Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Qué opinan de estas cifras, señores sindicalistas?

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Aunque la limitadísima convocatoria que han tenido las últimas manifestaciones lideradas por los sindicatos (la primera el 11 de agosto, cuando el actual gobierno no había cumplido ni cien días, y la segunda el 15 de septiembre) deja clara su igualmente limitadísima representatividad, por algún motivo esos grupos, que dicen hablar en nombre de “los trabajadores ecuatorianos”, siguen siendo actores relevantes en el debate sobre las reformas que se deben hacer a la normativa laboral para mejorar los pobres indicadores de empleo. Y aunque muy difícilmente sus voceros estén dispuestos a revisar sus consignas, que tienen mucho de dogma y poco o nada de sustento en datos, no está de más presentar unas pocas cifras que muestran la realidad del mercado de trabajo en el Ecuador y reafirman la necesidad de hacer cambios a una legislación laboral que desincentiva la contratación en el sector formal.

Las cifras están tomadas del reporte de la última Encuesta Nacional de Empleo Desempleo y Subempleo (Enemdu) que publicó ayer el INEC. Según ese reporte, en agosto de este año el 32,4% de la Población Económicamente Activa (PEA, concepto que se refiere a todas las personas de 15 años o más que están trabajando o buscando un trabajo) tenía un empleo adecuado, es decir, percibía ingresos no menores al salario mínimo y trabajaba la jornada legal de 40 horas a la semana, o trabajaba menos horas porque no quería trabajar más. Si bien se trata de la tasa más alta desde que inició la pandemia (lo que reafirma la importancia no sólo sanitaria sino también económica de que se haya llevado adelante un exitoso programa de vacunación), aún está lejos de los niveles previos a la llegada del Covid-19 (en torno al 40% de la PEA), que ya eran bajos.

Pero la composición del conjunto de personas que tienen un empleo adecuado a nivel nacional (2.770.000 en agosto, es decir, casi 140.000 más que en julio y 310.000 más que en septiembre de 2020, primer dato comparable para el período de pandemia) dice más que la evolución de la tasa. En agosto, de acuerdo con las cifras del INEC, el 77,3% de las personas con empleo adecuado trabajaban en el sector formal, es decir, en una empresa o emprendimiento personal que tiene RUC. El 2,3% tenía un empleo doméstico, el 4,3% no estaba clasificado por sector y el 16,1% tenía un empleo informal. (No es necesariamente una contradicción que una persona tenga un empleo adecuado y a la vez sea un trabajador informal. Pongamos el caso de alguien que tiene un puesto de fritadas en la calle: si esa persona, que difícilmente tendrá un RUC, obtiene ingresos al menos iguales al salario mínimo y no está dispuesta a trabajar más horas de las que trabaja, entonces cumple con las condiciones de ingresos y tiempo de trabajo que la clasifican como un empleado adecuado.) Por tanto, aumentar la tasa de empleo adecuado depende principalmente de la creación de nuevos puestos de trabajo en el sector formal, donde las empresas deben afiliar a sus empleados y pagarles al menos el salario mínimo.

Otro dato relevante, sobre todo para los “representantes” estudiantiles que suelen acolitar a los sindicatos en sus manifestaciones: apenas el 8% de quienes tienen un empleo adecuado son jóvenes de entre 15 y 24 años. Por el contrario, las personas en ese rango de edad, que estarían entre las más beneficiadas por una reforma laboral que facilite la contratación por horas, representan el 21,1% de los subempleados y el 35,3% de los desempleados. Algo similar ocurre con los indígenas, por cuyos intereses dice pelear el señor Iza: representan el 11% del total de las personas con empleo (sin importar en qué condiciones trabajan), pero apenas el 5% de quienes tienen un empleo adecuado.

Por último, en agosto el 50,6% del total de los trabajadores estaban en la informalidad. Seguramente muchas de esas personas preferirían tener un empleo formal, lo que en la mayoría de los casos (siempre habrá algunos empresarios tramposos) significa mejores condiciones de trabajo. Cuando, según ha trascendido, el Ejecutivo está próximo a enviar a la Asamblea un proyecto de ley que incluye reformas en el campo laboral, es necesario que también esos trabajadores informales, no solo los mismos sindicalistas de siempre, tengan voz en el debate.

José Hidalgo Pallares es economista. 

8 Comments

  1. Ecuador, entre la irritación y la mediocridad.Las noticias sobre los descontentos los primeros meses de gobierno del presidente Lasso, podrían hacernos pensar que estamos viviendo un caso más de polarización entre los de poncho y sin poncho. Pero es una lectura limitada. Es más importante observar el peso de los errores y la ausencia de liderazgo de Don Guillermo, un ex banquero que luchó por más de 10 años por llegar al poder pero que todavia no olfatea a las aves de rapiña que merodean su gobierno.El futuro, por ahora, se ve más sombrio que esperanzador. Es un costo demasiado alto para uno de los países más golpeados por la pandemia y que arrastra al menos cinco años de inestabilidad política. Así que el gobierno tiene la responsabilidad de responder a las expectativas de sus votantes y desactivar el clima de convulsión y desesperanza. Si la clase politica no entiende o no quiere entender que debemos unirnos para salir adelante no queda otra que la consulta popular o la muerte cruzada. No soy partidario de los gobiernos totalitarios pero si de un gobierno firme y severo con la corrupción, que carcome las bases de una democracia ,y que nos garantice libertad y prosperidad.

  2. Siempre habrá «algunos» empresarios tramposos?.. mmmm… Serán algunos nomas?.. mmm… Sin embargo, punto aparte de mi comentario, muy de acuerdo con el artículo…

  3. Esa gente no lee, solo repite slogans aprendidos hace fúúú y recibe órdenes del jefecito que es quien les «da pensando»; y si el gobierno no hace lo que ellos dicen: «mos de rechazar no más. ¿Cambios, para qué? si así estamos bien».

    • Así es, no hay dato, estadística o evidencia en el mundo que los mueva de su dogmática postura. El fanatismo y la ideología -al igual que un fanático religioso- es lo que los mueve.

  4. Lamentablemente , todos estos datos estadísticos que reflejan la dura realidad del país , les importa un pepino a los sectarios , sediciosos y dirigentes que a nadie representan . Lo único que les interesa es generar el caos , para así lograr su sueño dorado : terminar con nuestra Democracia y llevarnos a un régimen totalitario !!!!!!! . Con la ley en la mano , hay que decirles basta y dejen que el Ecuador progrese en paz y con equidad .

  5. Muy de acuerdo con su artículo. Es inconcebible que los sindicalistas opinen desde la comodidad de sus trabajos y más prebendas, sin tomar en cuenta a los millones de desempleados que incluso toman decisiones equivocadas como migrar arriesgando sus ahorros y sus vidas. Esperamos ver a más ecuatorianos con empleo digno aquí en nuestro país para lo cual exigimos a sus opositores que dejen gobernar al Presidente Lasso.

  6. Ser un trabajador en el Ecuador mas bien parece un imán para atraer todo tipo de argumentos para sostenerlo en condiciones poco favorables.Cuando nos dolarizamos fue el momento de terminar los componentes salariales, como los décimos por ejemplo,la jubilacion patronal y otros, es decir hacer que la contratación de trabajadores sea sustentable y de doble vía.El presidente Lasso con dificultad podrá articular la aplicación de sus ofertas de campaña sin tomar en cuenta el cobro efectivo d impuestos, aquí está la plata ,siete mil millones a los evasores,esta tarea es complicada y debe ser imperativa, he aquí el Ecuador del cambio y del encuentro. En mi opinion debe ser la señal más poderosa para demostrar a los relajistas que en este gobierno existe el sentido común.

  7. Excelente Sr. Hidalgo! Gracias por esos números, claro y precisos que lastimosamente los tarados tirapiedras no las entenderán..Cuando se tiene el cerebro comido por tanta ilusión izquierdista es eso, no tener inteligencia ni para actuar y creer que Castro era demócrata..

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