Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La Primera Dama se sale del libreto

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No es la primera vez que hay discordancia entre la actitud del presidente de la República o los mensajes del gobierno y las intervenciones de la Primera Dama. Ya ocurrió por trinos suyos. En abril pasado, por ejemplo, pidió orar para que no se apruebe el aborto. Se trataba, en realidad, de la despenalización, por parte de la Corte Constitucional, del aborto por violación. Hoy, ella fue motivo de irritación y de chistes crueles en redes sociales por el mensaje que dio durante el lanzamiento de la campaña “De la indignación a la acción”. Con ella, el gobierno persigue, según se dijo, prevenir y eliminar la violencia contra niñas y mujeres en el país.

Siempre habrá espacio para explicar lo que la esposa del presidente dijo, quiso decir o le entendieron: “Muchas veces tenemos el afán de pensar que nadie nos comprende, nos volvemos víctimas y es terrible -dijo ella en su intervención-. No, mujeres, no somos víctimas de nadie, solo de nosotras mismas si nos dejamos».

La Primera Dama participó en un acto oficial, al lado del presidente, de Bernarda Ordóñez, secretaria de Derechos Humanos, y Eduardo Bonilla, secretario de Comunicación. Además, ella habló a nombre del “Gobierno del encuentro”. Se debe entender, y así muchos lo entendieron, que aquello que dijo hace parte del discurso oficial. Los hechos muestran que no es así. Ella fue en contravía y lo que dijo -mezcla de afirmaciones, consejos y anécdotas personales- se robó la atención, por encima de las noticias, la sustancia y los mensajes preparados por el gobierno.

Esto tiene que ver con la incomprensión que, al parecer, sigue habiendo en Carondelet sobre el rol de la Primera Dama. Incomprensión a doble título. Primero, sobre sus principios personales -estimables y respetables- y que ella sigue publicando y publicitando en sus cuentas sociales, en detrimento de la función que ocupa y de las servidumbres que eso impone. Guillermo Lasso, en ese punto, ha dado pasos enormes en dirección de un país que lo eligió como presidente, no como pastor de almas. En la concepción de su función, él entendió que es el presidente de todos los ecuatorianos, que gobierna en un régimen republicano y en un Estado laico. Muchos que temían que confundiera sus valores con sus funciones, han confesado sorpresa y reconocimiento por la actitud del presidente.

Segundo, sobre los mensajes que emite. La Primera Dama sigue actuando como una activista religiosa y se expresa sin apego al libreto al que, por su estatus, está obligada. Pocos servidores públicos aprecian los protocolos e instructivos de comportamiento. Pero deben asumirlos. En este caso, es imposible separar lo que dice la persona María de Lourdes de Lasso y lo que dice la Primera Dama. Por eso, su discurso involucra al presidente y, en el caso de la violencia contra niñas y mujeres, al gobierno en general.

El discurso de María Lourdes de Lasso puede ser, como todo discurso personal, explicado y defendido. Puede ser compartido o rechazado. Pero una cosa es un pensamiento personal y otra la construcción de políticas públicas. O el análisis de las causas y los contextos que, por ejemplo, generan actitudes, representaciones, daños, violación de derechos, violencia contra la mujer. Esos factores, o su articulación, no pueden ser solventados pidiendo fuerza de voluntad a las víctimas.

Las políticas públicas son complejas y por eso los discursos desde el poder tienen que ser pensados y estar en línea con acciones concretas; no con consejos. Ni con anécdotas personales que, por respetables que sean, no logran abarcar problemas tan dolorosos y sensibles como el de la violencia contra niñas y mujeres. Hay, en este campo, un desfase de la Primera Dama con la realidad del problema tratado que causa un costo político para el Ejecutivo. Dicho de otra manera, la realidad invita a la Primera Dama a hacer el mismo recorrido efectuado por el presidente, porque su función no es contar su experiencia ni dar consejos: es hacerse cargo de la realidad que, con su esposo, están administrando.

Foto: Presidencia de la República. 

3 Comments

  1. Como si empre aprecio y admiro sus importantes artículos que en todos los temas constituyen una demostración del profesionalismo, ética y frontalidad que le caracteriza; sin embargo en el presente caso que se refiere a la primera dama, a mi criterio muy personal considero que si bien su intervención no fue muy atinada y no va en línea con el pensamiento del señor presidente en ciertos aspectos, sus mensajes, muy importantes por cierto, a lo mejor expresados de otra manera no hubieran merecido crítica alguna; desde luego que correistas y otros resentidos aprovecharán este hecho para lanzar cualquier cantidad de improperios.

  2. El mensaje de la Primera Dama es totalmente válido: empoderar a las mujeres para que confíen en sí mismas y sean las primeras en hacer respetar sus derechos, sin victimizarse. Es el mensaje que se esperaría de un gobierno de centro-derecha, con un presidente que ha tenido éxito en la vida gracias a su propio esfuerzo.

    La disonancia se produce cuando el gobierno da el mensaje opuesto: que las personas son víctimas, sin capacidad alguna para cambiar su vida; y que cada problema social requiere un programa estatal.

    Tal vez no sea la Primera Dama quien está fuera del libreto.

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