Extradición: el punto de inflexión de la Consulta

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Tal y como están las cosas, la pregunta sobre la extradición va camino de convertirse en el gran divisor de aguas de la consulta popular planteada por el presidente de la República. Y no es Guillermo Lasso ni su gobierno los que han creado ese punto de inflexión: lo han hecho Leonidas Iza, el correísmo y su aparato de troles y amplificadores en redes. De un golpe hicieron suya esa causa, como si se estuviera hablando de extraditar a los mejores ecuatorianos. Se están convirtiendo, ya se han convertido en abogados de los narcos, todavía clandestinos en su mayoría en el país.

Por supuesto esta defensa es política y adopta -y adapta- todo tipo de razonamiento jurídico, sin miedo alguno de caer en contradicciones. O recurrir a mentiras, falacias y verdades a medias. En todos los casos, la extradición aparece como una medida que se toma para paliar una deficiencia o una incapacidad. Convertirla, por ejemplo, en prueba fehaciente de un Estado que cede soberanía (¡por deshacerse de criminales!) o incapaz de resolver sus problemas. Convertirla en la demostración paladina de la quiebra de la Justicia, de la inexistencia de jueces probos, de la ineptitud del aparato policial o de la bancarrota del aparato de rehabilitación carcelario… Todo eso se está diciendo.

Y, claro, también se dice -porque ese es el discurso garantista que el correísmo recita de memoria- que habría regresión de derechos. Como si solo los delincuentes tuvieran derechos y el Estado no tuviera potestad alguna para proteger los derechos de la mayoría de ciudadanos. Como si la extradición solo pudiera ser analizada a la luz del ejercicio de un derecho y no de lo que es por ahora: una prohibición. Y como si ser juzgado por un juez nacional fuera un derecho fundamental de la persona humana cuando, precisamente, un extranjero no puede serlo por los mismos delitos y puede ser extraditado.

Es inverosímil que un debate de estas características pretenda ser ventilado llevándolo al terreno de la ortodoxia jurídica, totalmente desvinculada de las realidades que lo suscitan. Un extraditable es un cuadro siniestro. Según las circunstancias es un individuo líder de una organización que genera una estela de crímenes y delitos que afectan a varios países. A menudo esas organizaciones tienen aliados internacionales y un poder que, en casos, puede desbordar el de los estados donde operan. ¿Qué produjo la extradición? Precisamente la capacidad del narcotráfico y otras mafias  para corromper o extorsionar, amenazar y asesinar a todos aquellos que -de una u otra forma- se resisten a plegar a su violencia desquiciada y las combaten.

Esta figura no puede ser analizada por fuera de ese contexto. Y debe ser pensada en función del efecto que provoca en el clima de terror que producen los narcos y que Ecuador (a pesar de lo que ha padecido) aún no imagina completamente. La situación es categórica: ante lo que pasa, ante lo que seguramente se agravará, la extradición es un arma de defensa del país. Arma preventiva, entonces, y arma disuasiva. Y la prueba es la movilización del correísmo y de Iza para desprestigiar esa pregunta, como si se tratara de retener en el territorio a los mejores cerebros del país.

La Corte Constitucional no encara aquí un mero texto: se trata de dotar al Estado ecuatoriano de un instrumento disuasorio en una guerra desigual contra organizaciones productoras de dinámicas pasmosamente destructivas. Es un arma que está lejos de ser terminante y eso, lejos de ser un reparo, muestra por qué es mejor tenerla a no tenerla: ayuda para disuadir o para negociar condiciones de rendición, como la está usando Gustavo Petro, presidente de Colombia, si se cree en su palabra.

En este asunto no están de por medio personas honorables. No hay cómo defender esa causa -como lo hacen el correísmo y Leonidas Iza- refugiándose tras banderas principistas o nacionalistas. Al hacerlo, están llevando la consulta popular a un dilema político con connotaciones éticas: a favor o en contra de los narcos. A favor o en contra de la corrupción y el terror.

Foto: diario El Colombiano/Alias Otoniel, jefe del Clan del Golfo, narcotraficante extraditado a EEUU. 

11 Comments

  1. Es potestad de los estados utilizar esta herramienta jurídica para proteger a la ciudadanía de aquellos delincuentes transnacionales que atreves de sus acciones causan daño directo e indirecto a la ciudadanía, NO se trata de regresión de derechos, sino castigar aquellos que cometen delitos de lesa humanidad y que actualmente disfrutan de impunidad con el auspicio de algunos partidos políticos y el beneplácito de jueces y fiscales corruptos.

  2. De pronto, convertidos en defensores de los derechos humanos. Se acordaron de la pérdida de soberanía y de la regresión de derechos de los ciudadanos «honrados». Se olvidaron de los asentamientos en territorio ecuatoriano de la guerrilla colombiana o de los presos por aplaudir o de los acusados de magnicidio en el sainete del 30-S, o de los saraguros por protestar o de la repatriación de humillación de Galo Lara o del secuestro de Balda en Colombia, etc. Y en el caso del otro defensor de derechos humanos que sitió las ciudades para que no pase ni alimentos, ni ambulancias, «que si tienen que morirse que se mueran para que vean quienes mandan…» o envenenan el agua potable de Ambato o meten garrote a los trabajadores de las florícolas y destruyeron pequeños negocios, etc. Estos manes, de instintos inhumanos, defienden sus negocios, no a los humanos. Y si tienen seguidores, «no hay más ciego que el que no quiere ver»…o está en el negocio. ¡Fijo!

  3. ¿Y la Conaie? Bien gracias, han dejado que Iza destruya al movimiento indígena convirtiéndolos en esbirros del correísmo, ¿o será que ya llegaron a un acuerdo entre privados? (privados de toda ética y honestidad) para robar bien y otras cosas inconfesables, si Iza ya es el lamebotas más fiel del prófugo ratero, la Conaie ya parece su brazo armado y carne de cañón a órdenes del odiador del ático. Para los honestos y decentes no hay tal dilema, son los que quieren traicionar al país y entregarlo al narcotráfico los que deben responder, dar la cara y hacerse cargo, ¿el país o el narcorreísmo?

  4. Quienes están en contra de la extradición de narcos nos están diciendo claramente de que lado están, no del lado del país obviamente, ni de la paz ni la seguridad. Con esto ya podemos ubicar definitivamente a estos siniestros personajes (correísmo y su títere Iza, PSC y otros indeseables) en el salón de la infamia y echarlos al basurero de la historia para siempre, es lo que se merecen.
    Hagamos cuentas de todas las que nos han hecho ya: apoyaron el vandalismo y la destrucción de Octubre 2019 y Junio 2022, amnistiaron a todos los violentos y terroristas de esas intentonas golpistas, no proponen nada constructivo, complotan y pactan para tomarse la justicia y destruir las instituciones, se oponen y sabotean todo, nos niegan el progreso y desarrollo. Están abiertamente en contra del pueblo ecuatoriano y eso debe tener consecuencias, si hay alguien a quien deberíamos castigar en las urnas es a esa tríada del mal conformada por el correísmo, PSC y Pachakutik. El que esté en contra de la extradición de narcos, está en contra del país, punto.

  5. Su ultimo parrafo lo dice todo Jose. Se trata de estar a favor de los narcos o en contra. El terrorista Iza y los corruptos del correismo estan a favor de los narcos, puesto que ellos financian sus huelgas, protestas y sus campanas politicas. El gobierno y el pueblo esta en contra de los narcos y su siembra de terror y violencia.

  6. Por qué está prohibida la extradición en el Ecuador? Porque eso dice el Mamotreto de Montecristi.

    Pero la extradición es un asunto insignificante, frente a los innumerables absurdos contenidos en los 400+ artículos: ciudadanía universal, estado de derechos, estado plurinacional, justicia indígena, educación superior universal gratuita, estructura del Estado, etc etc etc.

    Por qué se enfoca Lasso en un asunto superficial (extradición) en lugar de los temas de fondo?

    Simple: para congraciarse con los gringos. Lasso hace lo que le ordenan desde Washington.

  7. ¿Quiénes se oponen a la extradición? fácil de deducir:
    Asambleístas corruptos que están ligados al narcotráfico.
    Iza y sus secuaces con ínfulas de elegidos por el Dios Inti para gobernar el país y así dejar que Ecuador se hunda más en las garras del narcotráfico.
    Alibaba Correa y sus lobos disfrazados de borregos colegas del narcotráfico, las mafias de México, Colombia y las existentes en Europa.
    Los delincuentes enquistados en el gobierno actual y que se están enriqueciendo a base del sufrimiento y muerte de los más humildes, con los negociados de las medicinas, los hospitales, etc. etc. Actos estos considerado un crimen en otros países.
    Y así, un sin número más de delincuentes y criminales que están en el Ecuador huyendo de la justicia de sus países de origen pero que acá encuentran el camino fácil para vivir a sus anchas.

  8. Los narcos prefieren una tumba o una cárcel en Ecuador, antes que una prisión de los gringos. Estamos observando como un centro de formación de la policía es un centro de corrupción o un burdel, donde se embriagan y hasta desaparecen personas como arte de magia.

  9. Los extraditables tendrían al gobierno de Lasso, especialmente al ministro Carrillo, para salir a defender sus derechos. De modo que ¿para qué tomarse la molestia de ir a votar ‘SI’ por la extradición de estos criminales? Trafican a la vista de fiscales, jueces y policías, acaban con vidas, destrozan el futuro de niños y jóvenes, destruyen la salud mental de sus víctimas, compran jueces, coiman a políticos. «Así es el juego de la democracia», dirá aquél ministro. Lo mismo afirman en las facultades de la Universidad y hasta en los Colegios: nadie tiene obligaciones, puesto que según la doctrina «social» de la Iglesia, sin que importe la gravedad del daño, todos tienen derecho a EQUIVOCARSE. No te mencionan el «cielo», pero te dicen exactamente que los delitos se perdonan no más según el interés de la sociedad. Lo mismo repiten, sin acudir directamente a este bulo Jesuítico, los abogados que viven y COBRAN por traernos a la memoria los tratados internacionales a los que Ecuador, ahora dicen, se metió a firmar «solito». ¿Seguro que fuimos nosotros quienes nos metimos a firmar semejantes absurdos? No, fueron nuestros políticos y el buen hacer de los Medios que felicitaron estos eventos. Fueron nuestros académicos, que enseñan aquellas barbaridades disfrazadas de santidad en la Universidad nacional, se declaren instituciones ateas o laicas, todas ellas enseñan eso mismo. Ahora nadie toca un pelo a la criminalidad. Ahí tienen sus tratados, su doctrina «social» y sus derechos.

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