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¿Correa-Nebot-Iza imponen la muerte cruzada?

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El momento político es quizá más dramático de lo que parece: los mal llamados rebeldes de Pachakutik reivindican una alianza con el correísmo y el nebotismo para conformar una comisión que, en sus expectativas, pondrá fin a la presidencia de Guadalupe Llori en la Asamblea Nacional. Ayer mantuvieron esa decisión tras la reunión del Consejo Político de su movimiento que duró más de ocho horas.

Si esto ocurriera, la situación se tornaría comprometida para el presidente Guillermo Lasso. Las veces que se ha referido al tema, ha dado a entender que consideraría el reemplazo de Llori como la caída de la primera pieza de la reacción en cadena típica del efecto dominó: se va ella. Se disparan los juicios políticos de las autoridades de control y se da prelación al de los cuatro vocales del Cpccs. Se deroga la Ley Tributaria. Se apoderan del Cpccs. Cambian las autoridades de control; el Contralor en primer lugar. Y el presidente incluye en ese revolcón institucional la caída de la Fiscal General de la Nación, de magistrados de la Corte Nacional de Justicia y también de la Corte Constitucional… Todo un programa operado por lo que alguna vez llamó el triunvirato de la conspiración.

El presidente no ha hablado de golpe institucional, pero sí de desestabilización. Se entiende que marcó allí una línea roja que no está dispuesto a dejar cruzar. Por eso su gobierno defiende la permanencia de Guadalupe Llori en la presidencia de la Asamblea: la considera la primera pieza del efecto dominó que quiere provocar el correísmo, el nebotismo y la facción de Pachakutik que obedece a Leonidas Iza. Si ese escenario tomara cuerpo, la respuesta podría ser la muerte cruzada.

Hasta ahora, el presidente ha evocado la muerte cruzada como un mecanismo de defensa ante el bloqueo provocado por la Asamblea Nacional. El efecto dominó que ha puesto sobre la mesa, en algunas entrevistas, cambia por completo su significado. Si la triple alianza -Correa-Nebot-Iza- cuajara su plan en la Asamblea; si los tres pusieran al país en marcha atrás, el dilema presidencial se volvería dramático: asistir, como invitado de piedra, a la toma de las principales instituciones del Estado por parte de grupos cuyas intenciones conoce en detalle. Admitir que su gobierno entraría en estado de hibernación. Aceptar que el país regrese a épocas aciagas que, durante años, inspiraron su anhelo de cambiar las cosas desde Carondelet.

Hasta ahora Lasso ha evocado la muerte cruzada como un espantapájaros que adversarios suyos (Nebot en particular) no cree que decretará. Tampoco ha dicho taxativamente que usará ese mecanismo si el triunvirato conspirador, como él lo llamó, tumba la primera pieza del dominó que está sobre la mesa. ¿Pero qué otra cosa puede hacer si fracasa la estrategia trazada  por el gobierno para evitar ese escenario? Este es el dilema político que, tras bastidores, se juega en este momento.

No se avizora, en efecto, cómo podría el gobierno instalar una cohabitación con un trío contra natura decidido a convertir la Asamblea en un contrapoder que, en los hechos, reduciría el papel del Ejecutivo a simple rehén. Lasso tendría que advertir a los ciudadanos y trasladarles la responsabilidad de lo que suceda en el país. En las urnas, ellos tendrían que sancionar las intenciones del trío conspirador. O acogerlas.

Algunos previenen, desde ahora, que la muerte cruzada nada resuelve. Que implicaría pérdida de tiempo, mayor inestabilidad e incertidumbre. Que sería absurdo decretarla precisamente ahora que hay procesos comerciales en marcha y que la guerra que Rusia declaró a Ucrania tiene graves repercusiones para la economía nacional. Se pueden sumar más factores adversos. Pero ese es el costo que tendría que pagar el país, otra vez, por la irracionalidad del correísmo, de Jaime Nebot en persona y de Leonidas Iza, aliados por razones non sanctas.

Los tres han preparado las piezas del dominó en la Asamblea porque quieren impunidad, poder y negocios y para ello necesitan autoridades de bolsillo. La historia política de este año dirá que el presidente Lasso rompió con ellos y que, por esa razón, se puso en situación de no poder sentarse a contemplar cómo capturan las instituciones para sus fines. A menos que los electores lo permitan.

La muerte cruzada vuelve, entonces, con dramatismo, al escenario político como árbitro de esta contienda.

Foto: Presidencia de la República.

26 Comments

  1. Lo mejor y más simple, sería la disolución de la asamblea, por vía del decreto 148, porque existen las condiciones que son exigidas por la Constitución.
    Lo primero que el gobierno debe hacer es mantener una conversación previa con los miembros de la Corte Constitucional, para saber en qué forma puede esa entidad, apoyar el proyecto del ejecutivo.
    Luego, debe conformar un Comité de Crisis, para elaborar un plan minucioso (dentro de la normativa vigente) que prevea todas las contingencias del nuevo estatus administrativo, incluidos los decretos-ley que deben emitirse en ausencia de la Asamblea.
    Otro aspecto fundamental será declarar la urgencia económica de las finanzas públicas, que impedirían llamar a elecciones durante los siete días posteriores al decreto de disolución.
    Durante el período de emergencia económica, el Presidente podrá dictar todos los decretos-Ley que fueran necesarios para el cumplimiento de sus planes de gobierno.
    El período de emergencia, podría abarcar todo el tiempo necesario, en coincidencia del actual período administrativo.
    Una vez puesto en marcha el país, el gobierno daría paso a nuevas elecciones que incluyan un referendo aprobatorio de las acciones asumidas durante la emergencia.

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