El norte es sur y viceversa en el gobierno

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Lo más inquietante, tras los 18 días de secuestro y terror que vivió parte del país -otra vez-, no es ignorar qué quiere el gobierno. Es conocer las conclusiones que han sacado los principales colaboradores del presidente; incluido el vicepresidente Borrero. Unos han aprendido mucho; otros confiesan que la lección más importante es que “nunca debemos dejar de escuchar”. Unos creen estar en un posgrado de administración pública: otros ya mismo piden al presidente que condecore a Leonidas Iza por haberles destapado los oídos. Si se requería alguna prueba de que este gobierno vive ensimismado y gira sobre sí mismo, pues ahí está.

Lo más inquietante es eso: que las conclusiones del paro sean lo más parecido a buscar la calentura en las sábanas y no en el enfermo. Ahora el gobierno dice que no oyó, como si el mensaje lo hubieran emitido los indígenas. Y no: el gobierno sabía, desde el inicio, que debía, al mismo tiempo, caminar, mascar chicle, oír música y mover el esqueleto. No lo hizo. Porque el presidente, sus ex empleados y miembros de Ecuador Libre que lo rodean, resolvieron que irían por etapas: primero la vacunación, después poner la casa en orden, luego profundizar la reactivación y hacer política social, según explicó el presidente el 24 de mayo en su Discurso a la Nación. Que no hayan presentado ni explicado en qué consistía esa política social antes del paro, es parte del ritmo pausado que caracteriza al gobierno.

Tampoco oyeron cuando muchos inquirieron por proyectos emblemáticos. Porque si bien la lista de necesidades en el país es lo más parecido a una letanía, ninguna sociedad avanza sin ilusiones. Sin saber que puede lograr lo que se propone. Bastaba un ejemplo para que el país se juntara alrededor de un ideal. Y bien hubiera podido ser un proyecto social, como la lucha contra la desnutrición crónica infantil.

Nada propuso el gobierno que hablara al corazón y a la razón de los ecuatorianos, como hizo en su momento el presidente Arias en Costa Rica cuando decidió limpiar el agua en todo el país, informatizar las escuelas o convertir el turismo en una verdadera industria. Aquí el gobierno prefirió anunciar proyectos de esos que no logrará mostrar ni los planos: construir una autopista entre Quito y Guayaquil o un tren multipropósitos entre Durán e Ibarra.

Ni siquiera una excelente iniciativa del presidente Lasso se volvió propósito nacional: reducir al mínimo los procesos burocráticos, fuente de atraso y corrupción. Nadie nombró responsable y la iniciativa fue dejada al garete. François Mitterrand hizo en su gobierno algo parecido. Pero puso la tarea en manos de un superministro que estuvo en funciones un año. Eso tardó en reducir los trámites en la administración.

Así vive el gobierno: no prioriza su acción, no pone metas a ministros y funcionarios y, aunque despliegue su acción en muchas direcciones, no muestra resultados. Lo más insensato es ver al presidente defender a sus ministros cuando afloran críticas que, en vez de ser solventadas rápidamente, se convierten en polémicas con desgaste para la palabra presidencial. Un ejemplo: defender a la ex ministra de salud, esta nueva heroína nacional, cuando era evidente que había desabastecimiento de medicinas en algunos hospitales.

Claro que no oyen y, además, se granjean fama de tozudos. Y es lógico: ¿Quién puede exigir al secretario de la Administración eficiencia, cuando sabe que del cargo se irá cuando se vaya el presidente? ¿Hay mecanismos para disparar alarmas en Carondelet? Si los hay, es claro que el equipo del presidente no procesa los mensajes que recibe de la sociedad: se justifica en vez de evaluar y, si amerita, corregir. Hay ensimismamiento en ese palacio, donde, en vez de resultados o renuncia, sus miembros, con aval presidencial, siguen otorgando y otorgándose una segunda oportunidad. Y hasta más.

Durante mucho tiempo se ha dicho que el problema del Ejecutivo es de comunicación. Lo cual sería cierto si el gobierno produjera pensamiento político. No es el caso. Basta oír las entrevistas de Iván Correa. Y cuando no hay pensamiento político, falta visión y estrategia: hay reacción. Eso justifica los golpes de pecho de aquellos que ahora casi agradecen a Leonidas Iza sus barbaridades, pues les hizo entender, como dijo el vicepresidente, que no deben dejar de escuchar. Eso explica, de paso, por qué, puertas adentro, Francisco Jiménez, ministro de gobierno, en vez de salir muy mal anotado en este paro, termina cayéndose para arriba.

No es el oído lo que más falla en Carondelet: es vivir ensimismado. Y carecer de sentido político.

Foto: Presidencia de la República.

2 Comments

  1. Y claro que no escucha. Crisis de Gabinete ¿Qué crisis de Gabinete?. Reciclar, y convertir a los Funcionarios en «todo terreno», en «todólogos», «talla única acaso es oxigenar, es refrescar el Gabinete. Es más de lo mismo. Y, para prueba lo que sucede en Salud. Quien seguirá mandando en las sombras será la ineficiente señora Garzón. El tal cambio es una tomadura de pelo. El actual Ministro Ruales, era el incondicional y brazo derecho de Garzón. A lo mejor también con antecedentes correístas como Garzón. Ruales será títere de Garzón.A Ruales , se lo ha conocido solamente por lectorcito de estadísticas de Covid. Y nada más. Sabe alguien de sus antecedentes para ser Ministro? Ya que según se ha anunciado ella y algún otro correístas tapiñado como se dice ahora, van a ser «asesores en Salud». Entonces, por favor de qué cambio me hablan. De qué se trata esto. Acaso los correístas lo tienen secuestrado a Lasso?. Saben algo, posiblemente relacionado con los votos en CNE, para hacerlo triunfar en lugar de Pérez, con que lo chantajean. De esto debe saber mucho el Verde luis. No se explica tanto amor por los correístas. O hay algún pacto secreto y Lasso traiciona al pueblo que votó en gran por él por no querer saber nada del correísmo. No se entiende. Igualmente, qué cambio es en MTOP, un señor que de Vivienda, va a Obras Públicas. En la Senecyt, una señora que según se sabe hacía y deshacía todo en esa Institución, y Rivadeneira era un pintado en la pared. Y así, por el estilo, Lasso no quiere o no puede cambiar.O quiere mismo que lo derroquen. Va directo al fracaso con esta gente ineficiente, nula, sin talento, sin ideas claras sobre lo que tienen que hacer. Decepcionante. La Ministra Garzón ( sigue siendo Ministra, Ruales es una pantalla) seguirá mintiendo al país. Y seguirá atada a quien sabe que compromisos políticos y negocios con las medicinas. Pobre país. Y Lasso, o es un hombre sin carácter, sin personalidad propia, que se deja mandar de cuatro vivos correístas o qué mismo pasa. Sigue rodeado de la mismo gente mediocre, y que no tiene idea sobre lo que tienen que hace en su gestión. Nada concreto, solo bla, bla y bla. No convencen,no se los digiere. Son falsos, están simulando saber y que hacen labor , pero engañan al país, y lo engañan a Lasso( o ¿ él está de acuerdo?). Incógnitas graves que deben aclararser a la brevedad posible.

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