Más empleo para todos

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Las estrategias de recuperación económica que el país hoy necesita con tanta urgencia, requieren de un seguimiento cuidadoso respecto de varios indicadores. Y para recuperar la senda de crecimiento económico no basta con pedir seguridad jurídica para invertir. Esa, que es la condición previa de todo negocio, en este caso no alcanza. Ecuador debe además desarmar los nudos gordianos institucionales y regulatorios que impiden que pesar de que se garantice reglas claras y surja la confianza para invertir por parte de los agentes económicos, el país no crezca ni genera el empleo que tanto se requiere.

Uno de estos grandes nudos, es la creación de empleo y la necesidad de contar con un régimen laboral actualizado, pues el vigente de 1938, estuvo gestado para el siglo pasado entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, es decir para un país que hoy ya no existe. Un régimen regulatorio que surgió para mediar entre la confrontación entre entre capital y fuerza laboral es ineficaz no solo a la luz de un régimen de garantías vigentes que impiden la explotación laboral y cualquier forma de abuso, sino a la luz de la economía de servicios globales que distan mucho de la típica fabrica de empleados. Hoy los recursos humanos son vistos como uno los activos más significativos de las nuevas estrategias corporativas, y en consecuencia, cuidados y resguardados.

Pero el tema del empleo en el Ecuador es realmente acuciante. Y uno de los resultados visibles de esa falta de adaptación es que solo un 32.1% de los ecuatorianos tiene empleo adecuado de acuerdo a las cifras de la Encuesta Nacional de Empleo. Algo que desdice de cualquier sistema de derechos que se precie de garantizar trabajo digno a sus ciudadanos. De ahí que la obligación primordial conjuntamente con reactivar el aparato productivo es incrementar el empleo adecuado.

Pero eso lamentablemente no sucederá mientras no se actualicen las instituciones laborales para las condiciones laborales del siglo 21. Si seguimos así los derechos consagrados en la Constitución y el Código del Trabajo serán solo para el 32.1% de afortunados que hoy tienen empleo. ¿Y el resto? ¿El resto de jóvenes que se gradúan de las universidades o institutos cada año no merecen la misma suerte? Hoy ellos, corren la misma suerte que los jubilados aún en edad productiva que quieren volver a trabajar y no pueden insertarse por estos rígidos esquemas de contratación. A ellos la jubilación patronal además les juega un flaco favor para continuar en una empresa. En ese grupo de desventaja también están miles de madres profesionales que quieren volver a trabajar medio tiempo para cuidar a sus hijos el resto del día. Y como estos, existe un sinnúmero de ecuatorianos y ecuatorianas para los cuales este régimen laboral estrecho y caduco priva de oportunidades laborales todos los días.

Hoy se requieren flexibilidades de distinto tipo, tanto para el empleador como para el empleado. Respecto del lugar del trabajo, respecto del tipo de herramientas, respecto del entorno educativo y, también, respecto del tipo de contrato que regirá las relaciones entre las dos partes. Si algo ha dejado claro la pandemia luego de más de uno año de trabajo remoto, es que la posibilidad de adaptación y flexibilidad es posible. Muchos trabajadores no necesitarán oficina física en el futuro debido al grado de interconexión tecnológica y muchos no la querrán tampoco, -especialmente la generación millennial-, que prefieren no estar atados a compañías por el resto de la vida esperando una jubilación. Ese mundo del Código Laboral ya no existe.

Lo que si existe es un entorno de exclusión y pobreza, por la falta de condiciones estructurales para aumentar el empleo ligado a las oportunidades de educación de los nuevos trabajadores y profesionales. Y para atacar el problema de exclusión y pobreza hay que garantizar entornos productivos inclusivos que puedan captar la mayor cantidad de capital humano. Para eso hay que reformar las normas laborales, porque lo que espera Ecuador hoy es más empleo para todos.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria. 

2 Comments

  1. El problema por el cual no se genera empleo es que LA LEGISLACIÓN SOCIAL Y ECONOMÍA DEL ECUADOR NO ES COMPATIBLE CON LA DOLARIZACION. En el año 2000, en que el Ecuador de manera forzada y como una media in extremis adoptó el dólar como medio de pago, se debió realizar cambios profundos en su legislación, en especial la laboral, que como bien lo ha dicho la autora del artículo, se enmarca en la lucha de clases sociales y por tanto ya para el año 2000 era anacrónica. La la legislación laboral ha convertido al trabajador en una grave carga para las empresas por cuánto contratarle conlleva un elevado contingente para los empresarios que se hace visible en épocas de crisis. El contingente es tan alto como que las reservas para jubilación y desahucio reales son mayores que el patrimonio de muchas empresas, por lo que en la práctica los trabajadores ya son más dueños de las empresas que sus mismos socios o accionistas, y sin que tengan las mismas responsabilidades que estos último.
    En este momento miles de empresas que por efectos de la crisis económica están al borde de la quiebra, están librando una dura lucha en los tribunales de justicia, respondiendo a draconianas demandas laborales. Para muchas empresas las reservas para jubilación patronal y desahucio más el patrimonio no alcanza para satisfacer estas demandas, por lo que sus accionistas, socios y representantes legales tendrán que responder con sus patrimonios familiares. En este contexto ningún emprendedor que tenga un poco de sentido común, querrá correr el riesgo de contratar trabajadores en las condiciones del actual código de trabajo. Esta situación, tiene un efecto muy grave sobre los fondos de jubilación del IESS, puesto que al limitar la generación de empleo, habrán menos trabajadores que aporten a la seguridad social.ñ, con lo cual otro sector afectado será el de los jubilados. En conclusión, negarnos a ver esta realidad y realizar los ajustes necesarios,as temprano que tarde, terminará afectándonos a todos los ecuatorianos.

  2. Por supuesto que sería bueno tener más inversión, tanto nacional como extranjera. Pero la inversión no va a llegar al Ecuador en un futuro cercano.

    Veamos…

    En este año, el Ecuador ha hecho noticia en el ámbito judicial mundial:

    1. Raymond Kohut, ex-representante de Gunvor, una de las mayores empresas comercializadoras de petróleo en el mundo, se declaró culpable de haber sobornado a ejecutivos de Petroecuador. Kohut colaboró con el FBI para reunir evidencias en contra de todos los involucrados. Entre los involucrados estaba, nada más y nada menos que…. el Contralor General del Estado Ecuatoriano, Pablo Celi.

    2. Perdimos varios juicios contra empresas multinacionales, por haber expropiado sus bienes o por incumplimiento de contratos.

    3. Esta semana, el abogado estadounidense Steven Donziger, famoso por haber liderado el juicio de Ecuador contra Chevron por la contaminación en la amazonía, fue encontrado culpable de seis cargos de desacato criminal en Estados Unidos, especialmente por negarse a entregar su computadoras y teléfonos celulares, donde habría evidencia de que sobornó a jueces ecuatorianos.

    4. Varios jueces ecuatorianos que emitieron resoluciones inverosímiles (caso Yunda, Bucaram) han sido suspendidos y se encuentran bajo investigación.

    5. Han ocurrido dos matanzas brutales en las cárceles ecuatorianas, por conflictos entre diversos grupos mafiosos.

    ¿A qué viene todo esto?

    Simple:

    El Ecuador AHUYENTA la inversión LÍCITA, no solo por los impuestos ni por las leyes laborales, sino principalmente por el comportamiento descarado del gobierno Y DE LA JUSTICIA!!! Mientras esos factores no cambien, ningún inversionista que esté en su sano juicio va a poner un centavo en el Ecuador.

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