Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Otra vez la carrera electoral

en Columnistas/Influencers4P/Info por

No hace mucho los ecuatorianos sufragaron en las elecciones generales; no obstante, el 2022 pinta para ser un año electoral…. de nuevo.

En medio de una coyuntura que se ha venido volviendo compleja y con un Consejo Nacional Electoral por renovarse, se anticipa que las elecciones seccionales se empezarán a cocinar tempranamente desde el 2022.

De lo que se puede ver, se puede intuir que existe un riesgo importante de que vuelva a suceder lo que ocurrió las últimas elecciones seccionales. Al menos una decena de precandidatos en el ámbito nacional alistan sus motores y, en lo que tiene que ver con la capital, se empiezan a ver interesados en evidente preparación para competir.

Todo esto ocurre, en medio de una crisis de representación que se está volviendo más obvia, especialmente en el pobre papel que está cumpliendo el órgano político más importante del país como es la Asamblea Nacional. Si de su seno y de esas tiendas políticas van a salir las nuevas opciones para liderar los gobiernos locales, no se podrá esperar mucho de las candidaturas.

Se vuelve probable que, con este escenario, se puedan dar al menos dos posibilidades: primera, una dispersión grande a la luz de los más de 250 partidos registrados que, seguramente, aprovecharán los comicios seccionales para alcanzar al menos una concejalía y no desaparecer. Segunda, baja calidad en la oferta de los candidatos que, provenientes de las tiendas políticas representadas en el legislativo, posiblemente presentarán perfiles similares que, a razón de cajitas de sorpresa, repitan lo que se ha venido viendo.

Si bien el ejercicio de la actividad política ciertamente es un derecho innegable, está claro que si para las seccionales, los partidos no se ponen las pilas y las asumen con la responsabilidad con la que deben afrontarse, será un nuevo desastre: hay que estar conscientes de que las autoridades que se eligen son claves para el accionar político nacional y significan un vaticinio de lo que se puede esperar para las presidenciales del 25.

Conviene recordar, además, que una de las tareas que tocará a los partidos durante el año electoral próximo, será cumplir con las reglas aprobadas en el primer trimestre del 2020 y que están vigentes: habrá que ver si logran. Por otro lado, la presión de la ciudadanía sin duda irá in crescendo porque, aunque a veces se crea que el pueblo es tonto, no lo es y la gente ya no quiere más de lo mismo. Por lo tanto va a ser difícil volver a pasar de agache y francamente ojalá que sea así.

Empieza a surgir una corriente ciudadana antisistema, producto del descontento con el ejercicio de la política formal. Una corriente que desde el movimiento apolítico –o al menos así se define- pretende ocupar un lugar mediante la competencia electoral. Si esa iniciativa se fortalece y se abre camino, habrá que ver si hay outsiders en las elecciones locales. De ser así, deberá forzosamente abrirse el debate sobre sus propuestas y capacidad de consolidación política y de gestión administrativa a futuro. En todo caso, el escenario está abierto y hay oportunidades para movimientos de todo tipo.

A algunos podrá parecer temprano poner sobre la mesa estas reflexiones, pero dada la experiencia de la política bipolar ecuatoriana, es mejor temprano que tarde. Levantar las alertas necesarias, podría ayudar a que las tiendas políticas pongan sus barbas a remojar para que después no se alcen de hombros y se desentiendan de la clase de personajes que candidatizan. Aunque no parezca, el Ecuador está entrando otra vez en una nueva carrera electoral.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

Perder ganando

Se suele decir que en la política, así como
Ir Arriba