Guerra de sexos: ¿Hasta cuándo?

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¿Las causas que tanto inquietan a las mujeres avanzan? Por supuesto están las que históricamente más las han movilizado y que involucran sus derechos y su lugar en la sociedad. Entre ellas salarios iguales para trabajos iguales, reparto de tareas, su participación política y la paridad política. Y las que se han sumado sobre temas de discriminación y desigualdad: equidad de género, derecho a decidir sobre su cuerpo, su lucha contra la violencia contra ellas y las niñas…

Esas causas, a pesar de la polémica que algunos casos causan, han hecho su camino. El tema no es discutir su fundamento sino la estrategia seguida para volverlas causas de la sociedad en su conjunto. El feminismo en Ecuador pasa por las etapas recorridas en otros países. Con décadas de retraso en algunos tópicos. Y una convicción que comparten, al parecer, muchas de sus militantes: hay que sumar likes y ganar a diario guerras en redes sociales, aunque la realidad siga imperturbable.

En ese capítulo entra el lenguaje que usan en el cual cuentan más las palabras que los hechos; tener siempre la razón; tratar de misóginos y machistas a todos aquellos que las critican; mantener un clima de recriminación y sospecha contra el enemigo común -el hombre- y, como escribió Annie Le Brun, “ponerse el uniforme de su sexo”. Las exageraciones no son nuevas y la escritora y crítica francesa ya las había señalado en su libro Lachez tout (Abandonen todo) en 1978, al llamar “estalinistas con faldas” a las feministas radicales de su país.

Nada de lo que se ve es nuevo. Y como hace más de 40 años en Europa, lo más valioso, quizá, es volver a las preguntas que se formularon las seguidoras de Louise Michel, Flora Tristan o Simone de Beauvoir: ¿Sirve las causas de las mujeres (que conciernen a toda la sociedad) luchar por palabras y conceptos que tocan temas de representación -y palabras adecuadas según la corrección política-, pero que dejan indemnes los problemas reales de la vida de millones de ellas? ¿Criticar sus yerros es ser enemigo de las causas fundamentales de la mujer; como ser antisemita (para algunos radicales) es oponerse a ciertas posiciones del gobierno de Israel? ¿Las causas femeninas se fundamentan, se defienden y llegarán a buen puerto únicamente si se basan en una guerra abierta y sin tregua contra los hombres? ¿Y por qué generalizar si siempre habrá idiotas (en cualquier campo) cuando lo que importa es generar nuevas formas de relación; en este caso con aquellos hombres que tienen otra visión y ampliar con ellos y sin cese ese segmento?

En definitiva, la pregunta sigue siendo si las mujeres pueden ser el motor que provoque el revolcón cultural que requiere la sociedad. En ese caso, la estrategia seguida es totalmente equivocada. Las guerras que se dan en redes (que solo reclama doctrina o ideología) terminan como las películas de Schwarzenegger: contando el reguero de muertos: insultos a granel, provocadores o falócratas sin remedio arrastrados, número de likes obtenidos y la interrogante de quién se quedó con la última palabra. No importa si el menú es siempre el mismo: debates tan estériles como desesperanzadores.

Debates que nada cambian y que suscitan siempre la misma interrogante: ¿Cuánto tiempo más se extenderá este tipo de enfrentamientos? Si el patriarcado está condenado, ¿cuándo y cómo se vislumbrará el nuevo sistema de relaciones entre hombres y mujeres? A menos que algunas influencers, desencantadas ante la imperfección masculina, estén convencidas de que la única solución es persistir sin remedio en esta guerra absurda de sexos.

Lo más obvio es pensar que muchas mujeres inteligentes están librando, por causas justas, una guerra necesaria pero basada en una pésima estrategia. En todo caso, no se compadece con su energía, su conocimiento y la convicción de que muchos códigos culturales que sustentan su relación con los hombres son irracionales y deben ser modificados. Y cambiarlos requiere denunciarlos, claro, pero sobre todo una estrategia inclusiva destinada a suscitar nuevas valores y nuevas actitudes.

Este tema puede ser más doloroso, por el impacto que causa en las víctimas, pero no es muy diferente, desde el punto de vista cultural, al cambio que necesita el país para entender y practicar la política por fuera de la matriz caudillista. Y así hay muchos temas de comportamiento como se ve a lo largo, por ejemplo, de los libros del expresidente Osvaldo Hurtado. Ecuador necesita menos guerras y más pedagogías.

En el caso del feminismo hay una enorme diferencia: hay ya un mundo de mujeres (y también de hombres) conscientes de que sus relaciones deben cambiar. Y que esos cambios son provechosos para el país, las personas, las parejas, las familias. La misma energía que se pone en guerras insulsas, podría -inspirada en otra estrategia- causar la sorpresa que necesita el país: que las mujeres realmente cambien la sociedad convirtiendo los hombres no en sus enemigos, sino en sus socios.

Foto: El Telégrafo.

1 Comment

  1. Soy ya un hombre viejo; no recuerdo entre mis abuelas, madre, hermanas, hijas, nietas , a ninguna que no haya sido amada y respetada en todos los sentidos y ellas fueron y son, aun las mas jóvenes, mujeres con toda su delicadeza y confianza psicológica y biológica intactas, sanas, productivas, adorables.

    Veo con estupor lo que sucede en el mundo actual: España, por ejemplo, es un polo del “feminismo ideológico” y va encabezado por la Sra. Irene Montero, ex esposa del zurdo Pablo Iglesias y Ministra de igualdad. Para esta Sra. y sus gentes el hombre tiene “la violencia contra las mujeres en sus genes”,” Todo hombre (dice su asesora) Beatriz Gimeno, debería “ser penetrado” para que sepa lo que es ser mujer (¡!). El Gobierno les permite aquejares públicos uno de los cuales hace dos años fue (y lo sabían de antemano) un acto disparador del crecimiento del covid. Hay otras mujeres importantes en la política española que están en desacuerdo con esta “guerra de los sexos” y son naturalmente odiadas y tachadas de fascistas, adjetivo que se usa sin entenderlo.

    La ideología feminazi se une a otras tantas, ahora de moda, que se avisora un futuro caótico.

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