carcelario. No es la primera vez ni la segunda que actos de ajusticiamiento a la luz de amotinamientos se producen en esos centros, que se supone, deberían servir la para la readaptación social de los recluidos.

La ciudadanía mira asombrada el desangre que sucede en el interior de los centros carcelarios, y esto desata también una generalizada percepción de inseguridad y temor al ver la poca capacidad de los miembros del orden para controlar estas situaciones. De hecho, se dice que se les va de las manos, debido a que las cárceles son verdaderas bodegas de armas, y especialmente en los primeros momentos que suelen ser los más cruciales, los agentes del orden, -guías penitenciarios incluidos- están en franca desventaja frente a los reclusos. Inverosímil, pero cierto.

La afirmación del director del SNAI, convocado a la Asamblea Nacional en esta semana, ofrece una radiografía de lo que está pasando: con preocupación mencionaba que dispone de 1600 agentes de seguridad cuando debería tener 4000; esto, solo horas antes del último suceso en donde se conoce que hasta ahora existen 21 fallecidos y una mujer policía violada en el interior de un centro penitenciario.

Según datos oficiales, se conoce que el Ecuador registra 38 mil personas en las cárceles del país. Otros datos e investigaciones periodísticas, alertan acerca de que el sistema carcelario se viene deteriorando sistemática y aceleradamente desde años atrás. Por lo tanto, la intención de que los centros penitenciarios sean lugares de readaptación social del recluso, y operen como centros de educación integral, además de cumplir condenas, es un imposible.

Expertos en derechos humanos, creen que la crisis carcelaria tiene su origen alrededor del 2017 y ubican al año 2018 como aquél en donde se agrava esta crisis, debido a que, en ese año,  el índice de hacinamiento llegó a un 36%, constituyéndose en el más alto registrado. Esta situación, irremediablemente provoca graves problemas como sobrepoblación penitenciaria, enfermedades, violencia, insalubridad, falta de acceso a los servicios básicos y, por supuesto, falta de seguridad para los reclusos. El hacinamiento, además, opera como el mayor incentivo para la creación, y fortalecimiento de las bandas internas que están operando como escuelas de crimen y tráfico de drogas y que, además, siguen delinquiendo mediante sus contactos afuera.

Los datos del 2018 sin duda alertaron sobre la olla de presión que se estaba creando en las cárceles ecuatorianas y era allí donde debieron tomarse las primeras acciones, que por fuerza tenían que ver con el sistema carcelario mismo.

Con esos datos en la mano era clave una acción responsable y rápida del gobierno para determinar de forma prioritaria, por ejemplo, los factores de riesgo que en un ambiente de hacinamiento conducirían a generar más delincuencia.

Hay varias cosas que se deben hacer. Es urgente reforzar el personal que trabaja en la seguridad de las cárceles y, de igual forma, invertir en el fortalecimiento del SNAI. Se necesita también una buena reforma del sistema penitenciario en su conjunto y para todo ello es preciso que el gobierno asigne los recursos necesarios para lograr este objetivo. Es vital que el gobierno invierta en el mejoramiento del sistema carcelario en su conjunto.

Aunque suene impopular, la situación de los reclusos también es un problema de derechos humanos y hay que tratarlo como tal, generando condiciones para que quienes lleguen a esos centros carcelarios, puedan tener la posibilidad de rehabilitarse de alguna forma. No hay que olvidar que la misma Constitución señala que las personas privadas de libertad son un grupo prioritario porque están bajo la tutela del Estado. Esta afirmación  demuestra que es responsabilidad del Estado todo lo que pase con ellos.

Lo ocurrido en las cárceles en estos días está diciendo que esta olla de presión puede estar a punto de estallar y de la peor manera. Por lo tanto, es urgente tomar en serio estas señales, tomar al toro por los cuernos desde lo institucional.  Y desde lo social ir entendiendo que la criminalidad siempre tiene su base en problemas estructurales que generan exclusión como la pobreza, la falta de educación, la indolencia, corrupción, drogadicción, etc.

Si el problema no se afronta seriamente, el sistema carcelario seguirá siendo un agujero negro y los problemas de las cárceles seguirán siendo ellas mismas.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

1 Comment

  1. Recuerdan cunado en Turi ( Cuenca) la policía hizo una requisa los derecho humanos se quejaron amargamente indicando que los policías habían ofendido a los angelitos incluso utilizaron palabra de alto calibre para sus virginales oídos, un jefe de policía fue removido, entonces que esperaban que suceda?

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