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Justicia para las mujeres

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El año 2021 ha sido considerado como el año más letal en términos de muertes violentas de mujeres y niñas. Los datos obtenidos, como los de la Alianza para el Monitoreo y Mapeo de feminicidios en el Ecuador, reportan que se registra, en el país, cada cuarenta y cuatro horas, un crimen con muerte en contra de una mujer o una niña. Semejante cifra vergonzante, obliga a seguir poniendo sobre el tapete, la discusión acerca de qué están haciendo los supuestos sistemas de protección que existen, si es que existen y cómo están desarrollando su trabajo.

Del desglose que se tiene sobre este fenómeno, es evidente que el Estado sigue fallando respecto a ofrecer a las víctimas de violencia la tutela y protección que le corresponde dar.
Es inconcebible que de las mujeres asesinadas el año pasado, 37; es decir, el 21,6 %, habían reportado a las autoridades, antecedentes de violencia. El resultado: ninguna de ellas fue ayudada por el sistema y no pudieron recibir una atención oportuna; una respuesta adecuada y mucho menos protección.

Es más, mujeres víctimas de feminicidio tenían boletas de auxilio. Cabe decir, que la boleta de auxilio es una de las medidas judiciales diseñadas, en teoría, para evitar la violencia de género y, se supone, para actuar de inmediato cuando la mujer está en peligro. Pero como esta medida no va acompañada de otras, como la asignación de un agente, por ejemplo, la boleta de auxilio se transforma en un papel arrugado que es encontrado, en la mayoría de los casos, en el bolsillo de la víctima cuando levantan su cadáver.

Solo en el 2021, 172 mujeres murieron por violencia de género. De ellas, 17 fueron reportadas como desaparecidas. Ese es otro problema sin solución. A diario desaparecen especialmente mujeres adolescentes. Y esto a pesar de que es un secreto a voces que existen redes bien articuladas de tráfico de personas que operan en provincias perfectamente identificadas: provincias fronterizas y otras como Santo Domingo de los Tsáchilas. No se evidencia, entonces, voluntad para armar un programa puntual de investigación y desarticular estas redes. Se siguen esfumando jóvenes sin dejar rastro. El Estado tiene también una responsabilidad y una respuesta institucional que debe dar, especialmente, a las familias de las víctimas y de las desaparecidas.

Esta estadística dolorosa se vuelve más triste cuando se conoce que del número total de víctimas, 97, eran madres; es decir, dejan hijos que muy probablemente se quedan en total desamparo porque sus padres, usualmente los victimarios, huyen luego del crimen. Otros, muy pocos, llegan a ser procesados.

Entonces, ¿cuál es la solución? Desde el activismo social y feminista, se ha venido insistiendo en que el fenómeno es de tal magnitud que amerita que se declare como política de Estado la lucha contra la violencia de género. Sólo así se puede trabajar articuladamente con los otros estamentos para generar políticas públicas de educación y salud orientadas a proteger a las mujeres de la violencia.

Se sigue insistiendo en la necesidad de un pacto fiscal por ellas: disponer obligatoriamente en el presupuesto del Estado, un rubro para fortalecer el sistema de protección contra la violencia de género. Dotar de presupuesto para que no suceda lo que está pasando: que las casas de acogida para mujeres, que huyen con sus hijos despavoridos luego de una paliza o agresión de sus convivientes, tengan un lugar donde curarse un tiempo y tengan, al menos, acceso a asistencia sicológica.

Es inquietante, paralelamente, que la sociedad no tome en serio esta problemática. Tal vez si se llegara a comprender los efectos devastadores que la violencia de género produce, tal vez todos le pondrían más atención. La normalización de la violencia de género deshumaniza la colectividad y la inserta en una espiral de réplica de prácticas que son trasladadas a la vida cotidiana.

Es necesario entender que en la medida que un Estado se comprometa en la erradicación de la violencia contra la mujer, irremediablemente eliminará otros fenómenos sociales. Por lo tanto, urge seguir visibilizando el problema y su dimensión para detener esta estadística fatal y generar mecanismos efectivos que aseguren justicia para las mujeres.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

6 Comments

  1. En nuestro país la violencia de género lastimosamente no le toman la seriedad del caso, ya que existe muchas mujeres que corren el riesgo de se lastimadas tanto físicamente como psicológicamente y no solamente de personas desconocidas que se cruzan en la calle, en restaurantes o en el trabajo sino que también corren el riesgo de ser lastimadas en su propio hogar, del esposo, hermano, hijo, tío o hasta incluso de su propio padre, simplemente por tener el pensamiento de que una mujer es débil y frágil piensan que pueden hacer y deshacer a su antojo o voluntad.

  2. «Justicia para la mujer» dice el titulo de este mamotreto «feminista»…y para los hombres? LGBT?..noooo…. ellos tiene todo el sistema judicial a su favor….siempre escribiendo diaparates y sobretodo discrimiando a los hombres…o sea lo mismo pero alreves !!! El titulo deberia ser: Justicia para todos….y por favor no culpe al estado de estos males…culpe a la iglesia y diosito.

  3. El estado deber buscar la manera de poder proteger a las mujeres ya que no podemos salir a las calles sin tener el miedo de saber que no podemos regresar a nuestros hogares por tanta inseguridad de hoy en día, los policías no ayudan porque no pueden ejercer su fuerza ya que por eso también ellos pagan por hacer su trabajo. La inseguridad para las mujeres ha subido en gran cantidad hay tantas niñas, adolescentes y mujeres mayores desaparecidas, violadas, agredidas y nadie hace nada para cambiar eso. Nadie le toma gran importancia.

  4. Y quién se preocupa de los 40.000 presos (todos hombres) amontonados en las cárceles, muchos de ellos por delitos menores, y muchos sin sentencia?

    Quién se acuerda de los 300+ hombres asesinados en las cárceles?

    Quién lleva un registro de los miles de hombres asesinados o mutilados en medio de la violencia callejera?

    Quién escribe algo acerca de los incontables motorizados que son víctimas de accidentes de tránsito?

    • Nadie hace la pregunta correcta. Entiendo por justicia que quien es juzgafo tenga derechos elementales pero al juzgar biolencia no. La violencia intrafamiliar debe ser juzgada con justicia restauradora no punitiva. Quien ataca a su familia que es du mismo ser no debe ser atacafo hasta dejarsele sin salida, sino brindarsele ayuda oportuna y a todo el entorno familiar. Cuando no sucede asi la persona acusada se ve sin salida y ocurre el femicidio pero no el feminicidio. El primero es matat a una mujer el segundo matar a una mujer por el hecho de ser mujer. Ver por el entorno familiar en las contribuciones de violencia intrafamiliar y atender la problemática a ese nivel evitara la escalada de violencia. Claro ese es un proceso demasiado lento doloroso y tedioso. Mas facil es hacerlo político y sacar reditos de ello. Pero pregunto cumple el Estado con la proteccion a la familia en los casos de violencia intrafamiliar?

      • Estimada Ana, si una mujer mata a otra es femicidio? Le cuento que según la legislación ecuatoriana la respuesta es si. La clave de este delito, es que exista una relación de poder, entre la víctima y su victimario(a). Por lo tanto, en la práctica, este delito no debería existir, ya que la relación de poder podría ser un agravante en cualquier homicidio o asesinato. Por otro lado, usted tiene razón en cuanto a la violencia intrafamiliar, peto, un buen sicólogo, le va a indicar que tanto la víctima como el victimario requieren de terapia, Entonces, la solución del problema no pasa por proteger necesariamente a la víctima, sino por incorporar a ambas partes en la solución del problema, en la medida de lo posible. Por otro lado, los criminólogos, es decir los expertos en comportamiento criminal, le van a decir que Los asesinos y violadores en serie de mujeres, no cometen sus delitos por qué una mujer es mujer, sino por una relación de poder. Entonces, parece que en la práctica nadie mata a una mujer por ser mujer. Usted si tiene razón en algo: las activistas no buscan soluciones reales al problema, sino vivir del problema.

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