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Enfrentar el cambio climático o no tener futuro

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La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), es considerada en el mundo como la organización más importante de protección de la naturaleza. Sus estudios, observaciones y recomendaciones son lo más serio que existe en términos de conservación.

Esta organización viene insistiendo, desde hace años, acerca de los efectos devastadores del cambio climático para el planeta y señala que este fenómeno, representa uno de los desafíos ambientales más importantes que la humanidad debe enfrentar.

Desafortunadamente la amenaza de este fenómeno aún no está siendo asumida por los Estados como se debería. Cuesta mucho convencer a la humanidad del peligro mortal que esta situación representa, no solamente para los ecosistemas naturales, sino también para el ser humano como especie.

Ya en el 2019, la ONU advertía al mundo que cerca de un millón de especies de animales y plantas están en peligro de extinción y señalaba, literalmente, que la naturaleza está disminuyendo más rápido que nunca en la historia de la humanidad.

Los seres humanos, sordos, están viendo cómo ésta sentencia se empieza a visibilizar, cuando se multiplican los desastres vinculados a los efectos del cambio climático, como tormentas, inundaciones, sequías, incendios, y otros más.

La modernidad ha terminado siendo una amenaza para los ecosistemas. La avaricia humana sigue sacrificando la naturaleza por el cemento y, si bien eso genera ganancias importantes en términos económicos, al mismo tiempo produce efectos devastadores.

De la misma forma como retroceden los bosques y los animales desaparecen, así también el ser humano pierde conexión con la madre tierra y, aunque puede sonar esotérico, esa pérdida tiene un profundo sentido deshumanizante a largo plazo. La visión antropocéntrica que coloca las necesidades y bienestar del ser humano por encima de lo demás, inclusive los seres vivos y el ambiente, constituye la barrera más difícil de vencer y el tiempo sigue corriendo en contra del planeta.

Hace pocas semanas tuvo lugar en Marsella, Francia, el Congreso Mundial  de la Naturaleza donde 1400 organizaciones, asociaciones de la sociedad civil y pueblos indígenas, así como líderes internacionales, retomaron el compromiso de proteger la biodiversidad y conservar los ecosistemas, ante la fatal e inminente amenaza de los efectos irreversibles del cambio climático.

Del lado de los Estados, se concluyó que deberían comenzar a pensar sus políticas públicas, diseñando propuestas estratégicamente pensadas, tomando en cuenta la naturaleza como parte integral de decisiones económicas. Por ejemplo, crear incentivos tributarios que promuevan la conservación; sistemas de pagos por servicios ambientales; plantear un sistema educativo que enseñe al individuo a convivir en armonía con la naturaleza y los seres vivos que habitan en ella; adhesión a estándares de transparencia en las industrias extractivas; declarar la guerra a la minería ilegal entre otras decisiones.

Del lado de los habitantes, se señala que urgen cambios en la forma de vivir. Volver costumbre pequeñas cosas en la vida diaria es clave por su repercusión a largo plazo en beneficio del planeta: apagar las luces siempre en las habitaciones que no se estén usando; cambiar los focos viejos por otros LED o de bajo consumo. Desconectar aparatos electrónicos como televisores u ordenadores cuando no se usen; reducir residuos; comprar productos orgánicos; reciclar productos usados…. Todo un cambio para algunos.

Las alertas están encendidas por científicos y expertos y por eso es clave que la humanidad tome en serio la mitigación del cambio climático. No hay vacuna para un planeta enfermo; por lo tanto, si no se quiere terminar literalmente fritos urge que el cambio climático sea enfrentado con responsabilidad. Si no se hace de esa manera, no habrá futuro viable para el ser humano y las futuras generaciones. La advertencia está hecha.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

3 Comments

  1. Yo estoy sumamente interesado en sumarme a la lucha por defender a la Naturalesa, como puedo contactarme de manera positiva y de inmediato con el grupo de personas q estamos conscientes de q ocurre con el calentamiento global Deceo tene amo disposición un miéntelo de teléfono donde contactarme , para contribuir en esta noble labor

  2. Lastimosamente Ecuador produce menos del 0.2% de emisiones de gases de invernadero en el mundo. Mientras tanto solo 3 paises, China, EEUU y la India producen mas del 50%. Nada de lo que hagamos en Ecuador, es mas, nada de lo que haga TODA latinoamerica no va hacerle ni cosquillas al cambio climatico. Esto es un problema creado por los paises ricos y solo puede ser resuelto por ellos tambien. Especialmente en el caso de China, que tiene mas emisiones que todos los paises desarrollados combinados (Y no vengan con lo de que tienen menos emisiones per capita, las emisiones de todos los paises del primer mundo van decayendo año tras año, mientras las China siguen subiendo estrepitosamente) y a ese gobierno les vale un pepino lo que hagan le hagan a su propia gente, peor se diga al planeta.

  3. Muchos ciudadanos hacemos todo lo que está en nuestras manos para cuidar el ambiente: consumimos solo lo necesario (agua, alimentos, electricidad, gasolina, ropa, etc), reciclamos, colocamos la basura en su lugar, tenemos solamente los hijos que podemos mantener (y las mascotas que podemos mantener), donamos ropa-comida-juguetes-tecnologįa a los más necesitados, hacemos turismo en los parques nacionales, tratamos de consumir local y orgánico, participamos en acciones de servicio comunitario, etc.

    Pero, aparte de la tranquilidad de conciencia, no vemos un impacto positivo. Los problemas ambientales son cada vez más graves.

    Y los políticos hacen todo para el show. Correa nos obligó a usar focos ahorradores… pero mantuvo los subsidios a los combustibles. Yunda le convirtió a Quito en una ciudad pro-animalitos… y estamos como estamos.

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