Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Un país dividido entre bodas y mendigos

en Columnistas/Influencers4P por

El revuelo causado por una boda en la capital, por un requerimiento insensible sobre mendigos, desató una discusión que sirvió para escrachar a la familia que organizó el evento y a su entorno. Y como se ha visto muchas veces, las redes sociales sirven los propósitos de aquellos que quieren atacar políticamente a sus adversarios instigando cualquier mínima controversia en su contra.

Pero más allá de las redes, la mendicidad es un fenómeno que se encuentra a flor de piel en la sociedad. Se puede apreciar todos los días en inmigrantes que pululan por las calles del país con hijos a cuestas, en viejos olvidados por sus familias y por la sociedad y, muy a menudo, en niños y jóvenes explotados víctimas de un Estado que no responde por ellos.

La mendicidad refleja la profunda exclusión en la que se encuentra el grupo más débil de la sociedad. Pero que no se confunda: este es un fenómeno que rebasa lo puramente económico. Es un fenómeno profundamente ético, psicológico y social, donde opera la desensibilización sistemática hacia el dolor del otro. La gente se ha acostumbrado a gente que necesita ayuda y no la tiene.

Por el lado del mendigo se hace evidente la negación de su propia dignidad humana, pues la deshumanización que sufre lo invisibiliza y le impide demandar mejores condiciones. Pronto aprende los rigores de convivir con extraños, entre extraños, en condiciones precarias e injustas esperando unas monedas para salvar el día. Así la calle acoge a todos aquellos que han fallado. A los caídos, a aquellos que quedaron atrás. A los miserables, a los drogadictos, a los inmigrantes, a una amalgama de excluidos que se han incorporado al paisaje urbano sin mayor alarma para quienes transitan día a día.

¿Qué se puede hacer? ¿Qué salida tiene? ¿Qué debe hacer el Estado?   Posiblemente la mayoría coincidirá que es tarea del Estado acogerlos y reinsertarlos. Sin embargo el Estado está casi tan quebrado como ellos, hoy también hace de mendigo frente a los organismos internacionales y no tiene el sistema social que se requiere para responder a sus necesidades. Y, hasta que el Estado se recupere, sin negar su responsabilidad, se debe promover la solidaridad social. Solidaridad que es indispensable y que pasa por una etapa tremendamente crítica después del ataque sistemático que sufrió durante años de parte del poder.  Cuando, con un discurso maniqueo, fue dividida en tantos pedazos como fue necesario en el ajedrez de los odios y la estigmatización social y el poder quiso volver a todos enemigos para ganar el control. Su pretensión fue convertir a los ciudadanos en seres sin empatía, que solo se reconcilian mediante las políticas públicas. Se rompieron así los lazos naturales y de solidaridad en todo grupo humano. El discurso peyorativo sobre pelucones, hizo el resto.

La solidaridad social se expresa mediante la filantropía y es producto de un deber moral consustancial a la condición humana. Viene del griego “Philantropia” que significa amor a la humanidad. La filantropía entiende que aquellos que más tienen, ostentan un deber de dar que no se agota con pagar impuestos. Y los verdaderos liderazgos construyen amplias bases de solidaridad humana, pues es mediante estos vínculos que se restaura el tejido social y se forma comunidad.

Ecuador debe entender que los graves temas que le aquejan hoy no se resuelven con más políticas públicas que, en un Estado quebrado, son meros “tigres de papel”, sin financiamiento y sin fuerza real. El encuentro ciudadano real pasa por vencer la lógica de la confrontación que dividió al país y reinstaurar la solidaridad social. Y que se sienta la real preocupación de quienes más tienen por todos aquellos en situación de calle.

Que así la próxima vez todos se puedan alegrar de que haya bodas que den trabajo, que no hayan wedding planner insensatos y que todos puedan sentirse orgullosos de proyectar al mundo las imágenes de una bella ciudad sin odios.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria. 

11 Comments

  1. Estimada Doctora, comparto varios de sus puntos de vista, pero no comparto el título de su artículo, por los siguientes motivos:

    LAMENTABLEMENTE, LA MENDICIDAD EXISTE EN TODO EL MUNDO: Para bien o para mal, por cuestiones económicas o vicios, muchas personas viven en la mendicidad en todos los países del mundo. Algunos salen de esta situación, por sus propios medios y/o con ayuda. Otros no logran salir. Una sociedad integral, no puede dejar a nadie atrás, pero se requieren recursos y vocación. El estado no tiene fondos ilimitados, y, quizás no sería justo usar impuestos para resolver problemas de índole personal. Por otro lado, hay instituciones y personas que tienen vocación para apoyar a estas personas. Por lo tanto, lo mejor sería que los escasos fondos que el estado pueda asignar para resolver esta problemática, se entregan a las instituciones que saben cómo ayudar de forma efectiva a estas personas.

    EN TODO EL MUNDO SE HACEN PEDIDOS SIMILARES CUANDO SE TRATA DE EVENTOS O PELÍCULAS, AQUI YA SE HAN HECHO ANTES: Por sentido común, cuando se hacen eventos o se filman películas, en todo el mundo se hacen pedidos similares, por una cuestión básica de seguridad: algunos indigentes andan enviciados, y, otros tienen comportamientos erráticos, que pueden devenir en actos violentos. Ya se hizo un pedido similar cuando se filmó “Prueba de vida” con Rusell Crow y Meg Ryan, o, cuando se casó Antonio Valencia.

    EL PROBLEMA LO CREARON CORREISTAS E IZQUIERDISTAS A ACOMPLEJADOS: En la práctica, cuando la gente de Yunda se enteró del pedido de la planificadora de bodas, con apoyo de cuentas correistas, izquierdistas acomplejados, y, algunos periodistas desorientados, regaron esta tema, planteando la premisa de una supuesta lucha de clases, y, tratando de enlodar al presidente Lasso que no tenia nada que ver, en un evento de carácter personal pagado por perdón privadas.

    En definitiva, la mayor parte del país, que comentó este tema, entendió los hechos como son, y, se sintió contenta, no solo con el evento, sino con el hecho, de que se generó trabajo para algunos negocios y varios ecuatorianos; y, se promociono nuestro país de forma gratuita en varias partes del mundo, gracias a las cuentas de redes sociales de varios de los asistentes (se estiman 200 millones de personas). El hecho de que el correismo y la izquierda fanática, hayan tratado de posicionar el tema de forma equivocada, solo consiguió demostrar sus miserias, su falta de sentido común, y, el nivel de complejos que les carcome.

  2. Imagínese la obra social que se pudo haber hecho con los 70 mil melones que se hicieron humo; sobre todo: TRABAJO, que es lo que dignifica al hombre. ¿Los responsables? Todos aquellos que «no abren el ojo» para dar su voto.

  3. Pobrecitos los scrachados, ellos tan humanos, tan finos, tan socialmente sensibles tan, tan… Y esa novia tan guapa, blanca, extranjera y no importa que sea modelo de una una marca de lencería de segunda. Oh! las memorias del subdesarrollo.

  4. Esta discusión va a durar un poco más, de ahí la gente se va a olvidar, incluso los que ahora furiosamente cargan hacia una u otra persona por distintos motivos e intereses. Sin embargo, la mendicidad va a seguir ahí sin solución, tal vez con apenas un pequeño aliviane de la gente que ayuda que por cierto no es ni el 5% de la gente que ahora se hace la buena. La discusión debería ser más profunda, la pobreza es el reflejo de un país atado a la corrupción e incompetencia del estado y de la falta de crecimiento potenciado por modelos fracasados que se quedan sin recursos a medio camino. No necesariamente es un problema entre ricos y pobres, los políticos siempre están de por medio siendo también el resultado de sus acciones. Estos además con sus supuestos bonos sociales no terminan más que formando clientes entre los más necesitados. Quedarse en la superficie de la discusión sin encarar los motivos escondiendo los resultados eso es lo que sucede ahora. Y todo para sacar visibilidad en Twitter y funar a su antojo. De hecho se nota que la última prioridad de estos es la mendicidad, lo primordial es obtener atención.

    Otra observación, los ofendidos que ahora se hacen las buenas personas definitivamente no soportan la riqueza, el límite de recursos que deben tener las personas para considerarlas tal es muy bajo. Y en esa gente tendríamos que confiar para hacer crecer al país, para hacerlo más rico? Si el orgullo de muchos es que la gente dependa de ellos y lo puedan sacar en cara. Su sueño absurdo de la igualdad siempre termina en igualdad de pobreza para todos, pero siempre alguien termina con todos los recursos y en teoría este sujeto debería repartirlo muy bien entre todos, cierto? Tampoco sucede esto. Ahí queda la ridiculez de los vagos de Twitter.

  5. La resignación es un producto que como cualquier droga duerme a la gente, duerme su conciencia. La economía tiene que crecer constantemente, no importa que las personas de las calles vean que ese bienestar, como la boda de ensueño que vivimos hace poco, no les ha llegado a sus hijos. Resignación cuando los pueblos que tienen problemas no son rebeldes. El que tiene que comer todos los días no puede darse el lujo de perder un día de trabajo. La gran culpabilidad es de muchos políticos ecuatorianos que comiendo todos los días no han sido capaces de decir basta a esta situación de degradación: mendigos en la calle.

  6. Excelente artículo!

    Mil gracias a la autora por recordarnos que la mendicidad no solamente es un fracaso en términos económicos, sino que refleja la exclusión y deshumanización de nuestra sociedad, dónde cada uno mira por sus intereses, sin importar lo que le pase al resto.

    Apenas por encima de la condición de mendicidad están millones de ecuatorianos y ecuatorianas de todas las edades: sin trabajo, sin poder estudiar, ahogados en deudas. Solo hace falta dar un paso para caer en la delincuencia como única forma de conseguir el sustento diario. Y otro paso para entrar al mundo del crimen organizado.

    Nada de eso se resuelve desplegando policías y militares en las calles… ni retirando a los mendigos para que no aparezcan en las fotos.

  7. Dudo que quienes «escracharon» a la familia organizadora lo hayan hecho porque practican la filantropía y la solidaridad social. Usualmente las críticas insultantes y sobresaturadas de adjetivos, son más propias de quienes practican la misantropía.

      • Análisis limitado. No toca el tema mendicidad en lo profundo. No menciona, por ejemplo, las poderosas mafias que manejan las calles y semáforos en las principales ciudades del país. El escrache mencionado por la articulista fue sistemáticamente realizado en redes sociales por los trolls correístas que utilizan cualquier momento o circunstancia para atacar al gobierno de Lasso. Y como Quito no tiene alcalde… Hasta aquí.

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