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Entre la ciencia económica y el pensamiento mágico

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Se dice que el pensamiento mágico mezcla la realidad con la fantasía y pretende dar explicaciones sobre esa realidad para generar una respuesta que tenga sentido en la mente de un niño pero que, lamentablemente, carece de contenido lógico.

Bueno, precisamente este razonamiento invade estos días la discusión económica nacional. Una sociedad con una economía en crisis, llena de presiones por parte de los sectores sociales, enfrenta una crisis profunda luego de una pandemia y requiere despegar, para lo cual necesita condiciones.

Y ante esto, lo que se esperaría que haga la clase política es ponerse el país al hombro, logrando grandes consensos y acuerdos nacionales. O al menos eso sería lo lógico. Pero no, en este caso sorprende que sabiendo que el Ejecutivo está al mando de un Estado quebrado sin recursos para nada, luego de haberse construido durante catorce años un sistema irresponsable de corrupción y gasto, siga primando la mezquindad política, ahora matizada por un pensamiento mágico en materia económica.

Así, los asesores históricos del movimiento indígena cuyo brazo político dirige la Asamblea, entre los que se cuentan Alberto Acosta Espinosa, siguen reclamando entre otras cosas que el Gobierno de Ecuador debería mantener un subsidio “masivo” al transporte público para que el precio continúe en 25 centavos de dólar y que congele el precio del Diésel. Todo esto mientras se opone a cualquier reforma que logre atraer inversión y a todas las reformas urgentes para poder crear mejores condiciones para generar  empleo. Mientras tanto, desconoce el impacto ambiental que tanto dice preocuparle por parte de la extracción petrolera y de un llamado al post extractivismo que estaría más cerca cuando los precios se sinceren. Pero no, los políticos pasan por alto la gran contradicción con la realidad.

Se desconoce que el Estado no puede subsidiar todo y que, además, requiere una mayor creación de riqueza para poder recaudar más impuestos. Que la sociedad necesita mejores condiciones de inversión para poder crear más fuentes de trabajo. Que los artesanos, las pequeñas y medianas empresas, que son las que más empleo dan en el país, demandan nuevas formas de contratación laboral que la agilicen y la hagan menos costosa para crear más trabajo. Que el país espera mejorar estas condiciones hace rato; lo que solo se dará si se pasan reformas urgentes en la legislatura puesto que el país no aguanta más demoras. Que si es uno, dos o tres proyectos de ley, eso es discusión política y jurídica que escapa al interés del pueblo. El pueblo quiere trabajo y seguridad.

Así, no deja de sorprender de parte de ciertos asambleístas como Salvador Quishpe, oírle insistir que se baje el precios de los combustibles o se baje por decreto el interés bancario, como si eso fuera posible por arte de magia. Como si con eso se mejorara el empleo adecuado, que solo tienen tres de cada diez ecuatorianos. Repiten entonces sus consignas ideológicas que no se corresponden con la dura realidad y piden al Estado que pague todo, que subsidie todo, sin querer aceptar por un momento que ese Estado, al que ellos demandan mediante el ejecutivo tomar medidas, simplemente no tiene capacidad económica y ha llegado la hora de generar crecimiento económico para mejorar la recaudación y el empleo.

Nadie dice que esto exceptúa al Ejecutivo de demostrar la capacidad necesaria que ofreció en la administración del Estado, pues para eso fue elegido, y de la transparencia que necesita el ejercicio del cargo, pues esta es una exigencia de alto grado. Pero al menos se espera que quienes se dicen padres de la patria y sus asesores tengan la honradez intelectual y el conocimiento económico necesario para reconocer la realidad y dejar de insistir en solicitudes sin viabilidad económica.

El país está plagado de pensamiento mágico en la Asamblea y eso se ilustra en esta mezcla explosiva entre radicalismo ideológico, mezquindad política y falta de preparación en materia económica.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria. 

4 Comments

  1. De acuerdo en mucho de lo que manifiesta en su artìculo Sra Albàn, pero lo màs penoso de estos hacedores de patria es que NO proponen NADA, solo repiten una cantaleta de consignas polìticas de hace 60 años, son magos en el petitorio, pero absolutamente nulos en entender cuales son los problemas URGENTES ha resolver en pro de las necesidades bàsicas del pueblo

  2. Muy cierto, nuestros asambleístas en su mayoría carecen de conocimiento económico!!!, ya estamos cansados de ver cómo grupos se adueñan del país, diciendo que “ luchan por sacar al pueblo de la pobreza “ será qué algún día cambiemos de mentalidad.

  3. El Señor Rafael Correa, PhD en Economía y catedrático universitario de Economía, recibió veinte doctorados honoris causa en Economía y destrozó la economía del país, lo cual evidencia la liberalidad con que ciertas universidades (algunas, muy prestigiosas) otorgan doctorados.

  4. «…el Ejecutivo está al mando de un Estado quebrado sin recursos para nada…»

    Afirmar que Estado ecuatoriano ‘no tiene recursos para nada» es incorrecto.

    El monto de la proforma presupuestaria 2021 ENVIADA POR EL EJECUTIVO a la Asamblea es de 32948 millones de dólares. En esa cifra se incluye: 8161 millones en sueldos de empleados públicos, 2107 millones de aportes a la seguridad social, 1289 millones para bonos a grupos vulnerables, etc.

    En esa misma proforma constan 1900 millones de dólares PARA SUBSIDIOS A COMBUSTIBLES FÓSILES (320 millones para gasolinas, 721 para ​diesel, 813 millones para gas). Lo único que se hizo con respecto a años anteriores fue REDUCIR UN POCO esos subsidios.

    Es decir… el Estado ecuatoriano SÍ TIENE RECURSOS. En proporción al tamaño de la economía nacional, el Estado ecuatoriano consume MÁS RECURSOS que muchos otros países de la región.

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