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Cambiar la sociedad para erradicar la violencia

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Con ocasión del 25 de noviembre, cuando se conmemoró el día internacional de la eliminación de la violencia en contra de la mujer, varios colectivos transparentaron algunas cifras. Los datos revelados hablan de una situación alarmante y que ya no se puede ni se debe callar más. La estadística es tan terrible que ameritaría que se tome una decisión potente: declarar la erradicación de la violencia contra la mujer como política de Estado.

Expertos coinciden en que esa podría ser la vía idónea para atacar el problema y abrir caminos para trabajar en su erradicación. Porque sólo así se marcaría una línea de acción que corrija los vacíos de acceso a la justicia, falta de atención suficiente a las víctimas de violencia, prevención y sanción. De lo contrario, las acciones para la erradicación de la violencia contra la mujer, seguirán siendo programas residuales carentes de fondos o, en su defecto, su tratamiento relegado a acciones aisladas de filantropía sin ninguna sostenibilidad a mediano y largo plazo.

En lo que va de 2021, desde enero a noviembre, 172 mujeres han perecido víctimas de feminicidio y se calcula que cada 44 horas ocurre un delito de esas características. Una cantidad significativa de estos delitos va acompañada de abuso sexual de las víctimas. Por otro lado, está el drama de las niñas madres por violación o incesto -3000 niñas menores de 14 años al año- y que hoy están más invisibilizadas que nunca.

Pero, ¿dónde radica el origen de estas prácticas violentas y crueles? Es un flagelo que viene desde hace mucho tiempo atrás. Está atado a prácticas sociales estructurales, creencias culturales y también religiosas que han visto y tratado a la mujer desde el velo del estereotipo y la han ligada únicamente a un rol definido en la familia. En esa lógica se han tolerado sistemáticamente prácticas violentas contra ellas, de modo que terminan siendo normalizadas.

Sociedades que tienden a ser violentas, generalmente tienen índices bastante altos de violencia hacia la mujer. Basta recordar cómo en pleno siglo 21, existen lugares del planeta en donde las mujeres son consideradas cosas y hasta son negociadas a cambio de bienes o comida. En esos contextos, las mujeres son privadas de todo tipo de oportunidad para educarse, trabajar, progresar y elegir una profesión y, consecuentemente, son víctimas permanentes de los violentos. Son sociedades cuyo convivir se desenvuelve en manifestaciones cotidianas de violencia dentro y fuera de sus límites territoriales.

En Ecuador, para conseguir la erradicación de la violencia contra la mujer, es necesario empezar por reconocer que se ha convertido en un problema nacional y entender que hay que tomar acciones desde varias esferas. Desde el Estado: generar condiciones normativas laborales más equitativas para la mujer. Crear programas de inclusión financiera con un enfoque en mujeres rurales, artesanas y pequeños emprendimientos como una medida de promover su independencia económica. Viabilizar un pacto fiscal que incluya dentro del presupuesto del Estado los recursos necesarios para generar sistemas de protección efectivos en contra de la violencia contra la mujer.
Desde el sector privado: comprometerse a mantener programas permanentes de responsabilidad social creados para apoyar a las mujeres víctimas de violencia.

No obstante, quizás la tarea más importante le corresponde a la sociedad misma en su conjunto. Es allí, donde se tiene que producir el cambio fundamental puesto que es el tejido social donde se reproducen y se fortalecen los estereotipos y se arraigan las manifestaciones violentas

Es preciso tomar atención a las niñas. Se necesita brindarles mejores oportunidades de educarse en libertad sin el peso del rol ni el estereotipo. Formar niños respetuosos y solidarios. Es urgente deconstruir prejuicios y tratar de ser más empáticos con las situaciones de violencia; ayudar a las víctimas sin juzgarlas desde el privilegio ni desde la moral.

Hay muchas cosas por hacer. Pero el 25 de noviembre debería ser tomado como impulso para reconocer, como sociedad, las tareas pendientes para erradicar la violencia en contra de las mujeres y considerar este fenómeno como un problema de todos.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

4 Comments

  1. Coincido con los comentarios de Rio y Mario Santamaria, y ojo, soy mujer, tengo una hija y un hijo. Tenemos que trabajar por una sociedad más justa y esto significa que se deben solucionar los problemas desde conceptos generales, no fragmentando a conveniencia. De esto solamente se benefician personas activistas, financiadas de una forma poco transparente, que pretenden llegar a puestos de decisión sin representar a nadie. Como mujer en una carrera de STEM (ingenierías en ciencias exactas, mecánica en mi caso), a mí no me pueden venir a contar historias que no entiendo y que me digan que no he vivido, pero cuando reflexiono sobre todos los retos, impedimentos e incluso problemas que tuve o tuvieron mujeres alrededor mío, creo que se solucionarían desarrollando un carácter más eficaz y eso NO se logra diciéndoles a las mujeres que la culpa es de todos los otros, que no tienen la obligación de desarrollar un carácter independiente, no se soluciona diciéndoles que son víctimas. Obviamente muchas personas sufren violencia en la sociedad, y eso es una labor compleja que tiene muchísimas aristas, pero no trivialicen los problemas reales de la sociedad con consignas absurdas. Por otro lado, ya cansa el término «visible» «invisible», es un cliché hueco, absurdo, sin sentido. Y obviamente no están para debates sino para repetir los mismos mantras y poner etiquetas a conveniencia al que no piensa como ustedes.

  2. Estimada Doctora Hidalgo, permítame coincidir con el comentario anterior de RIO, y, agregar algunas cifras más, así como puntos de vista adicionales:

    MUERTES VIOLENTAS Y SUICIDIOS: Según las cifras del INEC, del registro estadístico de defunciones generales, el año 2020, hubo 121 homicidios de mujeres, que se podrían considerar femicidios. El mismo año hubo 929 homicidios de hombres, es decir, 7,6 veces más. En cuanto a suicidios, hubo 852 de hombres, y, 219 de mujeres, es decir, 3,8 más. Estas cifras son parecidas todos los años. Entonces, Por qué a las activistas solo les preocupa las muerte violentas de mujeres? Acaso atrás de los hombres asesinados no hay familias? Acaso los hombres con deseo de suicidio no requieren ayuda sicóloga? Solo las mujeres sufren violencia? En un estado con recursos escasos, acaso solo deben dedicarse a las mujeres violentadas?

    SOLO LOS HOMBRES EJERCEN VIOLENCIA?: Cuando uno lee o escucha a las activistas del feminismo de género, parece que la culpa de todo solo es del patriarcado, y, por ende de los hombres. Pero la realidad es que las mujeres también ejercen violencia, no solo contra hombres, sino contra mujeres. Las mujeres divorciadas que reciben puntualmente las pensiones de sus hijos, pero no permiten que los padres los vean, no son violentas? Tampoco se ha escuchado de casos donde mujeres usan a sus amantes para asesinar a sus maridos? Nunca pasa que las mujeres no acosan a otras mujeres ni opinan mal de ellas hasta destruirlas? Nunca ha pasado que mujeres asesinan a otras mujeres, cometiendo femicidio, según describe el artículo 141 del COIP?

    EL PRIMER PASO PARA COMBATIR LA VIOLENCIA ES ACEPTAR LA IGUALDAD ANTE LA LEY: Creer que solo las mujeres son violentadas, y, solamente por hombres, no solo que no arregla nada, sino que hace que se desperdicien los escasos recursos que tiene el estado. Si realmente queremos combatir la violencia, debemos aceptar primero, que tanto hombres como mujeres, con nuestras diferencias biológicas ciertas, somos iguales ante la ley. A partir de esta premisa, se pueden elaborar mejores leyes y procedimientos, para poder combatir la violencia.

  3. Un medio para cambiar la sociedad, es la EDUCACIÓN. El gobierno debería priorizar la educación, mejorar los organismos que dan atención a la mujer y a la familia, etc. El sistema judicial debería ser más estricto en aplicar las leyes y sancionar a quienes trafican con la justicia. Los otros poderes del Estado como el Legislativo, legislar en función del país. La sociedad y medios de comunicación, contribuir al cultivo de buenos hábitos, abolir la afición a programas eróticos, de violencia, como las narco-novelas, etc.
    Pero, lastimosamente, el nivel de brutalidad en general es cada vez más alto y despiadado, sea contra mujeres, varones o niños. Como que la especie humana está perdiendo la principal característica que lo distingue (distinguía) de las demás especies: el sentimiento, la capacidad de amar. Nada más ver lo sucedido en las cárceles o en las calles. Ni los orangutanes.

  4. Algunas estadísticas interesantes:
    – 17000 presos sin sentencia
    – 28000 presos por delitos menores
    – 300+ masacrados en las cárceles este año.

    Qué tienen en común todos ellos?

    Muchas cosas. Para empezar… son hombres.

    Por consiguiente, nadie se preocupa de si son víctimas de violencia física, psicologica o sexual.

    No hay «día de la no violencia contra el hombre». No hay ningún delito tipificado como «masculinicidio».

    Los académicos no investigan el contexto social que llevó a esos hombres a la prisión, por ejemplo: el fracaso escolar; la pertenencia a pandillas; la proliferación de ejemplos nefastos en los medios de comunicación; la ausencia de mecanismos sociales que incentiven la honestidad y el respeto; los embarazos no deseados; el desempleo; la obligación de que los hombres paguen pensiones de alimentos aunque no tengan ni un centavo.

    Imaginemos lo que ocurriría si las juezas de asuntos familiares automáticamente dieran la custodia de los hijos al padre, y obligaran a la madre a pagar dinero a su «ex» para el sustento de los hijos.

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