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El auge de la ‘ultraderecha’

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El domingo pasado Chile celebró la primera vuelta de sus elecciones presidenciales para escoger a la persona que sucederá a Sebastián Piñera en el Palacio de la Moneda. Tal como preveían la mayoría de las encuestas, los candidatos más radicales disputarán la segunda vuelta electoral. Chile, el país más estable de la región en lo político y económico, que se caracterizó siempre por tener candidatos moderados de centro derecha y centro izquierda, hoy transita por el mismo camino de muchos de sus vecinos y deberá decidir entre José Antonio Kast y Gabriel Boric que representan dos visiones antagónicas de gobierno.

Cabe preguntarse cómo Chile llegó a esta situación después de más de veinte años de una democracia ejemplar. La respuesta no es sencilla y tiene diversas aristas. En primer lugar, las protestas de octubre de 2019 dieron cuenta de que, si bien la situación económica y social de Chile era mucho mejor que la de los países vecinos, la creciente desigualdad y falta de oportunidades eran factores que los gobiernos no habían tenido en cuenta y que afectaban a buena parte de la población chilena. Sin embargo, las protestas que, en un principio, podían haber captado cierta simpatía por parte de la ciudadanía derivaron en actos vandálicos y de destrucción que conllevaron el rechazo de buena parte de la población.

Para muchos puede resultar paradójico el amplio triunfo de la izquierda en las elecciones para escoger a los constituyentes que deben redactar la nueva constitución chilena y el triunfo del candidato más radical de derecha en primera vuelta. No obstante, esa paradoja tiene una explicación. No todo aquel que quería cambiar la Carta Magna chilena se sentía necesariamente identificado con los movimientos de izquierda, sino que consideraban que la Constitución debía ser cambiada porque era una herencia de la dictadura de Pinochet. Por otro lado, una gran parte de la ciudadanía, no sólo en Chile sino a nivel regional, ha demostrado un hartazgo de las protestas vandálicas y destructivas que lleva a cabo buena parte de la izquierda más radical para solicitar cambios en las políticas públicas de los países de la región. Esa izquierda, además, cuando llega al poder suele verse salpicada por hechos lacerantes de corrupción, tal como lo hemos visto en Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Brasil o Argentina. Esa combinación es el perfecto caldo de cultivo para que surjan candidatos radicales de la orilla opuesta que ofrecen combatir la violencia de la izquierda y ofrecen “orden” y “libertad”.

Kast se enmarca en la misma línea que líderes como Jair Bolsonaro o Donald Trump. El auge de esta supuesta “ultraderecha” es una respuesta a la corrupción, la violencia y el poco respeto a las reglas democráticas que buena parte de los movimientos radicales de izquierda han demostrado en varios países de la región. Es ahí donde surge la posibilidad de que candidatos con propuestas ultraconservadoras y radicales capten la simpatía de muchos de los electores que, si bien pueden no coincidir en muchas cuestiones con estos líderes, ven en ellos la barrera para evitar que esa izquierda radical tome el poder.

Actualmente, Ecuador es una excepción a esa corriente que viene surgiendo en la región. En las últimas elecciones, ningún candidato con posibilidades serias de éxito manejaba un discurso ultraconservador o de “ultraderecha” como muchos medios de comunicación suelen calificar a estos líderes. De hecho, la alternativa al candidato correista que se enmarcaba dentro de esa izquierda populista fue un candidato de centro derecha moderada que hoy gobierna el Ecuador.

No obstante, no se puede descartar que en las próximas elecciones presidenciales en Ecuador pueda surgir un candidato con ideas similares a las de Bolsonaro o Kast que sea capaz de capitalizar ese hartazgo de la ciudadanía ante la corrupción, la inseguridad y la falta de oportunidades. Los resultados del gobierno de Lasso serán los que eviten o coadyuven a la llegada de un líder de esas características a Carondelet.

Ricardo Flores es abogado.

4 Comments

  1. El debate se termina cuando, se ponen etiquetas. Se dejan de debatir las ideas. Basta que etiqueten de «extrema derecha» y eso ya quiere decir todo: fascista, anti feminista, homofóbico, patriarcal, capitalista, hetero blanco. A eso se reduce el debate de los zurdos y no a las ideas en concreto. Creo que no les da el cerebro para algo más que no sean sus consignas.

  2. A estas alturas ya sabemos que NO podemos esperar ningún beneficio de ningún gobierno. Uno no debe esperar que el gobierno le ayude ni le resuelva los problemas. Por el contrario, hay que defenderse con ingenio de las consecuencias negativas que la mayoría genera enfocando la atención en aquellas actividades que te permitirán salir adelante, construyendo redes sociales de apoyo para hacer frente a los cada vez más crecientes vicisitudes que los gobiernos provocan, sean de la moneda que sean.

  3. Estimado Doctor Flores, me gustaría que me diga que es para usted ultra derecha, porque mezclar a Kast con Bolsonaro o Trump, como que no tiene sentido. En realidad, Kast es más cercano a lo que proponen Milei, Espert, y, Vox, en mayor o menor medida (no comparten todo):

    Estados fuertes, no grandes ni obesos, que se dediquen a sus tareas fundamentales: seguridad, salud pública, educación, obra pública.
    Liberalismo económico y tratados de libre comercio.
    Orden y disciplina.
    Respeto de los 3 derechos fundamentales: vida, propiedad, y, libertad.
    Respeto al proyecto de vida individual de cada persona, siempre y cuando esté proyecto no afecte a la vida del resto.
    Decisiones basadas en hechos no ideologías (datos científicos/reales, en contraposición de deseos)

    Tiene razón en cuanto a que, todos estos personajes de la denominada ultra derecha, son una respuesta al activismo de la izquierda radical, pero sobretodo al hecho, de que la izquierda ha copado con sus ideas, muchas de ellas irrealizables, todo el espectro de opinión de la sociedad, de forma tal, que si no compartes sus ideas, eres facho, fascista, conservador, etc. El punto es, que buena parte de la sociedad no comparte mucha de las ideas de izquierda de moda, y, no ha encontrado interlocutores válidos que los representen en el debate. El mérito de Kast, Milei, Espert, y, Vox, es haberse atrevido a pelear la batalla cultural, demostrando por lo general, que la mayor parte de las propuestas de izquierda no van a ninguna parte.

    Además, la mayor parte de la izquierda, no produce nada más que ideas. Por otro lado, la mayor parte de emprendedores creen en el capitalismo. Lamentablemente, la mayor parte del periodismo, tiene en su corazón a la izquierda

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