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Arrimar el hombro por Quito 

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Una vez que la situación legal sobre la Alcaldía de Quito ha sido dirimida judicialmente, la ciudad espera poder recuperarse del estado deplorable en el que quedó sumida, luego de casi dos años de abandono y mala gestión.

La tarea que asume el  recién posesionado Alcalde plantea desafíos enormes y grandes dificultades. Y desde ya, se avizora que  no va a poder sortearlas solo, porque hereda pasivos técnicos y políticos que va tener que solucionar de forma urgente. A ese respecto, va a necesitar por fuerza el apoyo del gobierno central, especialmente si prioriza la puesta en marcha del metro como objetivo de corto plazo.

La ciudad que recibe Guarderas constituye un reto complejo y difícil para él: una ciudad que ha estado en pausa por demasiado tiempo. Tendrá que construir músculo político que le permita sortear el desgaste sufrido a causa de haber encabezado la disputa con Yunda y acercarse tanto a sus colaboradores como a la ciudadanía para capitalizar el apoyo recibido y, al mismo tiempo, poner orden en la casa, tapar huecos y apagar incendios.

Ante esta realidad, lo aconsejable por el bien de la ciudad es que los concejales arrimen el hombro para recuperar el tiempo perdido de gestión y colaboren con el Alcalde. Lo ideal debería ser que, dejando de  lado las diferencias, el Concejo comience a funcionar como lo que es: un grupo de trabajo conjunto al servicio de Quito y de soporte a la gestión del burgomaestre. La ciudadanía por su lado, tiene grandes expectativas a la luz de este cambio, porque luego del calvario legal y ético vivido en los últimos meses, la aspiración más importante de todos es que la ciudad se pueda levantar lo más pronto posible y para lograrlo, la tarea también es de los concejales a quienes corresponde renovar su compromiso por Quito mediante el trabajo responsable.

La lista de temas que se quedaron en la cola de atención es bien larga, especialmente si se toma en cuenta que Quito es la capital del Ecuador, sus necesidades son diarias y todas urgentes.

Según el informe de política pública de la iniciativa Quito cómo vamos, lanzada hace pocos días, se estima que en la ciudad viven 2 781 641 personas; el 15.88 % del total de la población ecuatoriana.

Acorde a este estudio, Quito es hoy por hoy, la ciudad más poblada del Ecuador, y además, es un centro político, administrativo y cultural. Esto, en términos de gestión administrativa municipal, hace que las decisiones que se tomen en el seno de esta municipalidad, sean observadas por los gobiernos locales del resto del país, y en teoría, deberían servir de  referente para el resto de municipios del país. Desafortunadamente, al menos por ahora está bien lejos de que sea así.

En esa misma línea, y según esos datos, habrá que delinear una propuesta a corto, mediano y largo plazo que permita ir solucionando los problemas más urgentes y priorizando su mitigación tomando en cuenta las zonas y los grupos humanos más vulnerables de la ciudad.

La seguridad es sin duda uno de los temas que requiere intervención inmediata; seguida por la movilidad y todo lo que eso implica en el contexto de la pandemia que aún persiste. La gestión ambiental es una deuda pendiente, el espacio público, el uso del suelo y la generación de mecanismos eficientes de gestión administrativa tampoco se quedan atrás. Además está la implementación, en serio, de mecanismos de transparencia que saquen al Municipio del karma de corrupción. En esa línea, sería bueno que se tome finalmente una decisión sobre Quito Honesto y su rol.

Como se puede ver, la miscelánea de urgencias es interminable y al alcalde Guarderas no le toca de otra que asumirlas: ya está montado en ese potro. En él deberá recorrer el camino de aquí en adelante, y en ese escenario, la única solución posible, es apelar al compromiso de los concejales, el apoyo de los quiteños y la colaboración del gobierno central. A todos nos toca  arrimar el hombro por Quito.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

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