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Defensoría del Pueblo: el otro bodrio correísta

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La Defensoría del Pueblo es famosa. Su máximo dirigente, Freddy Carrión, está preso y la Fiscalía General lo acusa de abuso sexual. ¿Inverosímil? Sí. Y no es la única sorpresa en este capítulo en el que Zaida Rovira y Tania Castillo (en la foto) se disputan a dentelladas reemplazar a Carrión: las dos dicen ser la Defensora Subrogante legalmente designada.

La Defensoría, como está concebida en la Constitución, debe ser, sin miedo a equivocarse, el segundo mayor bodrio correísta, después del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Basta leer los artículos 214 y 215 para darse cuenta de que su ámbito de acción es tan amplio como Internet y tan etéreo como sus intenciones. “Protección y tutela de los derechos de los habitantes del Ecuador (…)”. “Patrocinio de las acciones de protección, habeas corpus, acceso a la información pública, habeas data, incumplimiento, acción ciudadana y los reclamos por mala calidad o indebida prestación de los servicios públicos y privados”. “Emitir medidas de cumplimiento obligatorio e inmediato en materia de protección de los derechos” (…) “Investigar y resolver, en el marco de sus atribuciones, sobre acciones u omisiones de personas naturales o jurídicas que presten servicios públicos”… “. Ejercer y promover la vigilancia del debido proceso, y prevenir, e impedir de inmediato la tortura, el trato cruel, inhumano y degradante en todas sus formas”. Es decir, todo. Y nada.

¿Qué hace, entonces, este organismo que tiene 1093 funcionarios y gasta alrededor de 12,5 millones de dólares por año? Redactar boletines. Es una fábrica de comunicados, pronunciamientos, exhortos que convierte a sus miembros en activistas metidos en cosas inimaginables. Muchas de sus acciones son politiqueras y populistas sin remedio y sus miembros se inscriben, y sin que tengan que dar cuentas a nadie, en el campo de la vieja izquierda.

Recorrer las redes sociales de la Defensoría del Pueblo es lo más parecido a extraviarse en un concurso de disparates. La Defensoría del Pueblo exhorta al  gobierno “a declarar de uso público la infraestructura de clínicas y hospitales privados para afrontar la emergencia sanitaria”. A declarar “el estado de excepción y disponer el aislamiento general obligatorio, por al menos 15 días, para evitar más muertes por Covid”. Presenta ciudadanos de lugares donde hay condiciones deficientes o carecen de servicios básicos. Pide al Estado pagar sus deudas. Aplicar la vacuna contra el Covid… Todo. Cualquier cosa.

Y como el país está lleno de problemas, deficiencias y carencia de servicios, la Defensoría se queja y reclama. Es un ejército de funcionarios pagados para decir obviedades, pedir imposibles y tomar partido por todos aquellos que disparan sobre el Estado defendiendo posiciones de ultraizquierda. Esto ocurrió, por ejemplo, durante el ataque contra Quito en octubre-2019 por parte de Jaime Vargas, Leonidas Iza, los correístas y sus aliados. De hecho, la Defensoría de Carrión, tras aplaudir a los agresores de Quito, creó una comisión para indagar lo que ocurrió y publicó un informe que fue rechazado por todas las instituciones a causa de sus imprecisiones y sesgos.

¿De qué sirve una Defensoría del Pueblo que, además de obsesiones ideológicas, es un organismo sin un mandato constitucional limitado y concreto, que goce de una verdadera independencia de los poderes y que responda institucionalmente por su gestión? En este punto, se podría analizar el caso español. Lo que aquí hay diseñado es un ejército de activistas, metidos en miles de temas, que publican miles de comunicados y cuyo perfil no crea institucionalidad, pero es apetecido por sus creadores, los correístas y sus aliados.
Su capacidad para hacer bulla, y hacerla a nombre de los derechos humanos (que solo aplican para ellos), es de una relevancia política que solo ellos aquilatan. Eso explica la guerra que hay para alzarse otra vez con ese organismo pagado por el Estado para servir los intereses ideológicos de la vieja izquierda.

Foto: Fotomontaje 4P. 

10 Comments

  1. si Lasso no tiene los wuevos suficientes para hacer una consulta y para eliminar esas instituciones que no sirven para nada y son cuevas de burócratas vagos y correistas, está jodido.
    Terminará su período como uno más del montón; y, pasará lo que le sucedió a Macri en
    Argentina.

  2. En mi opinión esta dependencia debería llamarse solo defensoría al usuario en materia de servicios básicos, donde si son parte, ya que, en casos de VIGILANCIA DEL DEBIDO PROCESO, NO APORTAN tan siquiera con un escrito de exhortación al evidenciar alguna irregularidad, menos aún les importa dar un INFORME FINAL de lo que han «vigilado» ni tampoco forman parte como para llevar el nombre que se indican en un logotipo, porque de DEFENSORIA no tienen nada, menos de DEFESORES del Pueblo, con ciertas excepciones de funcionarios que tienen la vocación pero están sentado en un elefante dormido; empezando que por años los pobres mayorcitos y personas con limitaciones de movilidad han tenido que ser maltratados al tener que subir obligadamente hasta un «sexto o séptimo» piso por las escaleras, ya que siempre se escuchan decir que están dañadas o en reparación, pero viendo de cerca, lo que creo es que es con el propósito de que nadie persevere en su intento por siquiera ser atendido.

  3. Una institución que no sirve para nada, en dos ocasiones que acudí ahí, nunca me dieron resultado, y todo con divagaciones que resultaron perdida de tiempo, y que cueste tanto para mantener ineptos, NO ES JUSTO su funcionamiento ni su existencia

  4. En dos ocasiones tuve la (mala) ocurrencia de pedir protección a la Defensoría del Pueblo. La primera (2010), en reclamo por un producto que había adquirido en un establecimiento comercial y que salió defectuoso (la Defensoría tenía entonces -y quizá siga teniendo ahora- la competencia de la Defensa de los Consumidores); la segunda (2012), un reclamo contra una institución educativa superior cuyos títulos dizque de tercer nivel sólo eran reconocidos por la Senescyt como Tecnologías (segundo nivel). En ambos casos recurrir a la Defensoría del Pueblo fue una pérdida absoluta de tiempo. Ni sabían cómo actuar, ni -al parecer- contaban con las herramientas legales como para obligar a los perjudicantes siquiera a presentarse a rendir su versión para iniciar el procedimiento. Una institución totalmente inútil.

  5. ASÍ ES , UNA INSTITUCIÓN CONCEBIDA , CUANDO NO , PARA SERVIR LOS INTERESES DE LOS SEUDO REVOLUCIONARIOS , O MEJOR TODAVÍA DE LOS » PROGRES «

  6. La Defensoría del Pueblo es como el perro del hortelano ni come ni deja comer. Fue una pésima idea la creación de este monstruito… por el cual ya se disputan dos damas

  7. ¿La Defensoría del Pueblo, otro bodrio? Se puede añadir otro epíteto más a su funcionamiento. Sin embargo, creo que es necesario comprender que según las experiencias políticas contemporáneas las Defensorías del Pueblo constituyen un elemento más de extensión y profundidad del populismo en las sociedades contemporáneas. Ellas inciden y reproducen aún más la atmósfera del populismo que respiramos y al mismo tiempo tienden a destruir toda forma de institucionalización del Estado y de la política.

  8. Hay algo que nunca entenderé, ¿cómo el Consejo de Participación Ciudadana de Transición pudo haber calificado y designado como Defensor del Pueblo en un concurso de merecimientos y oposición, a un individuo que tenía claros antecedentes de agresión a la mujer, según consta denuncia en uno de los juzgados?, lo digo independiente de que este señor ciudadano, en el ejercicio de su función como Defensor del Pueblo fue un correísta empedernido, defensor a ultranza de los terroristas y sediciosos que en octubre de 2019 destrozaron sectores importantes de Quito, asaltaron los pozos petroleros de la Amazonía, asaltaron las principales plantas de agua potable de Ambato, dejando sin este servicio básico a buena parte de la Ciudad, incendiaron la Contraloría y Teleamazonas, y una cantidad de delitos que socavaron la paz social y la economía del País.

    Este individuo no puede volver a ponerse al frente de este organismo mal llamado Defensoría del Pueblo, que no defiende al Pueblo, sino a los infractores de la Ley, porque su accionar ha sido ideológico y no en defensa de los intereses ciudadanos.

  9. El mamotreto de Montecristi está repleto de barbaridades. La parte dogmática es una fanesca incomprensible: sumak kawsay, ciudadanía universal, derechos de la pachamama, educación superior gratuita, justicia indígena, obligación de dar trato prioritario a un montón de grupos sociales, etc etc etc. Es como un arbolito de navidad: lleno de regalos para todos. La parte institucional fue diseñada para que Correa y sus amigos conserven el poder eternamente: eliminación de las elecciones de medio período, control de todas las funciones del Estado, participación «ciudadana» dirigida por el Estado, control de los medios de comunicación, etc.

    Es lamentable que Guillermo Lasso se enfoque en uno o dos asuntitos (aquellos que les interesa a sus amigos) y se niegue a entender la importancia de botar el mamotreto de Montecristi… completo… al tarro de basura.

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