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El misterio del gobierno de Lasso

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Los presidentes tienen usualmente una persona que anota los compromisos que toma, los pone en su agenda de pendientes y les hace seguimiento. ¿Esa persona existe en el gobierno del presidente Lasso?

Todos los presidentes tienen un sistema para tomar decisiones: un equipo pequeño de colaboradores o su equipo gubernamental reforzado por expertos, según las circunstancias. En el caso del presidente Lasso, depende, al parecer, mucho de él, de su agenda y de sus tiempos, que no forzosamente empatan con los de sus colaboradores. Dicho de otra manera, No parece haber un sistema. Y eso se nota en la forma de comunicar por parte del secretario de Comunicación y del Vocero oficial.

Eduardo Bonilla no sale de una visión publicitaria de la información política y a Carlos Jijón se le ha notado, en casos como el de las cárceles, evocando hipótesis o molesto ante preguntas lícitas como las que formuló Liz Valarezo en Teleamazonas. La política de comunicación sigue siendo un problema en un gobierno que no termina de poner en línea sus discursos y sus acciones. ¿Bonilla sabe, exactamente, qué comunicar? ¿Jijón sabe, exactamente, qué decir?

En la racha de entrevistas que el presidente dio hace algunas semanas, volvieron los interrogantes presentes desde que llegó a Carondelet: ¿está debidamente asesorado? ¿Sus colaboradores tienen la independencia de espíritu para decirle lo que realmente piensan? ¿Hay un sistema de seguimiento que permita al presidente procesar sus compromisos y sus decisiones? En cada caso, el presidente ha respondido positivamente. Pero los hechos son testarudos y muestran que él no parece adscribirse a un sistema para tomar decisiones y que su gobierno carece de un mecanismo de seguimiento.

Lo primero se ilustra con la indeterminación evidente para fijar un rumbo político. Hace unas semanas, el gobierno navegó entre la muerte cruzada y el diálogo tradicional y, aunque el presidente decidió dialogar con la Asamblea no se ven evidencias de lo que espera conseguir. Sin ese norte, no hay certezas y, por supuesto, la comunicación política es lo más parecido a un mar de interferencias.

La decisión de pedir una mediación a la Iglesia anunciada por el presidente a Carlos Vera, en el caso de la crisis carcelaria, describe la falta de seguimiento de las decisiones presidenciales en Carondelet. Más de un mes después y ante nueva matanza, esa gestión no había sido hecha y no hubo gesto de prelado alguno en esa dirección.

¿Es el estilo del presidente o es la carencia de un gerente que organice la acción gubernamental en el Palacio? En redes es tradicional señalar la falta de pericia de parte del equipo que rodea al presidente. En los mentideros especializados corren otras versiones. Se habla, por ejemplo, de la disonancia que hay entre la Secretaría Jurídica de la Presidencia y la Corte Constitucional. Fabián Pozo no es acusado de carecer de talento, pero sí se señala su falta de recorrido para ese cargo, debido a su juventud. En la Corte Constitucional han causado inquietud algunos de los decretos enviados desde Carondelet…

El gobierno acarrea, en todo caso, un bajo nivel de certezas. Se endosa a la falta de un sistema de seguimiento, a la inexperiencia de parte del equipo presidencial y al estilo personal del presidente que decide sin adscribirse a una estrategia: la cambia sin prevenir.

Esta falta de método podría ser debidamente resuelto por un gerente general. ¿Es esa la labor del Secretario General de la Administración y del gabinete? Iván Correa es un empleado público circunspecto. Funcionarios que hablan con él alaban su inteligencia y su discreción. Pocos entienden, sin embargo, que esté distante de los medios de comunicación y, en general, de la gestión política.

Él es, en todo caso, el funcionario más cercano y de mayor confianza que tiene Guillermo Lasso. Pero carece, que se sepa, de una estructura gubernamental que sistematice el trabajo del gabinete y mantenga coherencia en las líneas de acción del gobierno.

¿Qué hacer, qué decir y cómo decirlo? Esos siguen siendo los retos de un gobierno atenazado por la crisis, el Covid, el narcotráfico y la irracionalidad de la sociedad política. Un gobierno que, ante las circunstancias, debería empatar con urgencia el estilo del presidente y la gestión política de su gobierno en general. Solo así se logra una comunicación funcional.

Foto: Presidencia de la República. 

4 Comments

  1. Sumese que en las provincias no existe el más mínimo criterio para comunicar ni articular las políticas del gobierno como tampoco las necesidades y problemas de la ciudadanía ejemplo la ciudad y provincia de LOJA. Lo único que existe es peleles de gobernadores que en conjunto con los «directores provinciales del partido» están ocupados en como acomodarse ellos y su grupo en los puestos públicos y en armar «consorcios» hasta para tapar un bache, así como señor presidente. El país en su conjuntoles importa un bledo peor su idea de «cambio»; por favor primero orden y un buen equipo de trabajo y estas ratas a donde corresponde y tendrá un verdadero rumbo la nación.

  2. ¿Qué hacer, qué decir y cómo decirlo?

    Fácil, que contraten a PERCREA, CIA. Ltda. (Perfil Creativo)
    A correa le fue muy bien y le posicionaron como «el mejor presidente de la historia»

    Por lo menos Laso es honesto y está haciendo las cosas lo mejor que puede….

  3. “Memento mori” es una frase latina que significa “recuerda que morirás”. Esta frase tiene su origen en una costumbre de la Roma antigua. Cuando un General desfilaba victorioso por las calles de Roma y la gente lo aclamaba, tras él un siervo se encargaba de recordarle las limitaciones de la naturaleza humana, con el fin de impedir que incurriese en la soberbia y pretendiese, a la manera de un dios omnipotente, usar su poder ignorando las limitaciones impuestas por la ley y la costumbre.

    Así como hoy en día los presidentes tienen una persona que anota los compromisos que asume, así mismo deberían tener un asesor que les recuerde que son mortales para evitar que se envanezcan tanto y quieran perpetuarse en el poder como vemos que son proclives algunos mandatarios de la región.

  4. El enigma puede resolverse visitando el sitio web de la Presidencia de la República.

    Según el organigrama, la Presidencia de la República del Ecuador tiene cuatro Secretarías Generales:
    – Secretaría General Jurídica
    – Secretaría General de Gabinete
    – Secretaría General de Comunicación
    – Secretaría General de la Presidencia (??!!!)

    Cada Secretaría General es un micro-ministerio, con su respectiva Coordinación General, Subsecretarías y Direcciones, en ciertos casos duplicadas o contrapuestas. Por ejemplo, la Secretaria General de la Presidencia tiene su propia Dirección de Asesoría Jurídica (aparte de la Secretaria General Jurídica de la Presidencia) y su propia Dirección de Comunicación Social (aparte de la Secretaria General de Comunicación de la Presidencia).

    En el organigrama de la Presidencia no aparece ninguna unidad encargada de las relaciones con las demás funciones del Estado. Tampoco hay unidades que asesoren al Presidente en temas clave como seguridad nacional y economía.

    Otra entidad, afuera de la Presidencia, es la Secretaría Nacional de Administración Pública. Históricamente era el enlace con las entidades del Ejecutivo, incluyendo gobernaciones, ministerios y empresas públicas. Sin embargo, todo eso ya está en las diversas Secretarías de la Presidencia!!!

    Cómo llegamos a tener una estructura de gobierno tan absurda y disfuncional? Nadie lo sabe.

    Pero es evidente que la Presidencia necesita una reingeniería urgente. No es cuestión de cambiar personas sino de rediseñar completamente la institución.

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