Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Los políticos locales solo sirven para quejarse?

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Los tres asambleístas del Carchi dirán que hacen su trabajo. Los tres -Pedro Velasco (en la foto), Ramiro Narváez y José Luis Vallejo- enviaron una carta al presidente de la República sobre la apertura de la frontera con Colombia que fijó, con Iván Duque, para el 1 de diciembre. En esa misiva, con fecha 23 de noviembre, piden, en la parte sustancial, que se posponga la medida para enero, se socialicen los protocolos de bioseguridad que se aplicarán y se implementen medidas efectivas de reactivación económica para su provincia.

La carta de los tres asambleístas es -sin que se lo hayan propuesto- el retrato perfecto de la forma como una mayoría de políticos locales piensan y hacen política en el país. La frontera con Colombia se cerró en marzo de 2020. Nadie podía pensar que esa situación se iba a prolongar en forma indefinida. Es decir, la provincia que ellos representan debía prepararse para el retorno a la normalidad. Se entiende que nada ha hecho. Y que el pedido para posponer la apertura de la frontera no está atado a un plan que estaría en camino para neutralizar las desventajas que acusan los comerciantes de esa zona con respecto a Colombia: piden que se abra en enero para evacuar mercadería el fin de año. En los hechos, es una medida proteccionista para no tener que enfrentar la competencia que tienen con el departamento de Nariño.

¿En 20 meses que estuvo cerrada no prepararon nada? Más dramático aún: en la carta se lee que, desde 2015, Tulcán, como cabecera principal, fue declarada, por el Consejo Sectorial de Producción, “zona económica deprimida”. Y la razón evocada es el diferencial cambiario con el dólar. Una realidad imposible de soslayar y que no cambiará si se pospone durante unas semanas más la apertura de la frontera.

Hay en esa carta una lógica marcada por la fatalidad: la provincia es víctima de la desidia del Estado central y por colindar con Colombia. ¿Ha generado alguna alternativa? No la evocan. Carchi espera las decisiones de los gobiernos de turno para reactivarse económicamente. Y ahí sigue.

El asambleísta Pedro Velasco –ayer estuvo en Teleamazonas– suma contradicciones y sofismas a esa lógica. No invoca las bondades de su provincia. No dice qué podría ofertar. Se limita a decir que su economía está quebrada y que la apertura de la frontera provocará otro revés: “la estocada final”, dice él. En cambio, y curiosamente, describe las bondades comerciales de Nariño: 4 000 pesos por un dólar, productos baratos, más competitivos y devolución del IVA.

No solo es el comercio: según él, los sectores agrícola y ganadero no levantan cabeza, los precios están bajos y los productos no pueden salir por el tema del contrabando. ¿Entonces, convendría regularizar cuanto antes la actividad fronteriza? Pues no. Él habla de una apertura estructurada, planificada, programada que permita asimilar a los habitantes, de a poco, la decisión de la frontera… Es claro que no está pensando en mantener cerrada la frontera solo dos meses más. Y es todavía más obvio al escucharle que tampoco él tiene alternativas para superar una situación que ciertamente Carchi no desea, pero que es la suya: tener que competir con su vecino.

El mismo canto de sirena se percibe cuando el asambleísta, para oponerse a que se abra el puente de Rumichaca, dice que hay “medio centenar de pasos no autorizados”. Su confesión desbarata su discurso. Está diciendo que nadie para el comercio y que el presidente Lasso está en lo cierto cuando habla de bandas que están extorsionando a los ciudadanos precisamente porque la frontera está cerrada. Velasco no solo se contradice, sino que agrega un sofisma patriotero de pancarta y baja estofa: esas bandas solo están del lado colombiano. Vieja retahíla que la realidad pulverizó hace tiempo.

Decir que hay medio centenar de pasos ilegales deja igualmente fuera de juego el gran argumento que esgrimen los tres asambleístas para pedir al presidente Lasso que mantenga cerrada la frontera: la contención del brote del coronavirus.

En claro, la visión que dan los tres asambleístas de Carchi es la de una provincia sin capacidad de iniciativa, que espera que el Estado le arme un plan de desarrollo y que clama por incentivos estatales para mantener actividades privadas en las cuales algunos ciudadanos tienen problemas para competir. Si ese retrato fuera cierto, habría más razones para la desesperanza: significaría que los políticos locales entienden que su labor se limita a quejarse y a escribir cartas a los presidentes de turno.

Foto: Asamblea Nacional 

10 Comments

  1. Agricultores, comerciantes, fabricantes piden protección del Estado, precios de sustentación, que se cierren fronteras, que se controle el contrabando, etc. y que el pueblo pague lo que ellos estiman que vale su producto. ¡Estamos jodidos!. ¿No sería conveniente que nuestros «salvadores» con tanto «asesor» y con tremendos sueldazos que paga el Estado, que analicen las causas (mientras digieren las empanadas) para que los productos de los vecinos sean más baratos y de mejor calidad que los nuestros y propongan medidas para mejorarlos y podamos ser competitivos? Sería más digno que llorar y llorar.

  2. El problema es que en Ecuador todo es mucho más caro que en Colombia (papas, café, ropa, llantas, televisores, etc etc) por una razón muy simple: la dolarización.

    No hay nada que los políticos del Carchi puedan hacer para cambiar esta realidad.

  3. Estos politiqueros son una estafa. Solo sirven para quejarse, sacar ventaja y ver por sus intereses. El extremo de esta demagogia e incompetencia es el régimen cubano. 60 años de no hacer nada, contra el suouwsto «bloqueo»

  4. Un amigo gringo italo ameicano pasó unos meses aquí, vivia prendido del televisor a la hora de noticias.
    Un dia comentó: » politicos ecuatorianos son llorones, todo que hace gobierno dicen: eso no vale «.
    Alégrese don José usted acaba de poner el dedo en la llaga.
    Ojalá ninguno se ellos sea propietario de algún puente fronterizo.

  5. Muestra clara del nivel de preparacion de los asambleistas que el pueblo pone en la asamblea con su voto en cada eleccion. Nunca aprendemos, luego tenemos verdaderos ignorantes y gente sin conocimientos, calentando el puesto, levantando la mano sin saber porque, oponiendose o todo lo que el Presidente quiere hacer y ganando tremendos sueldos a costa del bolsillo de todos.

  6. Iván Sandoval, articulista de El Universo, ya ha comentado varias veces que uno de los deportes favoritos de los ecuatorianos es la cultura de la queja, el lloriqueo y la victimización. Como si esto no fuera suficiente, estos tres asambleístas -dignos representantes de la asamblea-, le suman la desesperanza y la supuesta incapacidad de las personas que se suponen representan de afrontar los problemas y salir adelante. Vuelve la narrativa del pesimismo, la discapacidad y la dependencia del estado para superar los problemas. Respondiendo al título de la columna: sí, solo sirven para quejarse y para decir que estamos jodidos.

  7. A los exhortos inservibles de la asamblea, ahora se suma las cartas de estos asambleístas carchense, para exponer ideas caducas. Sres. no hace falta cartas, sino un cambio en la manera de pensar y hacer empresa, si solo nos quejamos, si solo pedimos el controlar que no pasen «productos libres en oferta y demanda», sino apreciamos la producción interna de la Provincia del Carchi como son: los productos lácteos, cárnicos, frutas (mangos, aguacates, tomate, guanábana etc), si no vemos que también puede ser importante agro producción estamos perdidos queriendo luchar contra la industria (textiles, vidrio, flores, alimentos, tabacalera y demás) adelantada y de calidad de Colombia. Sres. los mercados no se incentivan por decreto, por más que estos perdidos en el espacio quieran controlar las ventas y compras de navidad del país vecino. En gran parte el solo pedir y no aportar con nuevas ideas, tecnologías, investigación, innovación, inversión, es el resultado de aplicar la economía social y solidaria, en donde al productor se le condena a pensar en pequeño, en lo local, en pensar que el mercado puede moverse por extender la mano pidiendo ayuda, ayuda,…. y no poner el esfuerzo y la capacidad que toda persona se supone tiene, para desarrollar la economía ya sea en el Carchi, o en la Conchinchina…. Sres. es hora de cambiar, para que no estén cerradas sus cabezas y las fronteras.

  8. Siempre Leo sus publicaciones ya que dicen grandes verdades y hacen periodismo diferente por que enfocan grandes verdades pero con respecto a la apertura de la frontera con Colombia no comparto su opinión, nuestros Asambleístas transmiten nuestra forma de pensar por que el comercio un poco se reactivó con el cierre de frontera y los tulcaneños ya no miramos las grandes caravanas de vehículos que cruzaban a diario hacia el departamento de Nariño y con ello la fuga de dólares ya que Colombia ofrece productos de buena calidad y excelentes precios y con ello los productos nacionales son rechazados.

    • Qué buena propaganda doña Fanny: ¡A comprar productos colombianos! Usted así lo promueve: «productos de buena calidad y excelentes precios». Con su opinión, no quedaría más que encerrarnos como país, igual que lo hizo Venezuela.

  9. Por eso este país es primitivo. En vez de promover mejores condiciones fiscales y comerciales que no solo permitan mejorar la competitividad en el Carchi, más bien en todo el país, lo típico es pedir que se pongan aranceles o se cierre el comercio para proteger a las empresas. Y no piden mejores condiciones porque eso sería «proempresario» «antipobres» y «neoliberal». Si la gente tuviera el chance de poner al Ecuador en una isla, Cuba nos parecería un paraíso del libre comercio por el autobloqueo que nos impondríamos.

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