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La muerte del cristo de Palacagüina

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Hacia los años setenta un músico y radiodifusor nicaragüense comenzaba a recoger en sus canciones las injusticias y avatares del pueblo nicaragüense y convirtió su música, con gracia y talento, en una nueva forma de narrar la vida. Con tanto éxito lo hizo, que las melodías tradicionales y letras traspasaron las fronteras y llegaron a otros países en Latinoamérica, convirtiéndose en himnos de una generación soñadora que, junto a la nueva trova cubana, vieron en las revoluciones marxistas o comunistas la respuesta a los dictadores que se perpetuaron en el poder durante décadas, que oprimieron al pueblo e hicieron del erario su cartera personal.

Carlos Mejía Godoy se llama el artista que puso música a la revolución sandinista y colocó fuera de las fronteras sus himnos, de alto contenido social, matizados por la entonces naciente teología de la liberación que se convirtió en la iglesia del pueblo y así dio a la revolución sandinista el sustento filosófico que pregonaba Ernesto Cardenal.

Muchos de los temas de Mejía Godoy tuvieron tanto éxito que incluso le valió ganar, en 1977, un festival OTI por su tema, “Quincho Barrilete”, con la interpretación de  Eduardo “Guayo” González, precisamente por denunciar la situación de la niñez nicaragüense con una excelente composición.

Pero de todos sus sonados temas, sin duda “El Cristo de Palacagüina” simbolizó durante décadas la lucha contra la opresión y el autoritarismo que imponía el llamado imperio del norte y sus dictadores en la región al que había que vencer con la lucha de las guerrillas, para lo que se sumó la reedición de un nuevo “Credo” escrita para la “Misa Campesina”. Este y otros temas fueron coreados, durante años, por millones de jóvenes universitarios en Latinoamérica; hombres y mujeres que justificaban la revolución para luchar contra la injusticia, el abuso y la opresión. Hacia inicios del nuevo siglo Mejía Godoy se separó del Frente Sandinista para la Liberación Nacional de Daniel Ortega luego de su retorno al poder en 2006 al cual llegaría para no dejarlo más ya que, como es conocido, de las revoluciones no surgen demócratas.

Se conoce bien que con la caída de la Unión Soviética y con el tránsito de China hacia el capitalismo de Estado, el comunismo marxista en la región solo pudo transmutarse en la  franquicia Cubano-Venezolana, que invoca la lucha de clases y la opresión, pero que, una vez que llega al poder, se convierte en una de las dictaduras mafiosas que sus líderes combatieron.

Si el “cristo de Palacagüina” nació para dar esperanza a la revolución sandinista, murió cuando asesinaron a Álvaro Conrado, el primer chico al que las fuerzas represivas mataron en el marco de las manifestaciones contra el gobierno de Ortega; convertido luego en símbolo de la revuelta de octubre 2018. Ya para agosto del mismo año, Mejía Godoy tuvo que abandonar Nicaragua porque su vida estaba en peligro por protestar contra el régimen.

Así, las elecciones recientes en Nicaragua, solo muestran de cara hacia la comunidad internacional la formalización de un régimen dictatorial opresor. La confirmación del nacimiento de un nuevo Somoza y su dinastía.

Que la Organización de Estados Americanos OEA, descalifique las elecciones del 7 de noviembre de Nicaragua porque «no fueron libres, justas ni transparentes y carecen de legitimidad democrática», no parece suficiente para luchar contra la propagación de un sistema peligroso que ha probado desembocar en gobiernos con altos déficits democráticos y que usa el populismo económico para convencer a las masas, pero que una vez en el poder ya no quiere irse más.

Las revoluciones hoy no se hacen con fusiles sino con peligrosas reformas constitucionales en las cuales se introduce la reelección indefinida para perpetuar en el poder a un gobernante que jamás aprendió el juego democrático y termina convirtiéndose en un  dictador, que oprime al pueblo y que hace del erario su cartera personal.

María Amparo Albán es abogada y académica universitaria. 

3 Comments

  1. Muy oportuno tratar el tema y excelente escrito. Gracias por refrescarnos la memoria sobre esta epoca donde hasta los curas poco «revolucionarios» entonaban el referido Credo. Parte de la Iglesia pregonaba la tal Teologia de la Liberacion como la gran cosa que se les ocurrio, con algo de buenas razones, porque, efectivamente, alguien daba voz a quienes no podian denunciar los abusos del poder. Lamentablemente, la Iglesia Catolica sigue siendo el lugar perfecto para que algunos de sus elementos continuen adoctrinando con las mismas basuras de ideologias que hacen creer que la «revolucion» y la «liberacion» son el camino hacia la igualdad. Pero no son capaces de denunciar las injusticias y muertes provocadas por las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Es mas, el cura jefe de la Iglesia Catolica se da el lujo de recibir con abrazos a los «revolucionarios», pero les niega el mismo trato a los del bando contrario (ejemplo, C.F.Kirchner vs Macri, de Argentina).

  2. Estimada Amparo: Leo con suma atención tus artículos. Efectivamente, muchos líderes han tratado de perpetuarse en el polder y, a algunos, les a costado caro. El mismo Gabriel García Moreno fue asesinado por ese motivo.

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