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Guayaquil: poco que celebrar, mucho que lamentar

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El próximo 9 de octubre se cumplen 201 años de la independencia de Guayaquil de la corona española. Sin duda se trata de una de las fechas más importantes de la historia de Guayaquil y del Ecuador, pues la independencia de Guayaquil marcó el inicio de la batalla para que la Real Audiencia de Quito –lo que hoy es Ecuador– se emancipe del imperio español. Sería, por lo tanto, una gran ocasión para celebrar a Guayaquil más aún cuando parece que, finalmente, la pandemia está controlada y la ciudad se reactiva.

Sin embargo, actualmente en Guayaquil hay muy poco que celebrar y mucho que lamentar. La situación que vive la urbe porteña es crítica y no parece que las autoridades nacionales ni locales tengan la capacidad para hacer frente a lo que está sucediendo. Más aún, da la impresión de que, en algunos casos, las autoridades son cómplices de la debacle en la que se encuentra inmersa la ciudad. Los sucesos de las últimas semanas llevan a la conclusión de que Guayaquil está atravesando una crisis sin precedentes en materia de seguridad y transparencia, lo que impide que se puedan conmemorar los 201 años de independencia de Guayaquil como la ciudad se merece.

A riesgo de ser reiterativos, es importante que la ciudadanía comprenda la gravedad de lo que está sucediendo. Cada 13 horas se produce un asesinato en la zona que comprende Guayaquil, Durán y Samborondón, lo que implica que salir a la calle para los guayaquileños es una lotería, ya que no saben con certeza si esa noche regresarán a casa con sus familias. La cifra es escalofriante, no obstante, el problema de la inseguridad no termina ahí. Diariamente hay noticias de asaltos a plena luz del día, en lugares tan concurridos como el centro de la ciudad o la Avenida de las Américas, sin que hasta el momento la Policía Nacional demuestre que tiene los recursos y medios para proteger a la ciudadanía. El último hecho de estas características se produjo en un conocido centro comercial de la ciudad en el que asaltaron a una persona que estaba haciendo fila para hacer un depósito en una entidad financiera. Los guayaquileños salen a la calle con el constante temor de, en el mejor de los casos, perder únicamente sus pertenencias y, en el peor escenario, hasta la vida.

Los operadores de justicia también son responsables de la situación de inseguridad que viven los guayaquileños. En las contadas ocasiones que la Policía Nacional logra capturar a los delincuentes, los fiscales o los jueces se encargan de ponerlos en libertad de inmediato, lo que genera un círculo vicioso en el cual los asaltos y homicidios son cometidos por las mismas personas que son puestas a órdenes de la justicia y que, por acciones u omisiones de jueces o fiscales, son puestos en libertad.

La última crisis carcelaria es otro motivo por el cual los guayaquileños deben lamentarse. La semana pasada se produjo en la Penitenciaría del Litoral una masacre sin precedentes en que la que 118 personas privadas de libertad fueron asesinadas dentro del centro penitenciario. Tal es la magnitud de la crisis que todavía no se terminan de identificar los cadáveres y los familiares de las personas privadas de libertad continúan a la espera de información por parte de las autoridades.

Por último, Guayaquil, que durante los últimos años se había caracterizado, por lo menos, por tener administraciones municipales eficientes, hasta eso ha perdido. Desde que Viteri asumió la alcaldía, las denuncias por actos de corrupción y despilfarro de los recursos de la ciudad son una constante, sin que nadie dentro de la alcaldía se haga responsable de lo que sucede y menos aún busque soluciones.

Se cumplen 201 años de independencia de la ciudad, pero no hay motivos para celebrarlo, sino sólo para lamentarse. Lamentar la inseguridad en que viven las familias guayaquileñas sin que el gobierno de Lasso encuentre una solución, y lamentar que después de dos décadas la ciudad tiene una administración municipal incompetente y sobre la que pesan graves denuncias de corrupción.

Ricardo Flores es abogado.

4 Comments

  1. Saludos,

    Muy bien enfocado el artículo «Viteri juega la carta del machismo». Sin embargo, falta la profundidad del tema. Y es lo relacionado porqué razones no ha avanzado el proceso de control de la fiscalía a los contratos generados. Así como se esta actuando con el caso Yunda, también debe transparentarse lo actuado por el municipio de Guayaquil

  2. YO SOY OPTIMISTA: ¡¡GUAYAQUIL TIENE MUCHO QUE CELEBRAR Y VARIOS CASOS PUNTUALES PREOCUPANTES QUE LAMENTAR!! NO ME PRESTARIA JAMÁS A ESCRIBIR COMENTARIOS POLÍTICOS PARCIALIZADOS QUE PUEDEN PERJUDICAR A MI CIUDAD EN IMAGEN Y TURISMO.

  3. Hay que pasar del lamento a las propuestas.

    Para proponer soluciones hay que entender bien los problemas. Por desgracia, lo más frecuente es que se tomen decisiones sin esa comprensión de los fenómenos económicos y sociales.

    Guayaquil es un caso muy interesante, pues allí predomina la visión liberal y socialcristiana.

    1. Según el PSC, la solución al problema de la delincuencia es «mano dura»: leyes más severas, más policías, más fiscales, más jueces, más cárceles, más presos… Y ya vemos como terminan las cosas!

    2. La solución al problema del desempleo consiste en dar facilidades a las grandes empresas, con la idea de que éstas contratarán más empleados si hay menos impuestos, menos trabas burocráticas, mayor flexibilidad laboral, y mayor acceso al crédito.

    Examinemos el problema de la delincuencia. Es razonable suponer que el aumento de la delincuencia está ligado a la pérdida de puestos de trabajo durante la pandemia.

    Entonces la siguiente pregunta es: por qué no se han recuperado esos puestos de trabajo? Todos vemos que se abren nuevos negocios todos los días, lo cual indica que no es problema de impuestos muy altos, ni rigidez laboral, ni falta de capital. Pero muchos de esos negocios desaparecen rápidamente. Tal vez sea el exceso de competencia en una misma actividad: tiendas de barrio, panaderías, mecánicas, venta de ropa y zapatos; o falta de destrezas empresariales, o una débil integración horizontal y vertical con otros negocios de la cadena productiva, etc.

    O tal vez sea un asunto sistémico: el colapso de la demanda en muchos sectores de la economía a causa de las clases virtuales y el teletrabajo. Si esto fuera así, la solución necesariamente será el retorno a la presencialidad.

    Para obtener respuestas a estas preguntas hay un enorme trabajo pendiente. Ahí deben participar los centros de investigación de la academia, los analistas sociales, la cooperación internacional, los medios de comunicación.

  4. La guerra por Guayaquil
    Ricardo Flores, muy buena explicación de la coyuntura que vive Guayaquil, “una ciudad partida, que no ha podido mantener en funcionamiento el antiguo asentamiento a las orillas del río Guayas, para trasladar las inversiones inmobiliarias a Samborondón donde aspira a vivir la clase pudiente y la clase media en ascenso con las debidas seguridades y status social. Por otro lado, los sectores populares, aproximadamente 1.5 millones de personas, viven las características de la ciudad populosa latinoamericana, en la exclusión, la marginalidad, la ausencia del estado, la falta de trabajo y de infraestructura social de calidad. Durán se ha convertido en la conurbación marginal de Guayaquil donde vive el sector popular. Ya no puede hablarse de una ciudad unitaria, actualmente es una región metropolitana, con los consiguientes problemas de gobernabilidad, donde se aplica un sistema de economía urbana que viene desde fines del siglo XIX, donde los servicios están en manos del sector privado, el municipio es un intermediario con poder político electoral y los habitantes son compradores de servicios librados a la oferta y la demanda, con la característica adicional de ciudad puerto, no tomada en cuenta en la planificación urbanística.
    Andrés Guerrero, en el libro Los Oligarcas del Cacao, 1980, Editorial El Conejo, recoge la información sobre el surgimiento del puerto de Guayaquil que de 1820 con 13.000 habitantes pasa a 75.000 habitantes en 1908, con la renta del cacao se convierte en el centro económico y eje de acumulación de capital del país. surge una clase dominante urbana constituida por banqueros, exportadores y comerciantes importadores. Estas actividades se concentran en pocas familias de banqueros: Aspiazu, Guzmán, Orrantia, Muller, Seminario, Alvarado, Reyre; exportadores: Higgins, Icaza, Castells; comerciantes: Madinyá, Rodriguez, Vignolo, Avilés, Hurtado, Roggiero, Sanchez; hacendados: Illingworth, Morla, Luque, Avilés, García, Marcos, Gonzales. A ellos se suman los industriales: Marcet, Estrada, Ortiz, Mercado. Cuyos descendientes se agrupan en la actualidad en la cámaras de la producción. Pero los que marcan el futuro de la ciudad son inversionistas en empresas de servicios: carros urbanos (1895): Aspiazu, Muller, Reyre, Rickert, Robles, Rodriguez, Morla. Compañía Nacional de Teléfonos (1903): Aspiazu, Seminario, Avilés, Tramontana, Ortiz, Rodríguez. Compañía de alumbrado (1887): Muller, Seminario, Marcos, Kaiser. Empresa de luz y fuerza (1906): Aspiazu, Guzmán, Rohde, Borja, Madinya, Marcet, Illingworth. Definen el futuro de la ciudad con un modelo de iniciativa privada, que en la actualidad se reproduce con más fuerza desde la alcaldía del Ing. León Febres Cordero y la del Abg. Jaime Nebot: Emelec, Interagua, Malecón 2000, Terminal Terrestre, aeropuerto Joaquín de Olmedo, teleférico, buses urbanos, vivienda popular, Junta de Beneficencia de Guayaquil a cargo de la salud, entre otras. La ciudad tiene en la actualidad 3 millones de habitantes, totalmente fragmentada con barrios populares enormes, algunos de cuales son inaccesibles para el estado, hay territorios como las cárceles que son controladas por los mismos reclusos. La seguridad domiciliaría se sustenta en las urbanizaciones cerradas con guardia propia donde vive la clase pudiente, mientras que la mayoría de habitantes viven el terror y la violencia.
    En el siglo XXI, la ciudad vive la violencia extrema y el narcotráfico, con la fragmentación urbana, donde como menciona Ricardo Flores “…cada 13 horas se produce un asesinato en la zona que comprende Guayaquil, Durán y Samborondón, lo que implica que salir a la calle para los guayaquileños es una lotería, ya que no saben con certeza si esa noche regresarán a casa con sus familias…”.
    El modelo de economía urbana implantado a inicios del siglo XX con la concentración en los grupos económicos de Guayaquil relacionados con el sector financiero, exportadores, importadores y actualmente inversionistas en proyectos privados de equipamiento urbano, en especial los shopping center, las urbanizaciones cerradas, las clínicas privadas de atención a la salud, los hospitales de la Junta de Beneficencia y otros, hospitales del IESS controlados por los mismos grupos, reproducen el antiguo modelo. La ciudad entra en una gran decadencia, con la imposibilidad de integrar al 50% de la población pobre y eliminando cualquier posibilidad de participación en la organización de la vida comunitaria. Existen varias ciudades en el mismo territorio que obligan a repensar su administración. La gran batalla se avecina por el control del municipio de Guayaquil y las empresas que gestionan los servicios urbanos de la ciudad (elecciones 2023). Propuestas del siglo XX como la de la autonomía o la ciudad-estado tipo Singapur, ya no tienen viabilidad por la enorme fragmentación del territorio y la polarización social.” Saludos

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