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La victimización como respuesta

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Cada vez empieza a ser más común utilizar el argumento del racismo, machismo, sexismo o cualquier otro “ismo” para dar respuesta a las críticas o acusaciones que se vierten sobre actores políticos o personajes públicos. La victimización se ha convertido en la forma más efectiva que han encontrado ciertos actores políticos de desacreditar una acusación sin tener que dar una explicación que en la mayoría de las ocasiones no existe.

Uno de los casos más emblemáticos de victimización en estos últimos tiempos es el del alcalde – o ex alcalde según se vea – Jorge Yunda. Sobre Yunda pesan graves acusaciones de peculado, tráfico de influencias, fraude procesal y un largo etcétera, todo ello sin contar con el abandono en el que tiene sumido a la capital por aferrarse a su cargo, sin embargo, en lugar de responder a dichas acusaciones, Yunda ha optado por culpar al clasismo o racismo de las élites quiteñas de todo aquello de lo que se lo acusa. De ese modo Yunda ha intentado –sin éxito alguno– convertirse en el abanderado del pueblo quiteño, de los barrios del sur de la capital y esgrimir que el único motivo por el que quieren su salida es por no ser parte de lo que él denomina las élites o la clase alta de la capital. La victimización es la respuesta fácil ante su manifiesta ineptitud y presunta corrupción.

La presidente de la Asamblea Nacional, Guadalupe Llori, también adoptó ese libreto. Fernando Villavicencio denunció el proceso de contratación de vehículos de alta gama que está llevando a cabo la presidente de la Asamblea con la finalidad de renovar el parque automotor de las autoridades de la Asamblea. En tiempos de pandemia y con una crisis económica gravísima, al parecer, Llori considera prioritario adquirir automóviles de alta gama para que ella y las demás autoridades de la Asamblea se puedan movilizar. Llori, en lugar de explicar el proceso de contratación o desistir del mismo, dijo que la denuncia era producto del “odio, discriminación y violencia contra una mujer amazónica”. Es imposible entender cómo una denuncia de ese tipo puede estar vinculada con su etnia o sexo, sin embargo, una vez más, la victimización fue la mejor respuesta contra esa acusación. ¿No sería más sencillo demostrar que no se había iniciado procedimiento alguno o, en su defecto, desistir del proceso? Era lo más sencillo, pero, tal vez, no era lo más rentable políticamente.

Lamentablemente, no sólo los políticos se victimizan, sino que algunos periodistas creen que la libertad de expresión –ahora que la pueden ejercer sin consecuencias– les da patente de corso para decir cualquier cosa sin que puedan ser cuestionados. Alondra Santiago, periodista que es parte del panel del programa radial dirigido por el ex prefecto Jairala, entrevistó al presidente de la Conaie, Leonidas Iza, y tergiversando las palabras del presidente Lasso le llegó a insinuar que Lasso lo había tratado de “rico, contrabandista o narcotraficante”. Cuando fue cuestionada por su falta de profesionalismo, se escudó en su condición de mujer periodista que puede ejercer su libertad. En lugar de demostrar que sus dichos se correspondían con la verdad –cosa que no era así– o rectificar, recurrió a la victimización por su condición de mujer y extranjera.

Es indiscutible que muchas personas –incluidas las mencionadas anteriormente– en algunos casos han sufrido ataques por su raza, género, sexo, orientación sexual, condición migratoria, etc. No se trata de negar estos ataques, sino de separar la paja del trigo de tal forma que los personajes públicos no recurran siempre a la victimización para evitar rendir cuentas a los ciudadanos.

A los actores políticos y personajes públicos se debe exigir que respondan con argumentos a los cuestionamientos o acusaciones que se formulen por sus acciones u omisiones, indistintamente de su condición. No podemos tolerar que su única respuesta sea la victimización.

Ricardo Flores es abogado.

5 Comments

  1. Cuando se sienten descubiertos en sus maniobras corruptas, por lo general los representantes políticos, recurren a la santidad y a la victimización. Esta forma de actuación se fundó con el ejército de correistas y su robos, todas las sentencias que han recibido las transforman en persecución, cuando todos ellos son presas de sus propias fechorías. Los ecuatorianos nos preguntamos como es que la Ley no tiene forma de condenarlos porque los actos que cometen no fueron enunciados en los articulados, o es que cada vez sus maniobras son tan exclusivas, y no calzan para ser sentenciados y hace falta una reformatoria de la Ley y se vuelve a poner en manos de la asamblea viciada de todo, hasta de tener asambleistas que pregonan a grito pelado con microfono en mano que se robe bien.

  2. Así resulta !!!!! Ahora en el país , cualquier persona que comete tropelías y debe responder por estas , no encuentra mejor argumento que la victimización . Este lloriqueo debe terminar y los responsables de cometer ilegalidades deben ser sometidos a la justicia .

  3. Estos politiqueros deben aprender a ser honestos, cualquier persona con atributos éticos puede triunfar sin victimizarse.

  4. La victimización es un recurso pobre y miserable por donde se vea. Tiene la pretensión de elevar a opinión una narrativa que es sencillamente estúpida con el fin de librarse de la incomodidad que produce la convocatoria a la razón. La victimización es parte de la perversa infantilización de la sociedad que resalta principalmente los derechos y el supuesto estado de indefensión que tendría una persona o un grupo por su condición natural (mujer, indígena, etc.). Coincido, cero tolerancia con la estulticia.

  5. Ser mujer, indígena, gay, negro y entre otras cosas que no me acuerdo se está volviendo un negocio político muy rentable. Algunas serán mujeres según su narrativa victimista pero tienen buen trabajo y ahorros, tienen puestos altos en el estado o tienen la bendición estudios en las mejores universidades. Lo mismo con el resto. La igualdad tiene sentido mientras eso les permita trabajar en una oficina con aire acondicionado por no más de 8 horas y con buen sueldo pagado de todos los ecuatorianos. Y como se ha visto, también esto de ser mujer o lo que sea no es más que una estrategia de manipulación para salir impunes si son sujetos a control o tienen que dar respuestas a sus gestiones por corrupción o apología al delito como en este caso. Ya es el colmo de la inmoralidad política aprovecharse de la gente con dificultades para beneficio propio. Luego estos «roben bien» son vendidos como ejemplo de nada por sus genitales. Lo que merecen es salir del puesto que sus votantes les regalaron.

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