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Glas es la maldita duda del gobierno

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Con Jorge Glas de vuelta a la cárcel se podría pensar que el gobierno cierra su pasivo, en ese tema, con la opinión. Así han procedido algunos electores o fans del presidente, que se mostraron distantes y críticos tras la salida de Jorge Glas de la cárcel. Pero no todas las señales que sembraron la maldita duda, como dirían los poetas, se han desvanecido.

El pasivo arrancó por la penosa actuación del SNAI en la audiencia nocturna de Manglaralto donde el juez Diego Moscoso, sumando ilegalidades e irregularidades, decidió otorgar un habeas corpus a Jorge Glas. La lista de desaguisados es larga. Y dejó muy mal parado al ministro de Gobierno, Francisco Jiménez, que debía responder por la actuación del SNAI y que, lejos de hacerlo, sumó interrogantes al expediente. Sus explicaciones, ante la Comisión de Fiscalización lo mostraron como un político experto en lavarse las manos y lavar la cara de su subordinado que no hizo objeción en una audiencia plagada de irregularidades. Posiblemente con su acuerdo.

El ministro de Gobierno no solo permitió que el SNAI cumpliera al pie de la letra lo dispuesto por el juez Moscoso sino que admitió que se aplicara con una celeridad inaudita. Glas salió mediante un documento que no estaba firmado por el juez ni llegó acompañado con la sentencia. Tampoco aludía a la causa que facultaba a que el ex presidente, con dos sentencias ejecutoriadas y un proceso en marcha, fuera puesto en libertad. Preguntar al juez y retrasar la salida hubiera sido lo correcto. Y como Jiménez no lo hizo, todo el gobierno quedó signado por la maldita duda de que las irregularidades de Manglaralto no eran cosecha solo del juez sino que hacían parte de un acuerdo político. El apoyo dado por el presidente a su ministro y al SNAI, cuyo representante -que se sepa- no fue sancionado, ancló sin remedio la maldita duda.

El retorno de Glas a la cárcel debía poner fin a esa desconfianza. No es el caso. La gran defensa del estado de derecho corrió por cuenta de la Procuraduría del Estado y también de la Fiscalía General de la Nación. El argumento central de la intervención de Íñigo Salvador fue decisivo: el SNAI carece de personería jurídica y la Procuraduría es la que representa y defiende los intereses del Estado. Al no haberla citado a la audiencia, el Estado quedó en indefensión. Conclusión: todo lo actuado en Manglaralto por el juez Moscoso que, además carecía de competencia en este caso, es nulo. De nulidad absoluta.

Dicho por el Procurador, repetido en los medios y proclamado en la Corte Provincial de Santa Elena, ese argumento fue contundente, como se lee en la sentencia, y los tres jueces revocaron el habeas corpus a Jorge Glas. Procuraduría y Fiscalía son organismos fundamentales en el Estado, pero no son el gobierno. Y aunque el presidente Lasso ha insistido en que no meterá la mano a la Justicia -acción que ningún demócrata podría pedirle u exigirle- hay márgenes de intervención, absolutamente lícitas, que su ministro de Gobierno ni siquiera evocó en estas semanas. La maldita duda lo signó y lo sumió en un silencio sepulcral nada aconsejable -y altamente cuestionable- para un cargo como el que ostenta.

Ahora Glas regresó a la cárcel. Pero no regresó “al Centro de Rehabilitación Social Regional Sierra Centro Norte Cotopaxi” como se lee en la segunda disposición de la sentencia de los jueces de la Corte Provincial de Santa Elena. Que, además, dicen, en la disposición quinta, que su expediente debe ser remitido “a la Sala de Sorteos de Latacunga para que un juez de su competencia conozca y resuelva la causa”. Que Glas esté en la Cárcel 4 de Quito es una decisión política. Tomada, según se entiende, “por razones de seguridad”.

El hecho cierto es que Jorge Glas está, en términos legales, en otra competencia territorial que seguramente usará para su defensa. Esa es una ventaja que podría ser interpretada como un trato de excepción. Esos hechos mantienen abierto el capítulo político que atraviesa este caso, nutren la maldita duda y acarrean un alto costo para un gobierno que mantiene a un ministro bajo sospecha en la cartera de la política.

Jiménez prometió trabajar por la estabilidad del Ejecutivo. Pero alquilar la agenda del correísmo lo dejó parado en la vereda de las irregularidades que llevó, gracias a su inacción, a la libertad a Glas. Y, claro, los críticos del gobierno dijeron, no sin razón, que un ministro no actúa sin tener luz verde del presidente. Ese es el costo sin remedio de la maldita duda.

Foto: El Universo.

13 Comments

  1. si, pero da mucho de que desear que a un hombre siendo culpable se le deje salir para luego entrar de nuevo a la cárcel. En mi opinión salió para resolver algunos asuntos pendientes mientras estuvo libre.

  2. Pero no queda duda que políticos esbirros de Glas, que tienen mucho dinero corrupto, pagaron a los presos de la cárcel de Cotopaxi, para que vayan a causar daños y destrozos en el Area Transitoria donde siempre estuvo Glas ¡Que coincidencia! justo el día que Glas iva llegando de regreso. Con esto se justificó que había inseguridad y enseguida lo llevaron a la cárcel 4.

  3. Mucho desconcierto por lo que está ocurriendo. Falta de buenos asesores que permiten que quienes votamos por un cambio y no por el correato, nos sintamos decepcionados. Esperamos, por el bien del país, que se corrijan los errores y se pongan a trabajar y no precisamente en dar ventajas a los corruptos.

  4. No es igual de fácil administrar dinero ajeno,darlo en créditos y ganar dinero. En un banco donde el empleado que no cumple es despedido.

  5. Lamentablemente esa es la foto de nuestro país, la suma de pequeñas inconsistencias sobre la cuáles se tejen las grandes estrategias. Solo falta que de esto se valgan y aparezca Glass como héroe que venció el lawfare que los revolucionarios denuncian. Quién sabe estamos ante la presencia de un mártir de la patria, del pro hombre que aparecerá justo antes de campaña.

  6. Es lamentable la actitud del Presidente, al disponer de un ministro de gobierno, -que fue correísta-, y que en vez de actuar de forma responsable con un proyecto político, del que el país tiene muchas esperanzas, es frustrante. No se puede ser tan inocente o audaz para no reconocer tanta evidencia jurídica y procesal del caso. Tristemente lo arrastra al Presidente, que también no pude ser ciego ante tanta monstruosidad, existe emparejamiento.

  7. Las dudas seguiran, mientras el Presidente Lasso mantenga en su entorno y en los mandos medios a contumaces correistas, que son los que a un año de su gestion presidencial, le siguen socabando y coartan todas las buenas intenciones del presidente, comenzando por el ex-gobernador correista y ahora pomposamente Ministro de Gobierno, ni que decir de ciertos gobernadores como el de Manabi, y asi sucesivamente…………..,el presidente Lasso cogobierna con el enemigo, asi terminara como un gobierno mediocre sin popularidad……….

  8. Ya con el gobierno de Lasso hay que estar en alerta máxima ante las movidas, podría ocurrir otra en cuanto al mismo Glas en el futuro. Como muchos ya lo dijeron, resulta demás de curioso que el chorro vidrio haya terminado en la cárcel 4.

  9. Así es !!!!! maldita duda que nunca debió haberse gestado , si el Ejecutivo impedía se concrete la libertad de Glas , a través de un Habeas Corpus , ilegalmente concedido por un juez venal , que irrespetó hasta la misma Constitución , cuando así procedió . Y no se trata , de ninguna manera , de pedir que el Ejecutivo irrespete a otra Función del Estado ; pero cuando se actúa fraudulentamente , todo ciudadano y más todavía el Presidente o sus colaboradores , tienen la obligación moral y legal , de impedir se cometa tan evidente violación de la ley .

  10. La sospecha y la maldita duda queda en la retina del pueblo ecuatoriano. Como decía Santo Tomas: «hay que ver para creer».Mientras tanto vamos cuesta abajo en lo político, económico y social. Iván Saquicela, presidente de la Corte Nacional de Justicia, lo cogieron en curva y sin frenos. Es vox populi que muchos magistrados tienen su corazón apegado a la revolución del siglo XXl. Ni hablar del ministro Jiménez que es un correísta tapiñado.

  11. En efecto, un ministro no actúa sin tener luz verde del presidente, en especial en un caso tan delicado. Y si lo hace o lo hizo en este caso, se le pide la renuncia inmediata… Esta sería una manera evidente de reducir «la maldita duda».

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