Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Al fin megaley y/o consulta popular? 

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El mensaje no está del todo claro. ¿Qué viene ahora? El presidente Lasso dijo, tras haber logrado el 9/100 en vacunación (que no para), que es el momento de la reactivación económica. Ese es el marco. Pero, claro, se entiende que lejos de ser un reto pasajero, la reactivación es todo un programa de gobierno. Se requieren leyes para echar a andar esos procesos que son de largo aliento: recobrar la confianza, atraer inversión, recuperar la producción, crear empleo…

En ese camino, el Ejecutivo ha hecho dos anuncios que podrían no ser contradictorios pero que en boca de sus voceros muestran un Ejecutivo descuajeringado, para usar el verbo que el presidente aplica al país. Uno: el Ejecutivo enviará a la Asamblea una megaley para hacer reformas en los sectores hidrocarburífero, telecomunicaciones, laboral, tributario, energía, obra pública, minas, inversiones… Una ley llamada “Creando oportunidades”. Dos: el Ejecutivo quiere ir a una consulta popular y se realizará sí o sí -dijo el presidente- este año. Se entiende que la consulta contiene temas económicos y también políticos.

Eduardo Bonilla, secretario de Comunicación, dijo a Liz Valarezo, en Teleamazonas, que el próximo paso es la megaley. Y no logró dilucidar, ante sus preguntas, la dicotomía que existe en la comunicación oficial que hace que él privilegie la megaley en detrimento de la consulta que, en términos pragmáticos, el gobierno debería privilegiar.

El interrogante no solo concierne qué va primero y qué va después sino si cabe anunciar, al mismo tiempo, dos iniciativas de ese tamaño y a qué debe atenerse la opinión. La megaley no solo tiene resistencias procedimentales porque algunos asambleístas ya han hecho saber que un proyecto, para ser calificado, debe referirse a una sola materia. Es claro, además, que la composición del legislativo no garantiza, en forma alguna, una mayoría a favor de una iniciativa macro del Ejecutivo. Algunos podrían pensar que pase por el ministerio de la Ley. Pero para ello se requiere mucha gimnasia legislativa empezando por la calificación del proyecto por parte del CAL.

¿Podría enviar el Ejecutivo ese proyecto a la Asamblea pensando en que le sea negado para tener así un piso político que aupe en la opinión la consulta popular? Puede ser. Pero el Ejecutivo estaría, en ese caso, perdiendo semanas preciosas que necesita para promocionar la consulta popular que el presidente anunció para este año. En ese punto, también convendría disgregar las reformas que piensa proponer porque la Corte Constitucional debe calificar las que son enmiendas y las reformas parciales de la Constitución. La diferencia marca terrenos donde la Asamblea podría intervenir, como lo hizo, desastrosamente, la Comisión que presidía Elizabeth Cabezas, con el referendo propuesto por el Comité por la Reinstitucionalización dirigido por Pablo Dávila.

Como se ve, el presidente está ante una disyuntiva en el mecanismo que utilizará para lograr las reformas que diseñarán el cambio que busca para el país. En cada caso, por lo que se sabe, tiene equipos trabajando y no hay entre ellos, al parecer, sistema alguno de articulación. De ahí esta sensación que produce el gobierno de no saber comunicar, a ciencia cierta, hacia qué puerto está remando: mientras algunos ministros o funcionarios hablan de la megaley, otros insisten en la consulta popular.

Los estrategas de la comunicación en Carondelet siguen esa disyuntiva sin atinar a poner el acento donde lo ha ubicado el presidente Lasso: en la ruptura con el statu quo. En la convicción de que si el país se solaza en sus círculos viciosos obtendrá -a cada vez y sin importar el campo- los mismos resultados. El vehículo del cambio (megaley o consulta) es importante y está sujeto a movidas políticas, tácticas y estratégicas, diferenciadas. Pero lo crucial está en otra parte y es inamovible: sacar al país del inmovilismo para reactivar, para producir y combatir la pobreza. Ahí está el norte y el debate de fondo que debería ser común, en este momento, a todas las fuerzas democráticas y republicanas del país.

Lo curioso es que el gobierno, que dice querer el cambio propuesto por el presidente, no lo haya hecho suyo y siga pensando que el cambio está en producir buenos hashtags en su comunicación.

Foto: Presidencia de la República. 

Este análisis se publicó ayer, 13 de septiembre, en el boletín dominical de 4P. Si desea recibirlo, suscríbase por favor gratuitamente aquí: GPS4P.

3 Comments

  1. Las frases de la Presidenta Llory, respecto al chantaje que dice que recibe, en tono aleluya barítono dramático , no cambia la aceptación del 2% de la población para esta Asamblea, por tanto la consulta al pueblo siempre será la prioridad para el gobierno porque es la única forma de: 1) disminuir el número de asambleístas que no sirven para nada, entre corruptos y los que roban bien, 2) Aprobar reformas a la Constitución 2008 que esconde artículos y procedimientos que ponen trabas al progreso y desarrollo del país porque fueron hechos a la medida de los correistas, 3) modernizar el Ecuador, para dar oportunidad a las nuevas generaciones que se están preparando (en carreras STEM: Ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas) pasando por la nanociencia y desarrollo de aplicaciones web, para vincularse a un mundo globalizado en cuyos campos el Ecuador está más que atrasado…

  2. Será que el gobierno de Lasso está dando pasos lentos, pero seguros? o está mas preocupado de esa porquería llamada Asamblea Nacional que sin saber que leyes va a enviar el Ejecutivo ya se ponen de acuerdo entre enemigos políticos para decir NO. Falta dinamismo gubernamental para ir solucionando problemas heredados de gobiernos anteriores

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