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La Asamblea no sabe que la nueva LOES tiene dos etapas

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La semana pasada el presidente Guillermo Lasso fue hasta la Asamblea para entregar una reforma a la Ley Orgánica de Educación Superior, LOES. ¿Qué se puede esperar del proyecto? ¿Qué cambia? ¿Mejora la educación superior del país o solo es el cumplimiento de una oferta de campaña para que los jóvenes puedan escoger su carrera favorita? 4P conversó con Joaquín Hernández, rector de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo, UEES, de Guayaquil.

A primera vista, es evidente que el proyecto de reforma a la Ley Orgánica de Educación Superior pone el énfasis en la libertad de los jóvenes para escoger sus carreras y en la autonomía de las universidades. ¿Dónde quedan las reformas para elevar el nivel de la educación superior?
Es importante hacer notar que lo que ha hecho el presidente es recoger la demanda de estudiantes jóvenes y de mediana edad que no encuentran acceso a la Universidad, por la complejidad no solo del proceso de ingreso sino por los problemas de pertenencia dentro de la misma universidad. Porque se puede entrar a primer año y salir en el segundo. La propuesta del presidente es políticamente correcta. Lo que ha hecho es decir a esos jóvenes, estos principios que a mí me parecen básicos son los que ustedes tienen que incorporar como cuestión de fondo.

¿Y el tema de la calidad de la educación?
No aparece expresamente en este proyecto, pero tampoco podríamos decir que está negado. Si hubiese un vocero del gobierno explicaría que eso es lo que va a ser formulado en el proyecto más grande que se presentará dentro de un año, cuando esté conformado el Consejo de Educación Superior transitorio. Es decir, ahí vendrá el cómo se va a conseguir la calidad y qué otras necesidades se van a requerir como, por ejemplo, emparejar la formación de los colegios con la formación de las universidades. Ciertamente no está negado, pero no está dicho.

Se habla de una declaración de principios que suena al cumplimiento de una oferta de campaña. ¿No es populista hablar de libertad para escoger carreras y entrar a la universidad sin proponer cambios estructurales para que mejore el nivel de la educación superior?
No, creo que va más allá: está tocando principios fundamentales de la universidad y más aún hay artículos específicos que reforman el sistema. Por ejemplo: se hace énfasis en la autonomía académica y se le quita al Consejo de Educación Superior la facultad de aprobar carreras y programas de posgrado. También se quita al Consejo de Educación Superior algo que le otorgó el correísmo: volverse una especie de segundo SRI para las universidades particulares por aquella famosa pretensión de controlar el fin de lucro. El artículo sobre el fin del lucro ha sido removido y cambiado.
Evidentemente sí hay temas que ponen el pie en la tierra pero no en una forma exhaustiva ni sistemática. Insisto: en menos de un año viene la segunda parte que, se supone, habrá consensuado este nuevo Consejo de Educación Superior transitorio con la Asamblea y los diferentes actores sociales. No creo que haya populismo porque el presidente tiene que responder a la demanda de campaña y porque, además, el problema de los jóvenes que no encuentran una universidad puede afectar la estabilidad del régimen.

¿Hasta que esté lista esa segunda parte no habrá graves problemas para las universidades que tendrán que aceptar un mayor volumen de estudiantes?
Creo que sí y de allí la urgencia que tiene el gobierno de aprobar a la mayor rapidez posible el conjunto de reformas a la Ley Orgánica de Educación Superior que debería ser enviada en hasta ocho meses. Ese es, efectivamente, el peligro porque hay muchas cosas que no han sido tocadas y que podrían crear una contradicción dentro del sistema.

¿Qué cosas serían esas?
Adicionalmente a la necesaria desregularización, hay dos cosas que deberían ser integradas como conceptos. Una, la diversidad. En el mundo el sistema universitario es diverso, y lo que ha pretendido la Ley Orgánica de 2010 ha sido una universidad basada en un modelo de universidad pública, estatal, convencional, centrada en la investigación, altamente burocratizada, con unos órganos de control que creen que la calidad académica es sinónimo de número requisitos, lo cual es una verdadera atrocidad en el siglo 21. No solo es necesaria la libertad académica sino lo que tiene que ver con administración y gobernabilidad.
El segundo es la internacionalización, porque el problema no es que vengan dos profesores de Oxford o de Palermo y den clases en una maestría. El tema de la internacionalización es la participación en espacios académicos continentales donde puedan conseguirse dobles titulaciones, becas, giras y proyectos de investigación en conjunto. En eso, la universidad ecuatoriana padece un control férreo que evita este tipo de internacionalizaciones. Tenemos que participar en espacios comunes, como el espacio común europeo de educación: una persona que inicia una carrera en París puede terminar una maestría en Praga.
Lo que ha ocurrido en el decenio anterior es que proyectos de investigación comunes entre universidades se han demorado hasta cinco años porque preocupa a los señores de los órganos reguladores que haya tal o cual número de profesores extranjeros o nacionales. La universidad se quedó en un modelo caduco y rígido. El proyecto del presidente no tiene la definición de qué universidad es la que se va a construir, pero creo que la diversidad y la internacionalización son los pilares que contribuyen, junto con la autonomía y la libertad, para que este nuevo edificio se construya.

¿Se ha comunicado bien que este proyecto que presentó el presidente Lasso es únicamente una primera pieza de un proyecto más grande que llegará, según usted dice, en alrededor de un año?
Sí y no. Por un lado, sí fue anunciado: el presidente en la reunión de Carondelet donde estuvimos todos los rectores de universidades convocados nos dijo claramente que este proyecto de una nueva LOES iba a tener dos etapas. Alejandro Ribadeneira, secretario del Senescyt, lo confirmó al final de la sesión. Pero no se les explicó a los asambleístas. Y eso es grave porque en la Asamblea hay por lo menos nueve proyectos de educación superior que están en la Comisión de Educación. El primero en la lista es de la señora Viviana Bonilla que quería castigar a las universidades por lo que consideraba lucro en las actividades de posgrado. Si no se explica a la Asamblea de lo que se trata es muy difícil que salga algo coherente.

Con el agravante de que en la Comisión de Educación, el gobierno no tiene ni un solo integrante…
Así es. Otro tema que el Gobierno tiene que liderar es el del nuevo Consejo de Educación Superior transitorio: de cómo se apruebe puede depender todo. Insisto, aquí se necesita un portavoz y un operador del Gobierno que explique, haga consensos y cree las dinámicas para que este proyecto pase con la  mayor celeridad posible y salga sin volverse una colcha de retazos donde se destruya su estructura conceptual.

¿Se evita el surgimiento de las universidades de garage?
Tenemos que dejar atrás los temores de que vamos a volver a las universidades de garage. Lo que tenemos que hacer es instituciones diversas que se guían por su propia misión y júzguenme de acuerdo a eso en diez años. La universidad del futuro es cada vez menos vertical, menos controlada, menos burocrática pero capaz de dar cuentas en aquellas cosas fundamentales. Y para eso tiene que estar en ligas internacionales y no quedarse en ámbito nacional.

Esta entrevista se publicó ayer, 22 de agosto, en el boletín dominical de 4P. Si desea recibirlo, suscríbase por favor gratuitamente aquí: GPS4P.

Foto: El Universo.

2 Comments

  1. Solo por curiosidad, en el ultimo ranking internacional de Universidades, en que puesto se ubica la UEES? Para hablar de estos temas hay que llamar a rectores, de universidades que internacionalmente han demostrado excelencia, hasta donde nuestra realidad lo permite.

  2. «…una persona que inicia una carrera en París puede terminar una maestría en Praga». Muy cierto. La Comunidad Europea unificó sus sistemas de educación. Así, en España, que no otorgaba el PhD para el doctorado, hoy sí lo hace. Es decir, adoptaron el sistema anglosajón para toda la comunidad europea.
    Aquí en el Ecuador, deberían empezar por definir qué mismo quieren. En la Ley de Educación Superior del 2000, se define como Tercer Nivel los títulos de licenciado y «todos los que habilitan el desempeño de una profesión». Y la Ley del 2010 «mejoró» ampliando con una serie de conceptos. Deberían saber que en otros países la LICENCIATURA es para todas las carreras que en nuestra Ley son catalogadas como TERCER NIVEL. (Aquí se cree que la licenciatura es solo para los de CC.EE. y de alguna otra, como Administración. Un connotado político preguntaba una vez para qué les dan la Lic. a los abogados).
    El requisito de tiempo de estudio para el tercer nivel o licenciatura, debe ser similar para todas las carreras, digamos: 4 años. No puede otorgarse el tercer nivel CON UN AÑO DE ESTUDIOS, como ofertan para ciertas tecnologías.
    El doctorado no puede ser solo el PhD el reconocido (la misión de estos profesionales es la investigación).Por ej., «…en Ciencias», no es igual al PhD. Ni tampoco es correcto que se hable de doctorados de tercer y cuarto nivel. Si solo consultáramos el DRAE: «Doctorado», conocimiento acabado y pleno en alguna materia; «Doctor», persona que ha recibido el más alto grado académico universitario, no haríamos el ridículo.
    «Para participar en espacios educativos comunes» debieran consultar la organización del sistema de EE.UU. o de otros países como México, que sigue el modelo anglosajón. (Que no vayan solo de compras nuestros turistas «jefesazos» de la Educación; que visiten también alguna universidad por curiosidad).

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