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El Padrino y el honor del periodismo

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La presentación que La Posta ha hecho, y que ha sido ilustrada con un organigrama de una supuesta organización delincuencial, en cuya cúspide aparece el presidente Lasso, tiene enormes implicaciones para la vida pública. Y, por supuesto, para el periodismo. Por eso es importante diseccionar las piezas que están sobre la mesa del debate público sin tragárselas enteras. Y analizar los contenidos de la supuesta denuncia y sus consecuencias.

  1. La Posta hizo una denuncia que cabe dividir en dos partes. La primera: un entramado de corrupción en el sector eléctrico. La segunda: funcionarios dirigidos por un asesor de Danilo Carrera (Rubén Cherrez) que es el cuñado del presidente. Y el presidente mismo, acusado de saber lo que allí ocurría. Un presidente acusado de dejar robar.
  2. En el primer caso, ese medio ha publicado algunos documentos que involucran a personas sin mayor calado público. Es decir, corrupción sí hubo y cabe denunciarla. Pero el problema que interesa la institucionalidad del país se plantea, con particular dramatismo, está en otro plano: ¿quiénes sabían? ¿Quiénes operaron? ¿Quiénes encubrieron? ¿Quiénes se beneficiaron? ¿De cuánto?
  3. Aquí están los vacíos de la supuesta investigación que reposa, por ahora, en un testimonio de un delincuente (igual es un testimonio) y en algunos documentos menores. El reto periodístico mayor es probar la conexión entre Danilo Carrera y Rubén Chérrez que, según lo dicho, instruía a Hernán Luque, ex presidente del directorio de la Empresa Coordinadora de Empresas Públicas. Y por supuesto probar que el presidente sabía lo que allí hacía su cuñado.
  4. Ayer en la Asamblea Nacional Andersson Boscán dijo que, por ahora, no se podía probar la conexión, en este tema, del presidente Lasso. Entonces, ¿por qué aparece en el organigrama? Y en su programa matinal, convirtió la conexión de Carrera con Chérrez en una adivinanza, planteada en estos términos: ¿se podrá probar esa conexión? ¿Lo hará la prensa o la Fiscalía?
  5. El lunes, La Posta puso a circular un organigrama. Estableció conclusiones de una supuesta investigación que habría durado seis meses. El martes, aún no había pruebas de esas aseveraciones y Lasso salió del organigrama, aunque no lo retiraron. Y las conclusiones mayores mutaron en preguntas hechas a la audiencia, cuando es el medio que hace la denuncia el que tiene que suministrar las respuestas.
  6. Las consecuencias políticas de esta supuesta investigación ya se han producido: un escándalo por ahora con pies de barro. La Fiscalía entró en el baile y el correísmo y la Asamblea politizaron el tema. El Gobierno reaccionó empujado por la opinión. Habrá que ver lo que dijo el presidente Lasso a Juan Carlos Calderón en una entrevista que difundirá hoy Radio Sucesos a las 18:00.
  7. El periodismo, entretanto, sale (hasta ahora) muy mal parado. Nadie reprochará a La Posta indagar en las costuras del gobierno de Lasso. La prensa debe hacerlo siempre y con cualquier gobierno. Pero el trabajo periodístico tiene sus servidumbres, sus códigos, su deontología. Y no cumplirlos es volverlo activismo o ponerlo al servicio (aún sin querer) de otros intereses. Se suicidan los mensajeros y se mata el oficio.
  8. No se puede concluir sin poner las pruebas sobre la mesa. No se puede volver una investigación un culebrón por capítulos. No se puede poner a adivinar a las audiencias. No se puede convertir la esfera pública en un espacio de fe: aquellos que creen a un periodista y aquellos que no. En periodismo hay que poner los hechos por delante. Y las conclusiones deben acompañar las pruebas.
  9. Este caso reitera una aberración que ya parece práctica en el periodismo de investigación en el país: ver periodistas en las comisiones de la Asamblea o en la Fiscalía General del Estado entregando carpetas. ¿Acaso los periodistas no hablan -para parodiar a los jueces- solamente en sus escritos? ¿Y no responden solamente por lo publicado que, a su vez, debe sostenerse por sí mismo? En una investigación, suele haber mucho material en una redacción, pero solo existe aquello que se publica. Y el medio o el periodista sólo responden por eso. ¿A qué van, entonces, a la Asamblea y a la Fiscalía los periodistas? De dos una: ¿van para legitimar (supuestamente) lo que publican? Es un desatino conceptual y ético. ¿O van para ser usados en alguna causa (no importa cuál) por fuerzas que no dan la cara? En cualquier caso, el periodismo cambia de estatus. Es decir, deja de ser periodismo.
  10. El poder político, y con nombre propio el correísmo, trató de destruir el periodismo en el país. No lo logró, pero este oficio sigue convaleciente. Hay que cuidarlo, como se debe cuidar la frágil institucionalidad del país. Por supuesto, no hay tema ni personaje intocable, a condición de que el oficio se ejerza respetando una regla de oro: el periodista debe publicar todo aquello que conoce, si logra probarlo.
    La Posta se ha puesto en una grave disyuntiva periodística: si prueba lo que anunció el lunes (hasta ahora no lo hace), el presidente tendrá que renunciar. ¿Y si no lo prueba?

    Foto: Asamblea Nacional.

5 Comments

  1. Es público y notorio que La Posta ha bajado sus ratings. Cada vez son menos los que apoyan a este portal. Error tras error desde que ganaron el Guiness record por haber entrenado un programa en la TV publica que fue debut y despedida. Solo duró un episodio, nada más, y fue por sus propios errores.

  2. Los medios de diferentes clases sufren una crisis nunca antes vista. Una persona con un canal de You tube es capaz de llegar a un número mayor de personas que un reportaje riguroso publicado en un periódico independiente y con un sentido social más amplio. Debido a lo anterior, los medios que se encuentran en crisis han entrado al juego. La herramienta para garantizar la lectura son los titulares atractivos. Titulares que siempre están permeados por el amarillismo debido a esta necesidad de ser lo más atractivos para los lectores sin importar las barreras de desinformación o post-verdad que se puedan cruzar. En el caso del “gran padrino” El gobierno de Don Guillermo tiene la imperiosa obligación de aclarar el entuerto y no a salir a santificar a sus colaboradores a si sea su cuñado. Primero el pueblo ecuatoriano y luego sus amigos.

  3. Es una lastima cuando el periodismo se vuelve amarillista. La forma de presentar las denuncias de corrupcion no es la mas adecuada. Provoca sospechas y perdida de credibilidad. Parece que se busca notoriedad, rating, ingresos, en ultima instancia, fama y poder. Se reconoce el valor de destapar las cloacas que involucran a presuntos delincuentes y caciques. Pero mas profesionalismo por favor.

  4. Aparentemente 4 pelagatos son implicados de ser “desvergonzados periodistas del Gobierno” según un tweet posteado por Vivanco el día de hoy. Una acusación que le causaría un aneurisma por ignorancia ajena a cualquier seguidor de este portal. Que delirio de estos chicos que empiezan a atacar a colegas con semejantes acusaciones con tal de no admitir la posibilidad de haber cometido errores.

  5. Boscán sirve a quienes están amedrentados por la consulta; es decir principalmente narcocorreiusmo/psc, y estos pagan muy bien.

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