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El secreto letal de la política nacional

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¿Cuántos años lleva la sociedad política sin contar en sus rangos actores de renovación? Las soluciones que busca el país pasan por la política y la política no es lo que el país está viendo: una mera suma de votos en la Asamblea y conciliábulos mezquinos para poner de rodillas al gobierno de turno a cambio de espacios de poder y corrupción. O abiertamente para botarlo.

La política, la buena política, necesita confrontación de ideas, proyectos de políticas públicas y soluciones posibles a los problemas de los ciudadanos. Esos son los antídotos para la inercia, el bloqueo y la anomia institucional. Su formulación y procesamiento requiere, naturalmente, estructuras políticas con aliento para convocar y crear masa crítica a favor de esas tesis y, por supuesto, protagonistas políticos que osen pensar por fuera del statu quo que es la condición del retraso y la corrupción en Ecuador.

Sin partidos, sin alianzas programáticas para resolver -no para diagnosticar- lo fundamental, el país siempre está listo a premiar outsiders, pensando erróneamente que el juego cambia si se cambia al inquilino de Carondelet. El presidente Lasso está pagando ese precio. Y, como otros gobiernos, ha operado un canje que nunca estuvo en el ideario de su partido ni en su programa de gobierno: emplear tiempo y esfuerzos en sobrevivir y capotear las intentonas golpistas, cuando su expectativa era destrabar el país y ponerlo a producir restaurando el tejido social. 

Los partidos que en su momento fueron alternativas, hoy son apóstoles del statu quo (el socialcristianismo), perdieron su halo renovador y son profundamente reaccionarios (Correísmo, Pachakutik), atraviesan crisis existenciales (la Izquierda Democrática) o sencillamente colapsaron (Ruptura de los 25) que mutó en Construye y se hundió sin remedio en la última elección. 

La Conaie fue el referente de los movimientos sociales (y políticos de la mal llama izquierda) en vísperas de siglo. Hoy es el vehículo político de Leonidas Iza; un líder que preconiza un salto radical hacia el pasado. CREO no sobrevivirá a la intención que lo fundó: llevar a la presidencia a Guillermo Lasso.

Lo que ocurre con los partidos es la perfecta radiografía de lo que pasa con los actores políticos. El PSC ha girado alrededor de Febres Cordero y Jaime Nebot; dos líderes cuyo destino fue eternizarse sin dar paso a nuevas figuras y nuevas ideas. Es un partido congelado en el tiempo y condenado a usar la política para perpetuar espacios de poder e intereses non sanctos.

El correísmo responde exactamente a la misma dinámica caudillista. Rafael Correa usó el movimiento y a sus aliados para trepar al poder y atornillarse en él. Y ahora, en medio de un colapso político y ético, lo usa para ventilar sus problemas con la Justicia.

La Izquierda Democrática, a pesar de las apariencias, no sobrevivió a Rodrigo Borja, su fundador. Nunca actualizó su ideario socialdemócrata y hoy, sin derrotero ideológico, enfrenta una fragmentación cierta y la carencia de liderazgos reconocidos.

Se dirá que hay figuras. Ciertamente. Muchas de ellas acarician, incluso, intenciones presidenciales: Otto Sonnenholzner, Fernando Villavicencio, Xavier Hervas, Yaku Pérez, María Paula Romo, Andrés Arauz, Carlos Rabascall, Cristina Reyes… Algunos se apuntan a esa dignidad sin haberse medido electoralmente a cargos de representación popular que prueben que tienen el calado social suficiente.

Y, luego, y en todos los casos, vuelven las mismas preguntas que provienen del actual desasosiego. ¿Quiénes de ellos son realmente renovadores? ¿Qué proponen? ¿Qué equipos tienen? ¿Qué capacidad de convocatoria alcanzan? ¿Qué estructura tienen? ¿Cuándo anclarán sus aspiraciones a sus propuestas y no a su capacidad de demolición de los gobiernos de turno? ¿Cómo piensan confrontar -cuando no las representan- las mafias políticas adictas a suma cero en el país?

Así, si los apóstoles del statu quo comparten dinámicas a su favor, hacen lo mismo los supuestos renovadores, pero en su detrimento. No aprenden de los antecesores ni tienen en cuenta que no basta ganar, porque lo trascendente -lo único trascendente- es mover el país hacia mejores circunstancias y oportunidades.

Esos modelos se reproducen, en forma idéntica, a escala municipal y provincial y son compartidos por todas las fuerzas políticas. La causa es la misma: los políticos, en general, no piensan la política y menos el país. Se inspiran en lo déjà vu y  rehúyen las ideas nuevas. Ni leen ni debaten. Tampoco creen necesario articular políticas públicas. 

Los partidos mafiosos ya tienen rodado el guion. Los aspirantes a llegar al poder imitan sus fórmulas creyendo que podrán variar los resultados. Fingen ignorar que si ganan en esas circunstancias, el rol atribuido es el mismo y es letal: ser rehenes del statu quo. O perecer.

Foto: Fotomontaje 4P.

Este análisis se publicó anoche, 8 de enero, en el Boletín dominical de 4P. Si desea recibirlo, suscríbase por favor gratuitamente aquí: GPS4P.

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