Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El gobierno pasa de la escasez a la sequía

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Aparentemente el gobierno definió la ruta política por la que piensa transitar: ir por la consulta popular y retomar el diálogo con una Asamblea Nacional, cuya popularidad, en los sondeos, está por los suelos.

Aparentemente -hay que decir- porque si esa es la estrategia, se ignora de qué diagnóstico arrancó el gobierno, qué objetivos persigue, cómo piensa relacionarlos con las preocupaciones expresadas por los ciudadanos en los sondeos, cómo esto incide en la anomia institucional que se respira, en el vacío de identidad que arrastra el gobierno y en la ausencia de una visión de futuro que tampoco la oposición encarna. A pesar de que esa debería ser una de sus preocupaciones esenciales.

Y si todo eso no está claro, resulta imposible hablar de estrategia. Por eso el gobierno sigue comunicando mal, porque no comunica lo que la gente quiere oír. No se trata de no tener nada qué decir: siempre hay cosas que decir. Se trata de no tener un mensaje inspirador que mueva la opinión y la convierta en protagonista decisiva en medio de esta ola de pesimismo y desesperanza. Un país siempre necesita una ilusión.

La estrategia no es mentir. O negar los problemas. Es trazar la hoja de ruta, concretar objetivos -muy pocos, pero realizables-, unir el país alrededor de ellos, definir tareas, aliados, recursos, concretar un cronograma y evaluar los resultados sobre la línea fijada. Por supuesto que los objetivos y los mecanismos para llevarlos a cabo deben estar acompasados. De eso también depende el nivel de credibilidad de la estrategia, la adhesión de la opinión, la reputación del presidente y la narrativa que ponga el gobierno a circular.

Ese engranaje no se ve. Y su ausencia suscita todo tipo de interrogantes: ¿el gobierno se ha sentado a evaluar la realidad política? ¿Ha decantado los escenarios que tiene a la mano y determinado qué margen de maniobra política podría generar si decidiera hacer política y no plegarse, como lo hace, al bloqueo creado por la oposición?

¿Algo de todo esto, lo tiene escrito y pensado el gobierno de Guillermo Lasso? ¿O actúa por impulsos y estímulos propios de la comunicación verbal que, como se sabe, es efímera, más superficial e imposible de reconstruir con exactitud. No es dable que las decisiones profundas y complejas de Estado arranquen de charlas y no de documentos.

Y hay serios indicios de que muchos de los errores del gobierno, que han embarrado al presidente, se han producido porque la decisión no fue documentada. Ejemplos: perfiles de ministros, investigación sobre el Súper de Bancos, quién es realmente Carola Ríos, directora de Aduanas, o incluso la denuncia, que el presidente retiró, sobre cinco asambleístas de Pachakutik acusados de corrupción.

El anuncio de que esta vez sí irá la consulta popular y que se retoma el diálogo con la Asamblea (aunque el gobierno lo hizo con funcionarios de segunda línea), se inscribe -otra vez- en esa ambivalencia de la cual este gobierno no sale. ¿Qué busca el gobierno -no con el deseo ni el deber ser (dialogar siempre es bueno…)- en ese supuesto diálogo? Se entiende que cuando se hace esa movida, tras todos los fracasos e intentos de sacar a Lasso por parte de la mayoría que hoy manda en la Asamblea, es porque hay objetivamente razones de creer que se llegará a otro puerto. ¿En qué afinca el gobierno esas expectativas?

Lo mismo ocurre con la consulta que será buena porque será buena, según las explicaciones lapidarias que Iván Correa dio el viernes en Teleamazonas. Tan lapidarias que nunca, que se recuerde, Milton Pérez y Liz Valarezo habían coincidido en quedarse mudos al mismo tiempo. Con explicaciones como esas, el gobierno seguramente pasará de la escasez a la sequía. Un hito.

No se sabe qué extraño embeleso mantiene al gobierno encerrado en sus verdades y en sus prácticas. Las cifras de los sondeos (¿cuáles serán los del gobierno que parecen ser tan diferentes?) dicen que el país necesita un golpe de timón y que es el presidente el único que puede darlo. Mientras tanto, el gobierno cree que como están las cosas, deben seguir. Es decir, que mantiene la estrategia actual que, como se dijo, carece de los ingredientes de una estrategia ganadora. Ese descoyuntamiento es el mayor misterio del gobierno de Guillermo Lasso.

Foto: Presidencia de la República. 

5 Comments

  1. El descontento es general este gobierno no tiene un horizonte. Para muestra un botón los jubilados del Magisterio ecuatoriano saldremos a protestar con un CACEROLAZO a nivel nacional ante la falta de atención al pago del incentivo jubilar que por ley nos corresponde. Se a trabajado en mesas técnicas con los respectivos ministerios y hasta la fecha se ha pagado con cuentagotas siendo burlados de una manera miserable. Sinceramente los docentes jubilados esperábamos mucho más de este gobierno de Lasso. ESTAMOS DECEPCIONADOS. Guillermo Lasso es solo para la foto…..

  2. Ni en los peores sueños , los ecuatorianos que votamos por Lasso y fundamentalmente en contra de los ROBOLUCIONARIOS , pudimos imaginar que este Gobierno no iba a tener un claro rumbo para el país . Es que ni proponiéndose , se pueden hacer las cosas tan mal y tan sin sentido . Pensábamos , que una vez puestas en orden las cuentas Fiscales , se daría un formidable impulso a una verdadera estrategia para Gobernar en beneficio de los intereses nacionales , pero desgraciadamente no hay tal y cada vez más , nos hundimos en la total desesperanza !!!!!!!

  3. Lasso no tiene ninguna visión para el Ecuador. No tiene estrategia. No tiene gente capaz a su alrededor. Ni siquiera tiene destrezas gerenciales básicas: establecer metas, formar equipos de trabajo, asignar recursos, delegar, exigir resultados. En otras palabras, Lasso resultó ser un improvisado que llegó a la presidencia porque los demás candidatos eran peores. La mayoría de ecuatorianos ya perdimos la confianza hace fuuuu, incluyendo los que votamos por él.

  4. Bueno, lo que se puede ver es que, como «Gobierno del encuentro», quiere pasar de buenito. No quiere líos con nadie. Tuvo la oportunidad de pedir que se les mande a su casa a los asambleístas que posesionaron al Super cuando no podían hacerlo, y se abstuvo. No quiere broncas. Y por eso el «extraño embeleso» con ese «Equipo de apoyo» que le apoya. «Algunitos» hasta parece que tienen pereza, no solo de cuidar su presencia personal, sino hasta de hablar, lacónicos. ¿Cuáles serán los «sabios consejos» que éstos le dan casa adentro? Muy sabios deben ser, según se ve. De los «chismes» de que ciertos asambleístas piden plata deben ser otros «terceros», a los que no hay cómo mandarles a casa. No sean exigentes. Felizmente, hoy, a nosotros sí nos quedó en claro que «el Presidente piensa en los ciudadanos». ¡Contentémonos!

  5. Ya viene el lobo. Del ‘Déjenlo volver’ al ‘Volveremos’: ¿el correísmo es el nuevo roldosismo en Ecuador? Abdalá Bucaram se comparaba con Jesús y Rafael Correa se presenta como el salvador de la patria en un país que siempre busca un mesías político que lo salve.
    Todavía quedan, en Ecuador, algunos personajes que son bufonescos, que hacen el ridículo, sin estatura moral alguna, personajes que creen que el tiempo no ha transcurrido o que pueden ocupar lugares de autoridad que tal vez no merecen. El retroceso es, en parte, resultado de liderazgos populistas, polarización electoral y extremismo político. Estos factores, aunados al deterioro económico que ha empujado a millones de ecuatorianos a la pobreza. La democracia va en reversa en Ecuador, cuando politicos impresentables intentan meterle la mano a la justicia. La democracia no es un camino fácil, ni predecible, pero es el único camino. La política viene entorpeciendo desde hace mucho tiempo el derecho a tener una vida digna y en libertad. Con todos estos antecedentes, El gobierno de Lasso pasa de la escasez a la sequía.Quién nos salva?

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