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El agua y los próximos diez años

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La Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático número 26 tiene lugar en Glasgow, Escocia, desde el 31 de octubre hasta el 12 de noviembre. Esta reunión convoca a un encuentro de líderes globales con un propósito específico: un mayor compromiso de reducción de emisiones y mayores medidas de mitigación para lograr la meta global de 1.5 grados por encima de los niveles de la era preindustrial, así como impulsar la financiación de la acción sobre el cambio climático.

Si bien estos encuentros mundiales son una prueba constante al apetito de colaboración, en esta ocasión hay que sumarle que se trata del primer encuentro luego de una pandemia que azotó la economía mundial, especialmente a los países menos desarrollados, y encuentra a la comunidad internacional con mayor desconfianza y con un multilateralismo débil.

Por hoy preocupa en la negociación climática la falta de mayores compromisos. Los presidentes de China y Rusia no asistieron en persona. India se propone el 2070 para cumplir con la meta de emisiones netas cero, una década más de China, y dos décadas más que lo que el mundo requiere en su conjunto para no superar el 1.5 grados Celsius. Mientras el mundo se acerca a una temperatura de al menos 2,7 grados Celsius.

Se habla de la “última oportunidad” planetaria para evitar la catástrofe climática que ya azota a países insulares con la subida del nivel del mar y eventos extremos más fuertes y seguidos. El último informe emitido por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), de agosto pasado, confirma que no se puede negar este fenómeno peligroso y que urge a los gobiernos tomar medidas. El planteamiento del problema fue realizado en el 1992 y desde hace treinta años ha sido uno de los temas más complejos de acordar ya que pasa por descarbonizar la matriz energética global, la cual ha sido vital para el desarrollo de los países. En consecuencia, se requiere una gran dosis de confianza en el cumplimiento de las obligaciones recíprocas. Y confianza es precisamente lo que escasea estos días en el ámbito internacional.

Pero no se trata solamente del clima ni de los compromisos de otros. La agenda de desarrollo global, planteada por Naciones Unidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible hacia el 2030, define con claridad las acciones que habrán de tomar todos los países, entre las cuales, de las 17, el clima es solo una de ellas. Se suman otras de igual relevancia que a menudo no encuentra la estelaridad que convoca la catástrofe climática, pero que urgen de igual manera. Especialmente para los países pequeños donde es vital combatir la destrucción de la biodiversidad, prevenir el vaciamiento de los océanos con estrategias de conservación, por lo cual la ampliación de la reserva marina de Galápagos es una muy buena noticia. Se requiere incentivar la producción y consumo sostenible, pero sobretodo limpiar los ríos y evitar su contaminación.

En Ecuador, la contaminación de los ríos por parte de las ciudades y centros urbanos constituye hoy la amenaza ambiental más significativa. Sus gobiernos locales, que tienen el mandato constitucional y legal de saneamiento no lo hacen, lo que determina que más del 75 % de los ríos en el país se encuentren contaminados. En resumen, frente al cambio climático no solo hay que preocuparse por conservar las fuentes de agua, sino que es fundamental no contaminarlas. Las ciudades contaminan diariamente los ríos y a nadie parece importarle. No hay planificación para mejores controles ni para un sistema de tratamiento local ni nacional.

Así es mejor hablar del clima y olvidarse de lo complejo que resulta hacer la tarea en casa. En particular para los próximos diez años, hacia el 2030, cuando el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 sobre agua limpia y saneamiento, a este paso no será cumplido.

No es un tema internacionalmente atractivo, pero sí uno de los más significativos para garantizar el desarrollo futuro en el país frente a las amenazas climáticas que se discuten ahora en Glasgow: es hora de empezar y tenemos menos de diez años.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria.  

2 Comments

  1. Felicitaciones por tu análisis, Amparo.
    Qué dirán los Estados Unidos, pues son quienes más contaminan el ambiente.

  2. Con lo que se gastó en esa monstruosidad llamada Metro de Quito se pudo construir sistemas para el tratamiento de aguas servidas de todo el país.

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