Anclados al pasado

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Desde hace décadas, varios autores dedicados a la sicología social y a la motivación personal, entre los que se destacan Carol Dweck, profesora de Stanford y creadora del concepto de “growth mindset”, que se traduce como “mentalidad de crecimiento”, ha influenciado a educadores, líderes empresariales y políticos, así como a ciudadanos comunes que quieren reprogramarse para poder avanzar y triunfar en la vida.

Dweck, exponente de esta nueva tendencia de la sicología enfocada en el éxito y en el triunfo personal también ha identificado que el problema de las personas que no progresan o están atrapadas en mismo patrón negativo que les impide salir adelante es que mantienen lo que denomina “fixed mindset” que se traduce como “mentalidad fija”. Es decir, estas personas creen que sus cualidades básicas como la inteligencia o los talentos, son estáticos y pasan su vida repasando esta inteligencia o talento en lugar de desarrollarlos. Como contando las monedas que una vez les dieron, sin darse cuenta que siempre tienen la capacidad de multiplicarlas.

Pero, ¿qué es una “mentalidad”? Es una percepción de uno mismo o una teoría propia que la gente desarrolla sobre sí misma. En donde, para citar un ejemplo, se califica de inteligente o de no inteligente. Son conceptos autoimpuestos con base en percepciones sobre uno mismo, que a menudo están equivocados, pero que las personas los enarbolan como bandera de lucha e influyen en cada decisión que toman. Esto la mayoría de veces no es un acto consciente, pero sin embargo tiene un profundo efecto sobre el aprendizaje, el cambio, el logro, el desarrollo de nuevas habilidades, el éxito profesional y muchas otras dimensiones de la vida misma. Esta mentalidad fija, se dice, los ata a su pasado continuamente evitando cambios o grandes transformaciones.

Pues bien, cuando se mira el fenómeno a nivel colectivo, también se puede advertir la incidencia de una mentalidad de crecimiento colectivo o de una mentalidad colectiva fija. Esta última parecería que es la que prevalece hoy en el país, cuando se mira, impávidos, cómo ciertos escenarios se repiten día tras día sin que se quiera comprender que las posibilidades de cambio son reales y posibles, tan solo si se cambia la mentalidad.

Por supuesto, la compleja dinámica social en la realidad está plagada de influencias de todo orden, donde aquellas de orden ideológico parecen prevalecer. Y es esta atadura histórica al dogma ideológico o político que no deja muchas veces a varios grupos sociales romper con el pasado y transformarse.

En el país hoy se pueden apreciar en varios grupos este patrón, pero donde el caso se retrata más claramente quizás es el caso del movimiento indígena. Cuestra creer que al 2021 la agenda del sector indígena deba resumirse en el precio del combustible, cuando claramente su agenda de desarrollo debería pasar por demandas para encadenamiento productivo, crédito, mejores niveles educativos en comunidades, becas de estudio, mejores políticas de inserción laboral para mujeres indígenas y guarderías, etc. Pero nada de esto sale en sus reclamos, tan solo el precio de los combustibles y las paralizaciones como medida de fuerza. Es un sector que, en el fondo, se sigue considerando marginado y no ha reparado en todas las oportunidades de transformación que tiene a la mano, por seguir influenciados por el mismo sistema de pensamiento. No es el único grupo; también existen otros que siguen manteniendo este tipo de mentalidad, en unos casos más enfocados en el tema regionalista de uno o de otro lado que impide mayor nivel de cooperación y, en otros casos, grupos que siguen manteniendo una mentalidad social excluyente, que siempre coloca a otro como su enemigo.

Para lograr un cambio de mentalidad colectiva de crecimiento, es preciso romper con el pasado y reconocer que el aprendizaje colectivo hacia nuevas formas de relacionarse y producir, es posible. Urge adoptar una mentalidad de crecimiento. Mantener esa mentalidad fija de víctimas o victimarios, ignorando las enormes potencialidades y capacidad de desarrollo común solo lleva de regreso al pasado.

María Amparo Albán es abogada y catedrática universitaria.  

5 Comments

  1. El problema es que el onagro del «estallido» no lee estas cosas. Tampoco los trogloditas de la dirigencia sindical.
    Por eso es que la riqueza, la cultura y el desarrollo intelectual se recicla en las élites.
    Rechazan el conocimiento y luego se quejan.

  2. Excelente, ojala lo lean los gánsters que conducen el movimiento indígena, cuya lucha tiene una mirada en las elecciones, casi todos los que dirigen desde una pequeña comunidad, organización de segundo grado o nacional con seguridad las próximas elecciones serán candidatos y lo peor es que cuando ganan terminan haciendo lo mismo que critican.

  3. Interesante aplicación de la Psicología social a la Política, Amparo.
    Según puedo apreciar, conoces de varias temáticas además de la Política.

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